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Elecciones en Venezuela: cómo despertar del sueño

«Durante sus 30 años en el centro, el chavismo forjó un refinado sistema electoral hecho a la imagen y semejanza de este régimen»

Elecciones en Venezuela: cómo despertar del sueño

Imagen generada por la IA.

El llamado a unas elecciones libres, democráticas, creíbles, verificables y transparentes como fórmula para superar la larga crisis política venezolana no es nuevo, pero por estos días comienza a recobrar fuerza dentro y fuera del país. La persistente oposición venezolana, desde sus líderes más notables hasta millones de anónimos electores, comienza a darle caña a esta idea elemental en el mundo democrático, pero que en Venezuela es apenas un sueño, porque todavía no hay condiciones materiales para que ocurra.

Ni siquiera hay una hoja de ruta ni plazos o fechas para iniciar reformas que llevarían a unas elecciones libres, lo que hace temer que el chavismo, vestido ahora por Washington, tenderá a aferrarse al poder. Durante sus 30 años en el centro de la escena venezolana, el chavismo forjó un refinado sistema electoral hecho a la imagen y semejanza de este régimen de gobierno «popular, militar y policial».

Así, hizo de las muchas elecciones un mero trámite plebiscitario para el control político y social, con una premisa básica: el ciudadano vota, pero no elige. Y, cada vez que perdía, ya fuera en unas elecciones presidenciales, un referendo, unas legislativas, una gobernación, una alcaldía, una universidad o una junta de vecinos, el régimen simplemente desconocía los resultados. La práctica ha sido constante desde el 2 de diciembre de 2007, cuando Hugo Chávez perdió un referendo constitucional para ampliar los poderes personalistas del presidente y declarar al país como un Estado socialista, entre otros cambios.

Después, el militar socialista simplemente fue instaurando esas reformas por cuenta propia, con el simple ejercicio del poder armado. En todos estos años, la práctica de arrebatar si se pierde ha sido constante. Cuando el chavismo es derrotado en gobernaciones y alcaldías, impone «protectores» a estados y municipios: sujetos que ostentan el poder real. Cuando en 2015 sufrió una aplastante derrota en unas cruciales elecciones legislativas y la oposición logró una mayoría calificada en la Asamblea Nacional, Nicolás Maduro respondió pasando el poder legislativo al chavista Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

Completó este atentado nombrando en 2017 una Asamblea Constituyente que nunca redactó un artículo de una Constitución, pero sirvió de mampara para darle plenos poderes a Maduro para gobernar por decreto. Así terminaron de enterrar los restos todavía humeantes del legislativo opositor. La cumbre sería en julio de 2024, cuando la oposición logró demostrar, actas en mano, el triunfo del candidato opositor Edmundo González por aplastante mayoría. Pero el chavismo ocultó los resultados oficiales —nunca los presentó por estados, municipios ni mesas de votación— y el también oficialista Consejo Nacional Electoral (CNE) proclamó vencedor a Maduro.

Elecciones libres, arma definitiva por la democracia

Entonces, después de todas estas vueltas, ¿cuáles son las razones objetivas para pensar que ahora sí el chavismo va a permitir unas elecciones libres que, según todas las encuestas, volverían a suponer una derrota aplastante de este régimen, que ahora tiene el aval del gobierno de Estados Unidos? Todo depende de lo que haga Donald Trump, de la debilidad real del minoritario chavismo y de la capacidad de la oposición para recomponerse una vez más y unirse en torno a una causa común.

Desde los actos de María Corina Machado en países amigos, hasta los recorridos de sus aliados en remotas aldeas de la Venezuela profunda, pasando por redes sociales y asambleas en vecindarios de clase media en Caracas, los opositores intentan hoy acelerar esta salida electoral. Pero las cosas podrían tomar más tiempo del deseado. La activista por los derechos civiles Griselda Colina, de la Red Electoral Ciudadana, sintetiza seis elementos prioritarios, propuestos por varias organizaciones, para la reconstrucción de esta ruta:

  • Independencia de la autoridad electoral;
  • Pluralismo político;
  • Registro electoral y voto en el exterior;
  • Auditorías al sistema automatizado;
  • Observación electoral nacional e internacional y asistencia técnica;
  • Información oficial y cobertura de medios independientes.

