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El Alfa Romeo Tonale Veloce deja de parecer un SUV cuando le aprietas el botón adecuado

El alma deportiva de la marca italiana se hace con las riendas de un coche previsiblemente aburrido que se transforma

El Alfa Romeo Tonale Veloce deja de parecer un SUV cuando le aprietas el botón adecuado

Alfa Romeo Tonale.

Superman machacaba a villanos cuando se ponía su traje de superhéroe, pero su alter ego, Clark Kent, era un oficinista en su versión de periodista del Daily Planet. Al Alfa Romeo Tonale Veloce le pasa un poco lo mismo: con el traje que lleva en el maletero, cambia de la noche al día.

Al tímido redactor parecía que un tirillas podría partirle la cara, pero con el inmigrante de Krypton caído del cielo no podrían ni cien Ilias Topurias cabreados. Al Tonale más rabioso de la gama le ocurre algo similar. A su alrededor todos guardan silencio cuando se saca el disfraz de lobo, o lo que es lo mismo, cuando pulsan los botones adecuados.

Los SUV compactos, en general, suelen ser sosos. Sus propuestas de movilidad son correctas, eficientes, aunque inodoras, incoloras e insípidas. Están diseñados para no ofender a nadie, gustar a todos, y sin la necesidad de dar una nota, una función que las marcas entienden está en manos de otros modelos y segmentos.

El mercado está lleno de ellos y las ventas les dan la razón, pero eso no los hace mejores. Sin embargo, el Alfa Romeo Tonale Veloce llega en 2026 renovado, con la convicción de que todavía hay espacio para los coches que se desmarcan. Puede que los haya mejores, es seguro que los hay peores, pero cuesta mucho trabajo encontrar algo tan diferencial como este, esta versión en concreto.

Situado entre el más pequeño Junior y el más grande Stelvio, el SUV compacto de la marca italiana mide 4,52 metros de largo y ocupa uno de los segmentos más disputados del mercado europeo. En ese batiburrillo de opciones conviven decenas de modelos chinos, alemanes, coreanos y franceses que compiten a codazos en precio, autonomía y tamaño de pantalla. En ese tablero de ajedrez tan concurrido, el Tonale ha decidido jugar con unas fichas distintas.

El cambio más visible está en el frontal. La nueva parrilla triangular, el Scudetto, bebe directamente del Alfa Romeo 33 Stradale, ese deportivo mítico de los años sesenta que la marca resucitó en 2024 en una edición limitadísima y que dejó a más de uno sin palabras, y a muchos cabreados.

En petit comité nos cuentan que más de medio centenar de clientes se cogieron un cabreo de dimensiones cósmicas al saberse fuera de los 33 afortunados que se hicieron con una unidad. Hubo quien pidió dos y le dieron con la puerta del garaje en la cara.

El resultado del cambio estético es un morro más expresivo, más reconocible, con grandes tomas de aire que no son solo decoración y una personalidad que se impone de un vistazo. La matrícula, que antes colgaba de un lateral con el aire de quien ha llegado por error, ha pasado al centro del paragolpes, abajo del todo, donde resulta menos ácida para la vista.

Por dentro, el Veloce mantiene la lógica de quien tiene las cosas claras. El salpicadero no ha cambiado en su arquitectura, lo que significa que el cuadro digital de 12,3 pulgadas y la pantalla táctil central de 10,25 siguen en su sitio, a una altura razonable y con un tamaño que no intenta competir con la tele del salón. Puede parecer poca pantalla, pero todo está donde debe y funciona correctamente.

Lo que sí ha desaparecido es la palanca de cambios del modelo anterior, sustituida por una rueda plana que libera espacio en la consola central y la deja más despejada. Ese hueco ha ganado una bandeja de carga inalámbrica para el móvil, detalle que en la práctica agradece cualquiera que pasa horas al volante. Las levas de cambio, de aluminio, fijas al salpicadero y no al volante, siguen ahí: grandes y con la chulería de una máquina de carreras que pide guerra.

Bajo el capó del Veloce vive un conjunto híbrido enchufable que suma 270 caballos y tracción total. Es el sistema Q4 que Alfa denomina con esa sencillez que tanto gusta a los italianos cuando quieren parecer más serios. El motor de gasolina y el eléctrico trabajan juntos para llevar el coche de cero a cien en 6,6 segundos. Es una cifra que en un SUV familiar resulta más que suficiente para que el conductor de al lado en el semáforo empiece a reconsiderar sus opciones para una futura adquisición.

