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De la Espriella gana en Colombia y pone fin a la era de Gustavo Petro en una elección de infarto

La diferencia se estrecha a menos de un punto mientras el presidente se niega a reconocer los resultados provisionales

De la Espriella gana en Colombia y pone fin a la era de Gustavo Petro en una elección de infarto

De la Espriella celebra su victoria. | EFE

Colombia podría convertirse en la última pieza del giro conservador que atraviesa América Latina desde la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca. El líder de la derecha, Abelardo de la Espriella, ha ganado el preconteo de la segunda vuelta presidencial con 12,9 millones de votos (49,65%), frente a los 12,6 millones de sufragios (48,70%) obtenidos por Iván Cepeda, candidato del oficialista Pacto Histórico. La diferencia entre ambos se reduce a apenas 247.129 votos, menos de un punto porcentual, en una de las elecciones más reñidas de la historia reciente del país y cuyo resultado definitivo queda pendiente del escrutinio oficial.

El resultado provisional acerca a De la Espriella a la Casa de Nariño y amenaza con poner fin al ciclo político inaugurado por Gustavo Petro en 2022. De confirmarse durante el escrutinio oficial, Colombia se sumaría a la ola conservadora que atraviesa la región desde el regreso del mandatario republicano al despacho oval. Sin embargo, la estrechez del margen, las impugnaciones anunciadas por el equipo de campaña de Cepeda y los reiterados llamamientos del presidente saliente a esperar el escrutinio han impedido que la noche concluya con una imagen de victoria incontestable.

La jornada de este domingo ha estado marcada por una movilización excepcional del electorado, una fuerte polarización ideológica y una batalla voto a voto que ha mantenido la incertidumbre durante toda la jornada. Más de 26 millones de colombianos acudieron a las urnas para decidir entre dos proyectos de país profundamente diferentes y para pronunciarse, en buena medida, sobre el legado de los cuatro años de Gobierno de Petro.

La ventaja se redujo durante toda la noche

La evolución del preconteo ha sido tan importante como el propio resultado. Cuando se había informado el 65,44% de las mesas, De la Espriella aventajaba a Cepeda en más de 438.000 votos. A partir de ese momento, sin embargo, el candidato del Pacto Histórico comenzó a recortar distancias de manera constante conforme fueron incorporándose las últimas mesas, muchas de ellas procedentes de territorios donde la izquierda cuenta con una mayor implantación electoral.

Con el 98,22% de las mesas informadas la diferencia se había reducido a 302.637 votos. Posteriormente cayó a 275.705, después a 255.001 y finalmente quedó situada en 247.129 votos con el 99,84% de las mesas reportadas. La tendencia de las últimas horas mostró una recuperación sostenida de Cepeda, aunque insuficiente para revertir la ventaja acumulada por De la Espriella durante la primera mitad del recuento.

Más allá de la confirmación oficial del nuevo presidente, la gran protagonista de la jornada ha sido la participación ciudadana. Según los últimos datos de la Registraduría, 26,3 millones de colombianos ejercieron su derecho al voto, lo que situó la participación en el 63,52% del censo electoral, una de las cifras más elevadas registradas en unas elecciones presidenciales del país.

El dato resulta especialmente significativo en un contexto latinoamericano marcado por la creciente desafección política y la desconfianza hacia las instituciones. La elevada movilización refleja hasta qué punto los colombianos percibían esta elección como una decisión trascendental sobre el rumbo del país tras el mandato de Petro.

La intensidad de la campaña también se ha reflejado en el crecimiento electoral de ambos candidatos. Mientras De la Espriella ha sumado aproximadamente 2,5 millones de votos adicionales respecto a la primera vuelta, Cepeda ha incorporado cerca de 2,8 millones de nuevos sufragios, consolidando una de las movilizaciones políticas más importantes de los últimos años.

