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Internacional

El nuevo mapa en América Latina: la mitad de los Gobiernos de izquierda son dictaduras

Los terremotos han evidenciado las carencias de Venezuela, que comparte con Cuba y Nicaragua el bloque autoritario

El nuevo mapa en América Latina: la mitad de los Gobiernos de izquierda son dictaduras

De izquierda a derecha, Delcy Rodríguez (Venezuela); Miguel Díaz-Canel (Cuba); y Daniel Ortega (Nicaragua). | Andrew King / Iranian Supreme Leader'S Office / Xin Yuewei / Europa Press

Los dos terremotos que sacudieron Venezuela hace unos días no solo han desencadenado una tragedia humanitaria. También han vuelto a situar bajo el foco internacional la realidad política de un país que continúa inmerso en una transición incierta tras la caída de Nicolás Maduro. La catástrofe ha dejado al descubierto las profundas carencias de un Estado fallido tras años de corrupción, saqueo de las instituciones y desmantelamiento de los servicios públicos bajo el régimen chavista.

Las imágenes llegadas desde las zonas afectadas mostraban a familiares excavando entre los restos de edificios ante la falta de maquinaria suficiente para acelerar las labores de rescate. A ello se suma un sistema sanitario profundamente debilitado, con hospitales que ya antes del seísmo sufrían escasez de medicamentos, falta de personal especializado y graves problemas de abastecimiento de agua y material quirúrgico.

La tragedia venezolana ayuda también a entender el nuevo mapa político del continente. Tras la contundente derrota sufrida la pasada semana por el oficialismo colombiano, la izquierda ha pasado a retener solo siete Gobiernos en la región. Pero tres de ellos son regímenes autoritarios. De hecho, Venezuela comparte con Cuba y Nicaragua el bloque de las únicas dictaduras que permanecen en América Latina.

El dato refleja hasta qué punto ha cambiado el equilibrio político latinoamericano en apenas un año y medio. La derecha gobierna ya en 11 países, mientras la izquierda mantiene siete ejecutivos profundamente divididos entre democracias consolidadas y regímenes autoritarios. Nunca desde el inicio de la denominada segunda marea rosa había resultado tan evidente esa fractura.

Dos izquierdas muy diferentes

Las únicas democracias totales o parciales que la izquierda conserva están en México, Brasil, Uruguay y Guatemala. México continúa bajo el proyecto político iniciado por Andrés Manuel López Obrador y ahora encabezado por Claudia Sheinbaum. La denominada Cuarta Transformación mantiene como ejes principales los programas sociales, el fortalecimiento de las empresas públicas del sector energético y un discurso supuestamente centrado en la lucha contra la corrupción.

Por su parte, Brasil sigue gobernado por Lula da Silva, que lidera una amplia coalición de centroizquierda. Su Ejecutivo combina políticas sociales tradicionales con una intensa agenda internacional y la protección de la Amazonía como uno de los principales ejes de su política exterior.

Uruguay y Guatemala completan el grupo de democracias gobernadas por la izquierda. El primero representa probablemente la socialdemocracia más estable de la región bajo el mandato de Yamandú Orsi, mientras Bernardo Arévalo ha convertido la regeneración institucional y la lucha contra la corrupción en el eje de su mandato.

Las tres dictaduras

Poco puede añadirse de los regímenes dictatoriales de Cuba, Nicaragua y Venezuela que no se sepa. Cuba mantiene un sistema comunista de partido único sin elecciones, sin democracia, ni libertades y con una economía profundamente intervenida por el Estado. La grave escasez de alimentos, persecución política, falta de combustible y medicamentos continúan marcando la vida cotidiana de millones de cubanos.

En Nicaragua, Daniel Ortega ha transformado el antiguo proyecto revolucionario sandinista en un régimen personalista y familiar caracterizado por la persecución sistemática de la oposición, el cierre de universidades, organizaciones civiles y medios de comunicación independientes y el arresto de centenares de disidentes.

