The Objective
La otra cara del dinero

La otra final de Copa la jugaron Ibai Llanos, un ruso filántropo y Google contra nuestro dinero

El experimento de retransmisión por YouTube es un movimiento clave en la migración del fútbol (y su dinero) al ‘streaming’

La otra final de Copa la jugaron Ibai Llanos, un ruso filántropo y Google contra nuestro dinero

Ibai Llanos. | EP

Si internet fue la energía atómica que calentó la afición al deporte rey hasta extremos delirantes, elevando los beneficios de las televisiones hasta rozar el sol, la radiación amenaza ahora con volver a derribar a Ícaro. Y, en España, lo más parecido a Godzilla es Ibai Llanos.

La final de la Copa del Rey entre Atlético de Madrid y Real Sociedad le dio a RTVE una audiencia media de más de cuatro millones de espectadores, un 37,3% de cuota de pantalla. La tanda de penaltis tuvo un pico de 5,2 millones. Era en abierto. O sea, pagado por nuestros impuestos, aunque algún trilero siga vendiéndolo como «gratis». 

En cualquier caso, la mayoría optó, obviamente, por verlo en la tele. Total, si ya está pagado… Supongo que, si eres de la Real, votarás al partido de progreso en agradecimiento. Los del Atlético se lo pensarán. En general, los españoles que optamos por la resignación ‘gratuita’ tuvimos que aguantar al narrador narrándonos el relato de la respetabilidad de los insultos al himno nacional. Sus propios compañeros en TVE están abochornados. Habrá que ver qué pasa si, en los próximos Mundiales, alguien pita el himno de cualquier otro país… Yo no lo haré con ninguno. Por respeto. 

La retransmisión del partido incluyó una alternativa curiosa: Ibai Llanos. La irrupción del influencer fue exitosa, pero aún discreta en comparación con las cifras mastodónticas de RTVE. La emisión gratuita a través de su cuenta de YouTube tuvo una media de más de 75.000 usuarios, incluyendo el previo y el post. Durante el juego superó los 100.000 dispositivos conectados. Tampoco vieron muchos indígenas americanos el primer paseo de Cristóbal Colón por la isla de Guanahani (o de San Salvador, según se mire).  

Jonathan Rest ya dijo en Sport Business, que suele tener buen olfato para estas cosas del dinero deportivo (o viceversa), que este iba a ser «un evento clave para los creadores de contenido en España». En concreto, lo definió como un primer paso. También recordó que, aunque iba a ser la primera vez que un evento de esta magnitud se transmitiera por un creador de contenido, «Llanos tiene amplia experiencia en la cobertura de fútbol en directo. En 2021, su canal de Twitch, junto con los de LaLiga y Gol, transmitió en directo el derbi vasco entre la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao. Meses después, el canal de Twitch de Llanos transmitió partidos de la Copa América». Etcétera.

Pero, sobre todo, Rest explicó que Ibai consiguió dar este paso decisivo de la Copa tras un acuerdo con la agencia Peak Sport Media. Su director de estrategia, Shamik Savjani, aseguró que había sido «un placer trabajar con la Federación Española de Fútbol, ​​Ibai y YouTube para crear algo diferente y especial para la final». Y la directora de YouTube para España, Italia y Portugal, Francesca Mortari, que el acuerdo «refuerza el compromiso de la plataforma de democratizar el acceso a los eventos deportivos de primer nivel». 

YouTube no da contenidos gratis por amor a la ‘democracia’. Tampoco a la dictadura, supongo. YouTube es una filial de Google, que ahora se llama Alphabet, quizá para disimular cosas como una capitalización bursátil que acaba de llegar a los cuatro billones (con «b» de barbaridad) de dólares traficando con nuestros datos y monopolizando la publicidad. Vale que, por lo menos, no nos lo sacan directamente de nuestros impuestos, pero que nos vendan la moto de la democracia. Por favor. 

¿Y qué pinta en todo esto la tal Peak? Explica Rest que, en noviembre, la compañía se adjudicó un único paquete en una licitación convocada por la RFEF ​​para los derechos internacionales de la final de las temporadas 2025-26 y 2026-27. Y, días después, LaLiga la designó como su asesora para la venta de derechos internacionales de la Copa del Rey mediante un acuerdo a largo plazo. Recuerda Rest que «tras haber vendido los derechos de retransmisión internacional centralizados de la Copa del Rey hasta la temporada 2018-19 —a excepción de la final, vendida por la RFEF—, LaLiga retomó su papel en la comercialización de un paquete más amplio de derechos del fútbol».

O sea, que la tal Peak tiene bien ataditas a las dos caras de la codiciada moneda del fútbol español: la federación y LaLiga. Vale, pero ¿de dónde puñetas sale la tal Peak? En su web no queda muy claro quién es el dueño. En el apartado About se limita a decir: «Los medios deportivos están en constante evolución. Nuevos perfiles de fans, nuevas formas de interactuar, nuevas emisoras, nuevos formatos, nuevos modelos de negocio». Y, a continuación: «Hemos estado en el centro de este cambio. Sabemos lo que se necesita para ser un líder en este nuevo mundo». Enhorabuena. Pero, ¿tú de quién eres?, que dirían los de «no me pises que llevo chanclas».

