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Internacional

La OMS pedirá a los Gobiernos incluir la terapia hormonal trans en la sanidad pública

La Organización Mundial de la Salud prevé establecer centros para formar a los médicos en cambios de sexo

La OMS pedirá a los Gobiernos incluir la terapia hormonal trans en la sanidad pública

Inyectables de hormonas de cambio de sexo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene previsto publicar a finales de este mes de junio unas directrices que «instruyen» a los Gobiernos a incluir el acceso a la terapia hormonal de afirmación de género (bloqueadores de la pubertad) en el sistema sanitario público. Así lo ha destapado la periodista irlandesa Róisín Michaux, en base a fuentes internas de la organización, que también ha apuntado a cómo la OMS pretende «establecer centros de excelencia y/o centros de conocimiento para proporcionar la formación necesaria a los profesionales médicos».

De acuerdo con la información compartida por la periodista irlandesa, las guías recomendarán integrar de manera rutinaria estos tratamientos en la atención primaria, de forma similar a como los médicos de familia ya manejan el diagnóstico, seguimiento y monitorización de pacientes con diabetes. Así, los profesionales de atención primaria podrían formarse para asumir tareas como la evaluación inicial, el seguimiento y la monitorización de personas que deseen modificar sus características sexuales secundarias mediante hormonas cruzadas (testosterona o estrógenos).

En realidad, la OMS lleva años trabajando en directrices sobre la salud de las personas trans, y en 2023 anunció el desarrollo de una guía centrada en varios ejes: provisión de cuidados de afirmación de género (incluyendo hormonas), formación de profesionales sanitarios, políticas de salud inclusivas y otros aspectos. La periodista señala que estas nuevas recomendaciones se centrarían, al menos en esta primera fase, en adultos, y una fase posterior abordaría el tema de menores.

Además, la OMS propone la creación de centros de excelencia o «hubs de conocimiento» para preparar a los sanitarios. Las directrices estarían previstas para su publicación antes de finales de junio de 2026. Según la propia Michaux, el grupo de desarrollo de las guías está compuesto por activistas y clínicos, muchos de ellos vinculados a programas de prevención del VIH, entre los cuales ha habido disenso en torno a esta cuestión.

Terapias dudosas

Y es que los tratamientos que la OMS estaría impulsando, y priorizando sobre otros problemas de salud global, cuentan con una evidencia controvertida. El Informe Cass, realizado en Reino Unido tras un análisis exhaustivo de 113.269 casos de menores trans, concluyó que el auge súbito y exponencial de los casos de disforia de género entre jóvenes no tiene origen biológico, sino eminentemente psicológico y social. Muchos de los menores que referían disforia de género en realidad padecían trastorno del espectro autista, depresión, ansiedad, trastornos alimentarios u otras condiciones psicológicas y sociales que incidirían en su malestar. Esto es, que con el correcto acompañamiento psicológico podrían detectarse las causas de su malestar sin concluir mediante la terapia afirmativa que se trata de un menor trans y dar luz verde a procesos de hormonación y cirugías.

Para más inri, estudios a largo plazo, como el elaborado por Lesbians United, una organización lésbica con sede en Estados Unidos, evidencian que los medicamentos que bloquean el desarrollo de la pubertad, y que son necesarios para la transición, tienen consecuencias muy negativas en la fisionomía de los menores. Entre los problemas detectados destacan los ligados «al esqueleto, el sistema cardiovascular, la tiroides, el cerebro, los genitales, el sistema reproductivo, el sistema digestivo, tracto urinario, músculos, ojos y sistema inmunológico». Por si fuera poco, los agonistas de la GnRH «pueden ser perjudiciales para la salud mental y aumentar el riesgo de suicidio».

Para el transgenerismo, la transición médica, el cambio de sexo, es la solución idónea para aquellos que dicen ser trans. Sin embargo, cada vez hay más evidencias científicas que apuntan en sentido opuesto. Un estudio finlandés sobre las alteraciones psiquiátricas entre adolescentes y adultos jóvenes que contactaron con unidades de género reveló recientemente que quienes se sometieron a una «reasignación de género» aumentaron sus problemas mentales notablemente, pasando del 9,8% al 60,7% en chicos que se autoidentifican como chicas y del 21,6% al 54,5% a la inversa.

Por todo lo expuesto, el anuncio de Róisín Michaux ha indignado a las feministas, aglutinadas en España en la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres, que ha recordado que la OMS «sacó la disforia de género del catálogo de trastornos mentales» sin aval científico, y ahora «parece empujar ahora para que los sistemas de salud pública asuman los costes de algo que, dice la OMS, no es un trastorno». Una paradoja.

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