The Objective
Internacional

Si esto es ganar una guerra, cómo será perderla

Trump proclama la victoria en Oriente Próximo, pero Irán saca más partido a una negociación que durará aún dos meses

Si esto es ganar una guerra, cómo será perderla

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. | Evelyn Hockstein (Reuters)

Gran victoria, dice Donald Trump. Su balance de estos tres meses y medio no podía ser otro. La realidad es diferente, pero a eso —al equívoco, a la ambigüedad— también estamos ya habituados. Aun así, no va a ser fácil que la Casa Blanca responda a las preguntas que los estadounidenses se están haciendo, y que se resumen en una sola: ¿Ha valido la pena?

Las víctimas, el gasto militar enloquecido y las repercusiones económicas en el mundo entero… Todo para llegar a la situación de la que se había partido: Ormuz, que estaba abierto antes del 28 de febrero, el día en el que comenzó la ofensiva, se reabre; Irán vuelve a jurar que no intentará fabricar una bomba nuclear, lo mismo que lleva haciendo -en falso- desde hace años; y la dictadura, que estaba cercada por las manifestaciones populares, encuentra ahora las calles despejadas y tiene las manos libres para imponer una dureza aún mayor sobre los iraníes. De nuevo: ¿merecía la pena?

Lo que se ha negociado es un acuerdo marco de 14 puntos que pone fin a la guerra durante los dos próximos meses (con permiso de Netanyahu). Si todo va bien en estos dos meses, el tráfico de buques por el estrecho de Ormuz se reanudará en cuanto se firme, presumiblemente entre hoy y mañana. Además, «Estados Unidos se compromete, junto con sus socios regionales, a elaborar un plan definitivo y consensuado, con una inversión mínima de 300.000 millones de dólares, para la reconstrucción y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán», dice el punto 6 del documento conocido este miércoles. Se levantarán, anuncia el punto 7, «todo tipo de sanciones contra la República Islámica de Irán, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, las resoluciones de la Junta de Gobernadores del OIEA y todas las sanciones unilaterales estadounidenses, tanto primarias como secundarias, en un calendario acordado como parte del acuerdo final».

La guerra le ha salido muy cara a Teherán, sin duda, en infraestructuras civiles y militares y en capacidades bélicas, pero el grifo que va a permitir la reconstrucción se va a abrir con la venta del petróleo, la inversión multimillonaria y el levantamiento de sanciones.

A cambio, el punto 8 estipula que «la República Islámica de Irán reafirma que no adquirirá ni desarrollará armas nucleares» y que diluirá sus reservas de uranio enriquecido «bajo supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica. ¿Será verdad esta vez? Por el momento, todo depende de los próximos 60 días: «A la espera del acuerdo final, Estados Unidos y la República Islámica de Irán acuerdan mantener el ‘statu quo’. La República Islámica de Irán mantendrá el statu quo actual de su programa nuclear, y Estados Unidos no impondrá nuevas sanciones ni desplegará fuerzas adicionales en la región».

¿Cómo van a ser estos dos meses? Complicados, sin duda, con el agravante de que Israel ha asegurado no sentirse vinculado al acuerdo, que no menciona nada sobre la situación en el Líbano. El Gobierno de Jerusalén entiende que la seguridad del país, su futuro, no puede depender ni de este ni de ningún pacto y, si lo ve necesario, volverá a atacar a las franquicias iraníes. Las negociaciones que ahora se abren van a depender en buena medida de esta tensión abierta, y sería iluso pensar que Hezbolá va a dejar pasar la mínima oportunidad de provocación. Cuanto peor, mejor.

Lo mismo aplica a la situación del primer ministro israelí: Netanyahu aguanta mejor discutiendo con Trump y peleando con los enemigos de su país que con una paz en la que tendrá que abordar sus problemas pendientes con la justicia y con los errores previos a la matanza del 7 de octubre de 2023; y no hay que olvidar que Israel es una democracia, y que hay elecciones en otoño.

Hablando de urnas, la Casa Blanca tiene un problema serio con las elecciones legislativas de medio mandato del próximo 3 de noviembre. Suponiendo que este acuerdo vaya bien —que es bastante suponer— y logre reducir la tensión sobre el barril de petróleo, el descenso del precio del galón de combustible será gradual. Y en la cabeza del consumidor norteamericano está instalada la imagen de todo lo que está pagando de más en la gasolinera y de lo que cuesta llenar el carro en el supermercado. La percepción de que la economía no va bien es destructiva para unas elecciones en las que, habitualmente, la tendencia es votar contra el partido que está en el poder.

La apuesta de Trump es llegar a noviembre con la sensación de que sí, hubo una victoria, la economía va mejor e Irán es un peligro menor del que era. Si esto es cierto —no va a ser nada fácil que cuaje esa imagen— y si además los ciudadanos lo ven así —igualmente complicado—, los senadores y congresistas republicanos tendrían peleas más cómodas por sus escaños. Pero hay más probabilidades de lo contrario: esta extraña guerra, mal concebida, mal ejecutada y mal resuelta, pesará como una losa sobre las opiniones electorales de los estadounidenses.

¿Victoria? No parece. Tampoco derrota, pero sí capitulación, y a primera vista, buenas noticias para los ayatolás.

Poca celebración para los estadounidenses, cuyos problemas económicos no se han resuelto, y para su Gobierno, que pierde credibilidad en la zona y en el mundo; poca también para los israelíes, que siguen viviendo en tensión, aunque hayan logrado probablemente retrasar varios años las capacidades bélicas del régimen que les quiere borrar del mapa; y muy poca para los iraníes que luchaban y morían por su libertad, y que ahora siguen sufriendo la ferocidad del auténtico gobierno de su país, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, cuando Trump les había prometido el cambio de régimen. Si alguien puede celebrar algo, por el momento, es Irán, que ha sobrevivido al enfrentamiento con EEUU e Israel y que ahora promete —una vez más— frenar su programa nuclear. A cambio, volverá a exportar crudo, cobrará un tremendo cheque para la reconstrucción y logrará eliminar las sanciones.

Publicidad