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Vamtac, el todoterreno militar que ha conquistado los continentes desde Galicia

Lo aguanta todo. Todo menos caer desde un avión a 300 metros de altura, eso no, pero todo lo demás si

Vamtac, el todoterreno militar que ha conquistado los continentes desde Galicia

Uro Vamtac ST-5.

Es bastante posible que los tres gallegos más universales sean Amancio Ortega y Camilo José Cela. Sí, falta uno, pero no es una persona, sino un coche: el Uro Vamtac de Urovesa. Si el primero usa un jet privado y el segundo voló en globo aerostático, el tercero aterrizó hace unos días con menos elegancia de la esperada. Soltado desde un Airbus A400M en unas maniobras, el sistema de paracaídas falló y el vehículo se convirtió en un amasijo de hierros en el preciso instante en que tocó tierra.

Como diría Chiquito de la Calzada, una mala tarde la tiene cualquiera, pero lo habitual es que las tenga buenas. Es lo que afirman con media sonrisa los tripulantes a los que protegen en conflictos armados por todo el mundo. Fabricado a medio camino entre Pontevedra y Santiago de Compostela, desde que empezó a salir de esa fábrica gallega en 1998, el Vehículo de Alta Movilidad Táctico —de ahí su nombre— no ha parado de sumar clientes, misiones con final satisfactorio y trayectos por zonas de conflicto.

Con la discreción que caracteriza a los gallegos, acapara titulares sin querer. La pasada semana, el Gobierno español confirmó el envío de cien unidades a Ucrania, con la primera remesa prevista para principios de mayo. La ministra de Defensa, Margarita Robles, se desplazó personalmente a Kiev el 22 de abril para realizar el anuncio. Pero el todoterreno gallego no es un desconocido para las tropas de Volodimir Zelenski.

El Uro Vamtac lleva en Ucrania desde 2024 en distintas configuraciones y este envío concreto va dirigido a la Guardia de Fronteras. Es un cuerpo que, en lo que va de 2026, ha interceptado ya cuatro mil drones, casi el triple de todos los que derribó durante el año anterior completo. El frente no está solo en las trincheras: está en el cielo. Un vehículo capaz de desarrollar cierta velocidad, versátil y capaz de montar sistemas de armas variados es justo lo que ese escenario exige.

La versión más avanzada, el ST5, pesa 8.250 kilogramos en configuración blindada y alcanza los 135 kilómetros por hora. Su motor Steyr diésel es compatible con los combustibles estándar de la OTAN y se ha mostrado más robusto que el de origen Iveco de versiones previas. La suspensión independiente en las cuatro ruedas, con trapecios dobles, le permite seguir la huella de las orugas de un tanque cuando se sale del asfalto, algo que los Humvee americanos originales no podían hacer sin protagonizar tropiezos muy celebrados en Youtube y redes sociales.

Un Vamtac ST-5 portugués.

El blindaje cumple el nivel 3 de la normativa STANAG 4569: protege frente a munición perforante de 7,62 milímetros disparada a menos de 30 metros y es capaz de plantar cara a minas antitanque de ocho kilogramos bajo cualquiera de sus ruedas. Para dimensionar esa cifra: la mina rusa estándar TM-62 lleva 7,5 kilogramos de explosivo y es suficiente para inutilizar un tanque de 70 toneladas. Que el Vamtac sobreviva a eso con su tripulación dentro no escapa a quienes necesitan confiar en un taxi hacia el infierno.

Los drones FPV con carga hueca, que han destruido blindados en el frente ucraniano, han chocado repetidamente con la resistencia del ST5 en condiciones reales de combate. El vehículo tiene grabado en su historial algo que ningún catálogo puede reproducir: el sello de haber estado allí y haber vuelto o, al menos, aguantado. Los soldados que pudieron contarlo suelen dejar grafitis a rotulador sobre el salpicadero a modo de agradecimiento.

Lo que convierte al Vamtac en algo más que un todoterreno blindado es una modularidad casi extravagante. Sobre la misma plataforma pueden montarse ametralladoras de 12,7 milímetros, misiles antitanque de origen diverso, sistemas antiaéreos, morteros automatizados, puestos de mando o vehículos de desactivación de explosivos. Urovesa no fabrica un vehículo: fabrica un chasis sobre el que el cliente construye lo que necesita. Es como un Lego sobre ruedas al que se le añaden módulos de acuerdo con la utilidad requerida.