Lo primero es designar un nuevo Consejo Electoral, cuyos directivos estén ahí por competencia y no por fidelidad al chavismo. También, permitir que todos los partidos políticos opositores y sus candidatos y activistas (hoy proscritos, inhabilitados, perseguidos, judicializados, en el exilio o en la clandestinidad) puedan participar en elecciones.

Además, hay que actualizar y depurar el registro electoral para que se incorporen nuevos votantes y permitir que puedan votar los mayores de edad entre esos casi ocho millones de venezolanos (incluyendo 600.000 en España y casi un millón en EEUU) que, según agencias de la ONU, están esparcidos por el mundo. El chavismo les ha negado de hecho el derecho al voto a estos migrantes que salieron huyendo del colapso económico, político y social provocado por el propio régimen socialista.

Paradójicamente, el retraso le conviene a la propia oposición —todavía desarticulada— porque aún hay que crear condiciones materiales para unas elecciones libres y justas. Mientras tanto, Delcy gana tiempo para afianzarse en el poder y remendar la economía con los nuevos recursos petroleros favorecidos por Washington. Hasta el Gobierno de Trump apuesta por mantener la supuesta calma y la estabilidad en Venezuela, manipulando a un gobierno condescendiente que ha hecho casi todo lo que le ha solicitado «el imperio».

Los tiempos para unas elecciones libres en Venezuela dependerán «del momento en que se inicie la construcción de condiciones». Tomando como punto de partida el nombramiento de un nuevo CNE, «que debe ser producto de un acuerdo político amplio», se podría iniciar un camino de 10 meses, dice por su parte Colina. Esta fundadora de la ONG Observatorio Global de Comunicación y Democracia (OGCD) señala que desde la Red Electoral proponen que esas elecciones sirvan «para la reinstitucionalización democrática», con elecciones presidenciales y parlamentarias juntas.

«El momento que vive Venezuela es muy frágil. Es desde un parlamento legítimo que se pueden legitimar el resto de los poderes públicos», dice al señalar que las elecciones legislativas de 2025 —en las que la oposición democrática no participó— «fueron incluso más opacas e incurrieron en mayores violaciones procedimentales que las de 2024».

La Red propone auditorías al sistema automatizado de votación vigente, involucrando organismos internacionales y organizaciones nacionales, y una observación calificada que incluya misiones de la Unión Europea, Centro Carter y Naciones Unidas como garantes del proceso. Todo este camino es otro desafío para los dispersos opositores venezolanos y su recorrido dependerá de si prende la presión masiva interna. También de las exigencias del gobierno de Trump para forzar al chavismo a ir a un proceso que supondría su derrota política definitiva.

Esta semana, en el Congreso de Estados Unidos, los legisladores interpelaron a Michael Kozak, un veterano diplomático, hoy subsecretario para asuntos hemisféricos del Departamento de Estado. «No ha habido plazos creíbles para unas elecciones ni significativa presión sobre el Gobierno de Rodríguez para liberar prisioneros políticos o desmantelar el aparato de seguridad represivo que permanece completamente intacto», protestaba el representante Joaquín Castro, demócrata por Texas.

«No tenemos fecha. Tenemos las condiciones que permitirán la celebración de elecciones y propiciarán la transición a la democracia», respondió Kozak ante la demanda de precisiones. Afirmó que le han dejado bien claro al Gobierno de Delcy que ellos esperan que todas las personas, incluyendo Machado, puedan regresar a Venezuela y participar libremente en una elección. Otros enfoques encuentran que nada de esto será posible sin una verdadera negociación para impulsar acuerdos más allá del ámbito electoral y que sienten en la misma mesa al chavismo y a Machado, con la supervisión de EEUU. Al menos públicamente, no se sabe si algo de eso está ocurriendo todavía.

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