Una Colombia dividida entre dos proyectos

Los resultados han dibujado una geografía electoral profundamente fragmentada. De la Espriella ha mantenido su fortaleza en departamentos tradicionalmente conservadores como Antioquia, Santander, Norte de Santander, Casanare y buena parte del interior del país. Cepeda, por su parte, ha logrado imponerse en Bogotá, Atlántico, Bolívar, Córdoba, Chocó, Cauca, La Guajira, Magdalena, Nariño, Putumayo, San Andrés, Sucre, Valle del Cauca, Vaupés y Vichada.

El mapa electoral reproduce muchas de las fracturas políticas y sociales que han marcado la historia reciente de Colombia. Mientras buena parte del centro y el oriente del país han respaldado la propuesta de cambio defendida por De la Espriella, las grandes ciudades y numerosas regiones del Caribe y el Pacífico han seguido apoyando al proyecto representado por Cepeda.

Los resultados en España han ofrecido una imagen distinta. Entre los colombianos residentes en territorio español, Cepeda se ha impuesto con 66.945 votos (49,84%), frente a los 65.426 sufragios (48,71%) obtenidos por De la Espriella.

Petro protagoniza la recta final del recuento

Aunque no figuraba en la papeleta, Gustavo Petro se ha convertido de nuevo como ocurrió hace tres semanas en uno de los principales protagonistas de la noche electoral. A través de una intensa actividad en redes sociales, el presidente ha insistido repetidamente en que el preconteo no permite proclamar todavía un ganador y que será el escrutinio oficial el que determine quién ocupará la Casa de Nariño: «No se puede proclamar ningún presidente», escribió en uno de sus mensajes más difundidos.

En otro de sus pronunciamientos aseguró que «la realidad nos da un país partido por la mitad e injerencia extranjera quitándonos la libertad», una referencia que muchos han interpretado como una alusión al respaldo explícito otorgado por Donald Trump a De la Espriella durante la campaña.

Petro también pidió un «acuerdo nacional» para preservar la estabilidad institucional y la convivencia política, además de reclamar la impugnación de las mesas que presenten irregularidades o carezcan de las firmas reglamentarias de los jurados electorales. Horas antes, el mandatario había publicado otro mensaje en el que llamaba a la «unidad popular» y advertía que «esté el fascismo en el poder o no esté en el poder siempre hay que resistirlo», reflejando el clima de confrontación ideológica que ha marcado toda la campaña.

Cepeda rechaza reconocer el resultado

La reacción del petrismo no se ha limitado a las declaraciones del presidente. Desde el Royal Center de Bogotá, donde miles de simpatizantes siguieron el recuento en directo, el exembajador Jorge Rojas anunció que la campaña de Cepeda únicamente reconocerá el resultado que surja del escrutinio oficial.

Los responsables del Pacto Histórico han movilizado a abogados, testigos electorales y observadores para revisar las actas e impugnar aquellas mesas que presenten inconsistencias, errores formales o posibles irregularidades. Lejos de asumir una derrota, los dirigentes de la campaña consideran que la diferencia es suficientemente estrecha como para justificar una revisión exhaustiva de todo el proceso electoral.

El preconteo no decide la elección

La principal batalla política de las próximas horas girará precisamente en torno a la diferencia entre preconteo y escrutinio. Los datos difundidos durante la noche corresponden exclusivamente al preconteo, un mecanismo diseñado para ofrecer una estimación rápida del resultado electoral. Sin embargo, carece de efectos jurídicos vinculantes. La decisión definitiva corresponderá al escrutinio oficial, en el que jueces y autoridades electorales revisarán las actas, resolverán reclamaciones y validarán formalmente cada uno de los votos emitidos.

Por ese motivo, tanto Petro como la campaña de Cepeda insisten en que la contienda no puede considerarse cerrada hasta que concluya dicho procedimiento.

El desenlace de estas elecciones trasciende ampliamente las fronteras colombianas. Si la ventaja de De la Espriella se confirma durante el escrutinio, supondrá un duro golpe para el legado político de Petro y para una izquierda que había convertido a Colombia en uno de sus principales referentes regionales.

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