Un reciente ejemplo de esa versatilidad llegó hace unos días de manos del Reino Unido. Londres cedió a Ucrania el sistema antiaéreo Rapid Ranger de Thales, un lanzador de misiles capaces de alcanzar 1.800 kilómetros por hora con guiado láser e infrarrojo. La plataforma elegida no fue un vehículo británico ni americano. Fue el Vamtac ST5. La industria británica no pudo atender una necesidad que unos gallegos cubren con solvencia.

Singapur, uno de los países con mayor exigencia de compra de Asia, ha ampliado su contrato con Urovesa para incorporar cien unidades adicionales a las que ya tenía en sus cocheras. No es un mercado sencillo: Indonesia y Tailandia fabrican vehículos de este segmento y competir allí requiere producto probado. Que Singapur repita pedido dice más sobre el Vamtac que cualquier informe elaborado por la propia compañía.

Portugal tiene 139 unidades ST5 en su ejército, Marruecos supera las 1.600, Irak compró 225 versiones especializadas en desactivación de explosivos y Malasia sumó 109. Nueva Zelanda firmó en 2024 la compra de 60 vehículos con entrega hasta 2027. El mapa de operadores recorre Oriente Próximo, el Magreb, el Sudeste Asiático, Europa y Oceanía. Desde una fábrica en la Galicia profunda, Urovesa ha conseguido lo que muchas compañías de defensa con presupuesto estatal ilimitado no han logrado.

El encargo de ET

El Vamtac nació de un requisito del Ejército de Tierra español, que buscaba algo mejor que el Humvee americano, el modelo dominante en todos los ejércitos del mundo a mediados de los noventa. El vehículo americano se popularizó en la Guerra del Golfo y el actor Arnold Schwarzenegger le hizo una de las mejores campañas publicitarias de la historia al encargar unos pocos para su uso personal. Pero el 4×4 americano adquirió fama de lento, frágil y albergaba algunas limitaciones.

Urovesa buscó su propio camino. El resultado fue un vehículo que comparte espacio comercial con el Humvee, pero no sus debilidades: donde el americano tiene bloqueo diferencial central, el Vamtac bloquea también el delantero y el trasero, lo que se traduce en tracción real en barro, nieve o roca. Un Vamtac casi trepa por una tapia vertical si se lo pides.

Los Vamtac españoles fueron pintados de blanco durante las misiones de UNIFIL en Líbano, 2006.

Urovesa factura más de cien millones de euros al año, emplea a más de 330 trabajadores directos y genera empleo indirecto en toda la cadena de proveedores. Ha llegado hasta aquí sin los grandes contratos estatales que han sustentado a competidores con mucho más músculo institucional. Cada contrato de exportación que firma es la prueba de que el producto aguanta en la comparativa.

La clave industrial es la especialización por gama. Con el mismo motor Steyr, la misma caja Allison y las mismas suspensiones, Urovesa adapta el vehículo a lo que cada cliente necesite. No juega a las economías de escala: juega a conocer su plataforma hasta el último tornillo. Es, antes que nada, una oficina de ingeniería que escucha al cliente y entrega lo que se le pide. Y funciona sin grandes problemas.

Pero no vuela…

De vuelta al accidente del A400M: el porrazo fue espectacular, el vehículo quedó destruido, pero nadie resultó herido. Lo relevante es que el ejército español estaba practicando el lanzamiento aéreo del Vamtac, lo que indica que su integración en operaciones aerotransportadas va muy en serio. No muchos vehículos de este segmento tienen esa cualificación en proceso, y el que la consiga amplía de forma sustancial su abanico de posibilidades. No basta con arrojarlo desde un avión: hay que certificar que no se despachurra al tocar el suelo… bueno, si los mecanismos funcionan.

Desde las planicies de Afganistán hasta el frente ucraniano, desde los controles de la Línea Azul en el Líbano hasta las selvas de Malasia, el Vamtac ha estado donde se le ha pedido y ha vuelto para contarlo la mayoría de las veces. El resultado final es que un diseño nacido en los años noventa en Galicia, mejorado sin grandes contratos del Estado, compite de frente contra fabricantes americanos, alemanes y turcos. El paracaídas falla a veces. El vehículo, casi nunca. Por eso es cada día más apreciado.

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