La autonomía eléctrica homologada ronda los 61 kilómetros en ciclo WLTP, y la potencia máxima de carga se queda en 7,4 kilovatios (kW) en corriente alterna. Algunos rivales ya ofrecen carga rápida en continua a 50 kW, algo que en Alfa deberían haber revisado. No lo han hecho, y es algo a mejorar en la siguiente generación.

Pero… lo que realmente define la experiencia de conducir el Tonale Veloce no es la pantalla, ni el selector circular, ni los datos de carga. Son las suspensiones y su tarado. En modo normal, el Veloce se comporta como un SUV compacto bien plantado: cómodo, ágil en ciudad, sin alharacas. Pero cuando se toca un botoncito que comparte con el selector de modo, amigos, Superman sale del armario. O del maletero.

De cordero a lobo

La dirección es rápida, más directa que la de sus rivales más cercanos, y aquí es una de las esquinas donde asoma el espíritu de la marca. Gracias a su equilibrado, el conjunto rueda con una corrección que no desentona en ningún entorno. Pero llega el momento en que se pulsa el botón del modo Dynamic, activa la suspensión en su configuración dura, y el coche parece otro distinto.

El cambio es genuinamente radical. No es esa diferencia cosmética que ofrecen muchos modos deportivos, que básicamente endurece el acelerador para crear la ilusión de que algo ha ocurrido. Aquí la suspensión se tensa de verdad, el cuerpo del coche deja de flotar, empieza a transmitir, y las curvas de una carretera secundaria pasan de ser un trámite a convertirse en algo que saca una sonrisa del conductor inquieto.

A partir de ahí, el Tonale apoya con firmeza. Los balanceos desaparecen sin que la suspensión se vuelva enemiga del asfalto, y los 270 caballos encuentran una plataforma que los justifica. No es un Stelvio, que sigue siendo la referencia cuando hablamos de dinamismo en el universo SUV, con su plataforma Giorgio. El Tonale, con su vocación más familiar, no se plantea igualarlo. Pero en esas curvas, con la suspensión dura y el modo Dynamic activo, el Veloce hace algo que muy pocos SUV compactos son capaces de hacer: divertir.

Un comportamiento poco habitual

Comparado con la competencia directa, el mediano de Alfa vive en un territorio peculiar. Los SUV coreanos y alemanes de su categoría ofrecen más autonomía eléctrica y, en muchos casos, carga más rápida; son propuestas más racionales y más completas sobre papel.

Los chinos, que han llegado al segmento con precios agresivos y equipamientos abultados, juegan en un terreno donde el Tonale no quiere competir. Hace bien en no hacerlo. Ninguno de ellos, sin embargo, tiene ese momento cuando la suspensión se endurece y el SUV deja de comportarse como un SUV. Esa es la ventaja que este lleva en el bolsillo y que ninguna hoja de especificaciones es capaz de transmitir con justicia. Si necesitas un SUV, pero te gustaría un Giulia, este es sin duda tu coche.

Y para convencerte, la marca ha ampliado la gama de acabados a cuatro niveles. El Veloce que nos ocupa representa la cumbre de la propuesta: precio de partida en 51.600 euros para la versión híbrida enchufable, que es la única que alberga los 270 caballos con la tracción total.

Dos coches por el precio de uno

No es un coche barato, y en ese rango de precio la competencia es también feroz. Pero el Tonale Veloce no le pide al comprador que elija entre eficiencia y disfrute, sino que le ofrece las dos cosas y un botón para decidir cuándo quiere cada una.

El Alfa Romeo Tonale Veloce no es el SUV más eficiente de su categoría, ni el más espacioso, ni el que carga más rápido; que sea el más bonito es ya una cuestión de gustos. Pero queda clara una cosa: es el que más se recuerda cuando te bajas del coche. Y en un segmento donde la mayoría de los modelos se olvidan antes de llegar a casa, es un argumento difícil de rebatir. Superman tendrá que hablar con Lois Lane acerca de este coche cuando decidan montar una familia.

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