Y sobre el caso venezolano, este continúa siendo complejo. Aunque Nicolás Maduro ya no siga al frente del país, la transición democrática sigue lejos de completarse. Los hermanos Rodríguez concentran el poder político y buena parte del núcleo duro del chavismo continúa ocupando posiciones clave dentro del Estado. Figuras como Diosdado Cabello o Vladimir Padrino López, señaladas por distintas organizaciones internacionales por su presunta responsabilidad en graves violaciones de derechos humanos, siguen formando parte de la cúpula del régimen.

Los terremotos han agravado todavía más esa situación. Las denuncias de los venezolanos sobre la escasez de medios para rescatar a las víctimas, las carencias del sistema sanitario y la dependencia de la ayuda internacional han vuelto a poner de manifiesto la fragilidad de unas instituciones profundamente deterioradas tras más de dos décadas de chavismo.

Cinco derrotas consecutivas

Este nuevo mapa político no se explica únicamente por la naturaleza de los Gobiernos que la izquierda conserva, sino por la cadena de derrotas electorales sufridas desde finales de 2025. El primer gran revés llegó en Bolivia, donde el histórico Movimiento al Socialismo perdió el poder después de casi dos décadas de hegemonía. El conservador Rodrigo Paz Pereira logró imponerse con claridad y obtuvo además una cómoda mayoría parlamentaria.

Después llegaron Honduras y Chile. En Honduras, el proyecto político de izquierdas impulsado por Xiomara Castro fracasó y Nasry Tito Asfura recuperó la Presidencia para el bloque conservador. En Chile, José Antonio Kast alcanzó la Moneda tras una campaña centrada en la seguridad ciudadana, el control de la inmigración y la recuperación económica.

La última gran derrota se produjo la pasada semana en Colombia. Después del mandato de Gustavo Petro, el candidato oficialista Iván Cepeda fue derrotado por Abelardo de la Espriella, conocido como el Tigre, que asumirá la Presidencia el próximo 7 de agosto con un programa basado en el endurecimiento de la lucha contra el narcotráfico, el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y una agenda económica liberal.

A ellas se suma Perú, donde Keiko Fujimori logró imponerse recientemente al candidato de izquierda Roberto Sánchez. Ecuador y Costa Rica también celebraron elecciones durante este periodo, aunque en ambos casos el poder permaneció en manos de fuerzas de centroderecha tras las victorias de Daniel Noboa y Laura Fernández.

Brasil, la próxima gran batalla

Con este panorama, la gran incógnita política del continente tiene nombre propio: Brasil. La primera vuelta de las elecciones presidenciales se celebrará el próximo 4 de octubre y, si ningún candidato obtiene la mayoría absoluta, los brasileños volverán a las urnas tres semanas después. El resultado puede terminar de definir el equilibrio político de América Latina durante el resto de la década.

Las encuestas reflejan una carrera completamente abierta. Lula da Silva mantiene una ligera ventaja, con alrededor del 40% de intención de voto. Sin embargo, el bolsonarismo ha logrado reorganizarse tras la inhabilitación y posterior encarcelamiento de Jair Bolsonaro. Su hijo, Flávio Bolsonaro, se ha consolidado como líder de la oposición conservadora y ya alcanza entre el 31% y el 37% en los principales sondeos.

Los sondeos de opinión sitúan la elección en un empate técnico e incluso contemplan escenarios favorables al candidato conservador. Eso ocurre mientras el Gobierno de Lula afronta un creciente desgaste, con unos niveles de aprobación y desaprobación prácticamente empatados y un importante voto de castigo entre los sectores más jóvenes.

Después de perder Bolivia, Honduras, Chile, Perú y Colombia, Brasil se ha convertido en la última gran fortaleza electoral de la izquierda democrática en América Latina. Si el presidente brasileño consigue la reelección, la izquierda conservará la principal potencia económica y demográfica de la región. Si el bolsonarismo recupera el Palacio de Planalto, la derecha consolidará un dominio incontestable sobre el continente, mientras la izquierda quedará reducida tan solo a tres democracias y tres dictaduras, una fotografía política radicalmente diferente de la que existía apenas años atrás.

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