En vez de una definición medianamente clara de su dasein heideggeriano, la web aporta una cronología más bien confusa que arranca en 2007, con la creación de Perform Group, «una revolucionaria empresa de medios deportivos digitales con la innovación como pilar fundamental», que «redefinió la forma en que se producían, consumían y comercializaban los medios deportivos, logrando un rápido crecimiento que culminó en una exitosa salida a bolsa en 2011». 

La genealogía sigue en 2011 con la adquisición por Perform, «en su camino hacia el desarrollo de una de las ofertas digitales deportivas más completas», de «tres empresas líderes en sus respectivos campos: Goal.com, el portal de fútbol más grande del mundo; Opta Sport, un proveedor de datos de rendimiento y medios de comunicación de primera categoría; y Runningball, una empresa de datos rápidos que impulsa la industria de las apuestas deportivas». Tres años después llegaron «una serie de alianzas estratégicas a largo plazo sin precedentes» con «los principales titulares de derechos globales»: 10 años con la WTA, «el mayor acuerdo en la historia del deporte femenino», 17 años con la FIBA, etc.

Y en 2016, el pelotazo: Perform crea DAZN, «la plataforma OTT que ha revolucionado la retransmisión deportiva». Recuerdo aquel agosto de 2022, cuando se estrenó con los partidos de LaLiga. Terrible. Lo más sangrante fue el Barça-Rayo Vallecano del debut de Lewandowski, con miles de aficionados intentando en vano entrar en la aplicación y/o sufriendo cortes constantes, especialmente dolorosos cuando el balón estaba a punto de llegarle al delantero polaco. Muchos se sintieron estafados. Donde esté la tele… 

¿Quién se acuerda de aquello (además de lamentables aficionados rencorosos como yo)? La tecnología avanza, eso no lo cuestiona nadie. La cuestión es cuándo arriesgarse a meterse en según qué sitios antes de que esté lo suficientemente avanzada… porque entonces ya todo el mundo querrá estar ahí. 

Ahí donde, por ejemplo, se sitúa el último paso en la cronología de la web de Peak. Su fundación en 2023 como «socio de crecimiento innovador para titulares de derechos globales». Se creó, dicen, «con una alianza estratégica a largo plazo con LALIGA», y con la «misión» de «crear valor sostenible para nuestros clientes y la industria mediante el desarrollo de estrategias, soluciones y productos centrados en el aficionado».

Recapitulando, parece que el narrador de la historia, aunque no se explicite, es Perform. Pero Perform Group ya no existe y, por lo tanto, no tiene una web corporativa propia. Aunque a lo mejor no lo sabe, como Bruce Willis en El sexto sentido, y por eso sigue hablando, murió en 2016, por el pelotazo de DAZN, que se quedó con el grueso para especializarse en el streaming, mientras que para la rama de datos se fundó otra compañía, Stats Perform.  Un lío que les resumo rapidito. Perform se la inventó un grupo de espabilados con el dinero de sir Leonard Blavatnik, un fascinante empresario que Forbes sitúa como la 78.ª persona más rica del mundo, con 31.900 millones de dólares.  

Nacido hace 68 años en la Unión Soviética, su familia supo ver por dónde soplaba el viento y emigró a EEUU en 1978. Leonard, un chico aplicado, estudió cosas de ordenadores en la Universidad de Columbia e hizo un MBA en Harvard. En 1986, ya hecho todo un capitalista como Wall Street manda, fundó el holding Access Industries. Pero no se olvidó de sus orígenes. Cuando la Unión Soviética terminó de caer, recuperó contactos y se puso a comprar como loco antiguos activos estatales que un Gobierno desconcertado privatizaba como podía.

Después se hizo filántropo. Qué menos. En 2017, la reina de Inglaterra (cómo la echamos de menos) le otorgó el título de caballero. Un año después de que su inversión en Perform diera el pelotazo de DAZN. El gráfico de su perfil en Forbes muestra unos raquíticos 20.000 millones de dólares el año de su gran ascenso social británico. En 2020 bajó a 17.000. En 2021 subió a 32.000. Y por ahí sigue…

Lo debe ver muy claro. No solo sigue siendo el accionista mayoritario del invento, se llame ya como se llame, sino que el año pasado le metió otros 827 millones de dólares. Resumiendo: La fortuna de Ibai Llanos se calcula entre los cinco y los 10 millones de euros; la de sir Leonard Blavatnik, en 31.900 millones de dólares; la del artista antes conocido como Google, en cuatro billones de dólares. 

Desconocemos el patrimonio de Juan Carlos Rivero, pero según los datos del Portal de Transparencia del ente, su salario es de 86.582 euros anuales. El presupuesto anual de RTVE está en 1.100 millones de euros. Hacienda cerró 2025 con un récord histórico de recaudación, superando los 325.356 millones de euros, un 10,4% más que el año anterior, debido fundamentalmente al aumento de los ingresos por IRPF.

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