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Hugo Silvia, sobre la paternidad: «Ser padre y la culpa van de la mano; resulta complicado perdonarte a ti mismo los errores»

El actor ha hablado, en contadas ocasiones, sobre sus mellizos, Darío y Diego, quienes ya han cumplido los 10 años

Hugo Silvia, sobre la paternidad: «Ser padre y la culpa van de la mano; resulta complicado perdonarte a ti mismo los errores»

Hugo Silva, en una imagen de archivo. | Gtres

Hugo Silva fue padre hace más de una década. En su momento, la noticia llamó especialmente la atención, sobre todo porque, por aquel entonces, no se conocía que el actor tuviera algún tipo de relación. Con el paso del tiempo, Silva no ha desvelado quién es la madre de estos dos mellizos y mucho se ha hablado en los medios de comunicación sobre esta comentada maternidad; de la gestación subrogada hasta la inseminación artificial de una amiga de su barrio de toda la vida. Varias posibilidades que Silva no ha confirmado ni desmentido nunca, mostrándose de lo más hermético en este tema. Aunque eso sí, en las ocasiones en las que ha hablado con la prensa, el actor sí que se ha pronunciado sobre la educación que le ha dado a sus pequeños.

«Al final hay un modelo que te inculcan para enfrentarte a la vida y es un modelo muy duro, de intentar que no aflore tu sensibilidad y de endurecerte […] para que la dureza de la vida no te haga daño: es una idea muy equivocada», confesó a Europa Press. Además, también quiso hacer un pequeño homenaje a su propio padre. «Él era una persona muy sensible, muy cariñosa, pero que tenía miedo a demostrar esa sensibilidad», contó el actor.

Hugo Silva y la paternidad

En el programa de radio esCine, en Libertad Digital, Silva habló sobre le instinto de sobreprotección equivocado de los padres. «Cuando tienes miedo de que le pueda pasar algo a tu niño o de que pueda ser débil, pues muchas veces el reflejo y la inercia es como apretar para que aprenda lo dura que es la vida», ha resaltado. Y es que, tal y como él mismo ha admitido, la paternidad y la culpa «van de la mano». «Resulta complicado perdonarte a ti mismo los errores que has tenido como padre, pero se ha de tener muy en cuenta que nadie sabe ser padre, es algo que se aprende por el camino», apostilló.

Sobre cuál es la máxima que le inculca a Darío y a Diego, el propio actor apunta a que quiere que sus hijos encuentren «una pasión en la vida». «Después, apoyo incondicional sin juicios para que no tengan miedo ni vergüenza a contarme nada. La vida no deja de ser una búsqueda», añadió. Y es que sus dos pequeños saben perfectamente quién es. «Me da igual que sean actores, lo que quiero es que sean felices y que tengan las mayores herramientas posibles para serlo», contó.

«Resulta complicado perdonarte a ti mismo los errores que has tenido como padre»

Detrás del eterno aspecto de rebelde con encanto de Hugo Silva (nacido en Madrid en 1977), se esconde la historia de un chico de barrio obrero que nunca planeó ser el mayor fenómeno fan del país, y que ha sabido madurar hasta convertirse en uno de los actores más respetados, versátiles y estables del cine español. Hugo creció en el distrito madrileño de San Blas, un barrio humilde del que siempre habla con orgullo y que marcó su carácter llano. De joven no tenía el foco puesto en la actuación: estudió formación profesional y empezó a trabajar como electricista.

Sin embargo, el arte llamaba a su puerta. Su primera gran pasión fue la música; fue el cantante y guitarrista de un grupo de música heavy llamado Inmune, pero poco a poco el gusanillo de la interpretación ganó terreno, lo que le llevó a dejar las herramientas para estudiar en la prestigiosa Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD). Tras dar sus primeros pasos en la mítica serie juvenil Al salir de clase, en 2005 le llegó el papel que cambió su vida para siempre: el policía Lucas Fernández en Los hombres de Paco (Antena 3). Su historia de amor en la ficción con Sara (Michelle Jenner) paralizó el país. Hugo se convirtió de la noche a la mañana en el mayor sex symbol de España. Había carpetas con su foto en todos los institutos y la persecución de los paparazzi era asfixiante. El propio actor ha reconocido que aquella época fue muy abrumadora y que tuvo que gestionar con mucha terapia y los pies en el suelo un éxito tan repentino para que no se le subiera a la cabeza.

Para no quedarse encasillado en el papel de guapo oficial, Silva tomó decisiones valientes y apostó por el cine independiente, el teatro y personajes más oscuros o cómicos. Demostró su enorme visibilidad y talento en el cine de la mano de directores como Álex de la Iglesia —como Las brujas de Zugarramurdi o Mi gran noche—. El aplauso unánime de la crítica le volvió a llegar en la televisión gracias a su papel de Pacino en la aclamada serie El ministerio del tiempo, donde conquistó al público mezclando a la perfección la comedia, el descaro ochentero y el drama.

Si algo define la vida privada de Hugo Silva es la palabra discreción. El actor ha conseguido el difícil logro de ser una estrella de primera línea manteniendo su intimidad bajo un búnker absoluto. En 2010 nacieron sus hijos, Darío y Diego. Fiel a su filosofía de protegerlos, el público no supo de su existencia hasta que los niños cumplieron tres años. Los ha criado en un ambiente totalmente normalizado y alejado de las cámaras. Adora el surf y el mar. Siempre que sus rodajes se lo permiten, escapa de Madrid para instalarse en las playas de Cádiz —la zona de Tarifa y Caños de Meca es su refugio favorito—, donde practica un estilo de vida que él mismo define como «chancleteo»; ropa cómoda, tranquilidad, amigos de siempre y cero postureo.

Hugo se encuentra en una etapa espléndida. Viene de saborear grandes éxitos como la nominación al Premio Goya por su papel en la película Un amor —de Isabel Coixet—, y en cartelera destaca su papel protagonista en el drama Un hijo, donde interpreta a un padre rígido y complejo. Con la madurez de los años, Hugo Silva ha demostrado que aquel electricista de San Blas llegó a la interpretación no para buscar la fama, sino para quedarse como uno de los artesanos indispensables de nuestra pantalla.

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