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Icíar, hija de Emilio Aragón: «Cerré mi agencia de comunicación porque el cuerpo me dijo 'basta'; estaba en una rueda y no sabía cómo salir»

La hija del empresario madrileño creó, hace años, Crepes & Texas, junto a su marido, Hugo, y una socia

Icíar, hija de Emilio Aragón: «Cerré mi agencia de comunicación porque el cuerpo me dijo ‘basta’; estaba en una rueda y no sabía cómo salir»

Icíar Aragón y su hermana. | EP

La familia Aragón siempre ha tenido ese gusanillo de emprender. Es por eso que Emilio —el patriarca— creó su propia productora, Globomedia. Un tiempo más tarde, su hija Icíar también tomó la decisión de abrir su propio negocio y lo hizo con una agencia de Comunicación en la que emprendió junto a una amiga y su marido, Hugo. Al tiempo, Icíar decidió dejar este emprendimiento de lado porque el cuerpo le dijo «basta». «Estaba en una rueda de hámster de la que no sabía cómo salir», ha confesado. A partir de ese momento, Icíar vivió un momento de parón laboral que le llegó a afectar mucho durante la pandemia. Aunque eso sí, pronto encontró en qué emplear su tiempo; la panadería Madreamiga, a la que ha dado un giro de 180 grados en los últimos tiempos.

Icíar Aragón nació en Madrid a mediados de los años 80. A pesar de llevar un apellido que pesa mucho en la industria del entretenimiento, Icíar ha decidido desmarcarse por completo del mundo de los focos y la televisión para construir una exitosa y muy sólida carrera como empresaria, especialista en marketing e influencer de estilo de vida.

La empresa de comunicación que creó Icíar, la hija de Emilio Aragón

Icíar Aragón, en una imagen de archivo. | Gtres

Icíar se crió en un ambiente profundamente creativo. Estudió en el prestigioso colegio británico St. Anne’s de Madrid, se licenció en Publicidad y Relaciones Públicas en ESIC y completó su formación con un máster de Bellas Artes en Nueva York. A su regreso a España, empezó a trabajar en la reconocida agencia de publicidad Sra. Rushmore. Posteriormente, buscando una mayor libertad creativa y queriendo «hacer las cosas a su manera», fundó junto a su marido la agencia de comunicación y branding Crepes & Texas, la cual lideró durante una década.

El gran punto de inflexión en su carrera llegó en septiembre de 2020. Saturada del ritmo frenético de las agencias de publicidad y del entorno digital, Icíar buscaba un proyecto «tangible, con alma y que oliera a la cocina de la abuela». Fue entonces cuando se unió a la panadera artesanal Begoña San Pedro para cofundar y relanzar Madreamiga, una panadería y pastelería artesana que se ha convertido en un auténtico fenómeno en Madrid. Como directora de comunicación y marketing, Icíar aplicó toda su experiencia de branding; expandió la marca abriendo varios locales en las zonas más cotizadas de la capital, digitalizó el negocio, montó un obrador a gran escala y consiguió que su roscón de reyes sea considerado año tras año uno de los mejores de toda la Comunidad de Madrid.

«Cerré mi agencia de comunicación porque el cuerpo me dijo ‘basta’»

A la par que crecían sus negocios, Icíar ha consolidado una comunidad de cerca de 100.000 seguidores en Instagram. Su perfil destaca por alejarse del postureo idílico habitual de las influencers. a hablado de forma totalmente abierta y valiente sobre la profunda depresión que sufrió en 2021 a causa de la autoexigencia, el estrés empresarial y la conciliación, convirtiéndose en un altavoz de la salud mental. Lleva más de diez años casada con el también exitoso empresario Hugo Rodríguez de Prada —cofundador de la conocida cadena de pizzerías Grosso Napoletano—. Juntos forman un tándem perfecto en lo personal y en lo profesional —ambos se apoyan en sus respectivas estrategias de expansión hostelera— y son padres de cuatro hijos.

Inquieta por naturaleza, no se ha quedado solo en el sector del pan: recientemente ha expandido sus horizontes empresariales cofundando también Löoz, su propia firma de cosmética y skincare. Icíar Aragón representa a la perfección a una nueva generación de la familia Aragón que, manteniendo la discreción y la educación de perfil bajo que siempre ha caracterizado a sus padres, ha sabido redefinir el éxito familiar bajo sus propias reglas.

Crepes nació en 2011 de la mano de Icíar Aragón y su marido, Hugo Rodríguez de Prada. En una época en la que las grandes agencias tradicionales de publicidad estaban muy encasilladas, ellos montaron una estructura más pequeña, ágil y boutique. Querían ofrecer un trato hiperpersonalizado a los clientes, mezclando la estrategia de marketing pura con un diseño visual muy potente, joven y rompedor. Hacían prácticamente de todo para construir la identidad de una marca. Crearon logotipos, manuales de marca y la estética en general de la empresa.

Se especializaron mucho en proyectos que contaran historias emocionantes lo que se conoce como storytelling—. Uno de sus trabajos más sonados, de hecho, lo hicieron mano a mano con el propio Emilio Aragón; una emotiva campaña de sensibilización para la Fundación Mehuer y FEDER sobre las enfermedades raras, titulada Playa y montaña. Quienes la conocieron por dentro o trabajaron con ellos destacaban que era una agencia donde se respiraba un aire muy familiar y un ritmo frenético pero muy creativo. No era la típica oficina gris de ejecutivos con corbata, sino un espacio donde se fomentaba mucho la lluvia de ideas constante y la libertad de proponer locuras visuales.

La agencia funcionó con éxito durante una década entera, pero precisamente ese volumen de trabajo, la necesidad de estar innovando 24/7 para clientes externos y la gestión de un negocio propio digital acabaron quemando a Icíar. Fue la antesala de su crisis de salud mental que ella misma ha visibilizado.

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