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Škoda Epiq, el eléctrico fabricado en Navarra que promete costar lo mismo que un gasolina

Los checos han logrado cumplir lo que nadie: modelos eléctricos más baratos que sus hermanos de gasolina

Škoda Epiq, el eléctrico fabricado en Navarra que promete costar lo mismo que un gasolina

Škoda Epiq.

La promesa de la industria lleva años sin cumplirse. Esa de que algún día un coche enchufable costará lo mismo que uno con depósito. Pero esa promesa cumplida parece haber llegado desde Praga, donde una marca con fama de práctica y de mirar la cartera del cliente ha decidido que su utilitario eléctrico valga lo mismo que su equivalente de gasolina. Se llama Škoda Epiq y muchos esperan que su precio sea justo eso: épico.

El Škoda Epiq se acaba de presentar como el punto de entrada a su familia eléctrica. A la vez, es una pieza clave en su plan de duplicar la gama cero emisiones antes de que acabe el año. Se trata de un SUV compacto de apenas 4,17 metros que comparte ADN con el Cupra Raval, el Volkswagen ID. Polo y el futuro ID. Cross. Cuatro hermanos nacidos de la misma plataforma, repartidos entre Martorell y Navarra, que el Grupo Volkswagen lanza casi en tromba sobre un segmento B que empieza a burbujear.

Conviene detenerse en ese detalle de fabricación, porque tiene más enjundia de la que parece. El Epiq se ensambla en Landaben, Navarra, dentro de una cadena de producción que el grupo está armando en España. A ella se suma la futura planta de baterías de PowerCo en Sagunto, que pronto nutrirá tanto a los modelos catalanes como a los navarros. De momento, las celdas todavía vienen desde fuera, pero falta poco para que estos eléctricos puedan presumir de ser nacionales al 100%.

Su diseño estrena el lenguaje modern solid de la marca. A su dictado, el frontal luce una parrilla cerrada en negro brillante que esconde sensores, radar y cámara, presidida por una firma luminosa en forma de T que se repite en la zaga. Las formas son cuadradas, casi a escuadra y cartabón, pero el conjunto resulta moderno y sólido, con una toma de aire de franjas verticales que aporta un toque distintivo.

Lo verdaderamente meritorio del exterior no se ve a simple vista. Bajo su carrocería de aspecto robusto se esconde un trabajo aerodinámico de orden mayor, con un coeficiente de 0,275 que resulta excelente para un SUV de líneas tan rectas. Las lamas de refrigeración activas se cierran solas cuando la batería no necesita aire, las llantas reciben un tratamiento aerodinámico agresivo en tamaños de 17 a 19 pulgadas y la línea volcano del lateral oculta unas cortinas de aire. Todo suma.

El interior es donde Škoda saca a relucir su célebre filosofía y eslogan: «Simply Clever», ese empeño casi obsesivo por lo práctico que distingue a la marca dentro del grupo. Hay huecos por todas partes, una consola central flotante con carga inalámbrica, portabotellas de hasta litro y medio delante y hasta un paraguas insertado en el marco de la puerta. Detalles menudos, fáciles de pasar por alto, que en el uso diario marcan la diferencia entre un coche que se padece y uno que se disfruta.

A bordo manda una pantalla central de 13 pulgadas con procesador Snapdragon, acompañada de un cuadro de instrumentos digital más bien diminuto, de 5,3 pulgadas. La buena noticia es que regresan los botones físicos bajo la pantalla y en el volante, un carril tan criticado que el grupo inició con el Volkswagen ID.3. El climatizador sigue desde la pantalla, aunque al menos está a la vista en una zona de acceso rápido y permanente.

La habitabilidad es uno de sus argumentos más sólidos. Pese a medir siete centímetros menos que el Kamiq de gasolina, el Epiq ofrece más espacio interior gracias a las ventajas de su arquitectura eléctrica. Detrás caben tres adultos algo justos, pero dos viajan con holgura, y el piso completamente plano libera las piernas. El maletero alcanza los 475 litros, una auténtica barbaridad para un coche tan pequeño, que escalan hasta 1.344 si se abaten los respaldos, unas cotas de líder indiscutible en su clase.

Y por si la cueva trasera no bastara, en el frontal aguarda un frunk de 25 litros, modesto pero suficiente para tragarse el cable de carga y mantenerlo separado del resto del equipaje. Todos los materiales del habitáculo se fabrican con tejidos completamtente reciclados, repartidos en tres ambientes interiores llamados Studio, Loft y Suite.

La seguridad recibe un giro de tuerca con hasta nueve airbags de serie, incluido el central entre los asientos delanteros, una dotación que delata ambición por ir un paso por delante.

Bajo el suelo, el Epiq estrena en Škoda la plataforma MEB+, una evolución de la arquitectura eléctrica del grupo que llega con mejoras tangibles. La tracción se ha llevado al eje delantero, lo que permite ese maletero descomunal, y por fin se montan frenos de disco en el eje trasero, en lugar de tambores. El tacto de la frenada regenerativa también se ha pulido, y muerde en la yugular a una de las quejas históricas de los eléctricos de sus primeras generaciones.

La gama se ordena en tres versiones de nombre numérico. El Epiq 35, de acceso, rinde 116 caballos y monta una batería LFP de 37 kilovatios hora (kWh) para unos 315 kilómetros de autonomía homologada. El Epiq 40 sube a 135 caballos con la misma batería y rango similar. Pero el protagonista es el Epiq 55, que estrena un acumulador NMC de 51,7 kWh, ofrece 211 caballos y homologa 430 kilómetros, para acelerar de cero a cien en 7,4 segundos. Una progresión lógica, calcada de la que el grupo aplica a sus hermanos de plataforma.

En materia de recarga, el Epiq 35 va un poco justo y admite apenas 50 kW en corriente continua, una potencia urbana y para quienes no requieran mucho en este aspecto. El 40 sube a 90 kW y se carga del 10 al 80% en 28 minutos. El 55, el más equilibrado, alcanza un pico de 125 kW que reduce ese tramo a 23 minutos. Toda la gama carga a 11 kW en alterna e incorpora carga bidireccional V2L para alimentar dispositivos externos.

La dotación tecnológica sorprende para el segmento. Hay un Travel Assist 3.0 con parada automática ante semáforos y señales de stop, Cross Assist con radares en las esquinas para cruces de poca visibilidad, cámara Top View de 360 grados con visión cenital en tres dimensiones y un asistente de aparcamiento entrenado, capaz de memorizar la maniobra de entrada al garaje de casa. La llave digital a través del móvil debuta también en la marca. Equipamiento de coche grande embutido en una carrocería de coche pequeño.

El sorpasso

Llegamos a la cuestión que de verdad importa, esa que sostiene todo el argumento del Epiq. En España, Škoda apunta a un precio en torno a los 25.000 euros, cuando el Kamiq de gasolina parte de 28.150. No hablamos, pues, de mera paridad con el térmico, sino directamente de un eléctrico más barato que su equivalente de combustión, algo casi inédito hasta ahora. El primero en llegar será el Epiq 55 en otoño de 2026, mientras que el 35 y el 40 abrirán pedidos en noviembre y la futura variante Sportline no asomará hasta 2027.

El Epiq aterriza en un segmento que arde, donde tendrá que medirse con el Renault 4 E-Tech, el Kia EV2, el Citroën ë-C3, el Jeep Avenger o el Hyundai Inster, entre muchos otros, además de con sus propios hermanos de grupo. Su baza no es la potencia ni la autonomía, sino el equilibrio, la practicidad llevada al extremo y, sobre todo, ese precio que rompe la baraja. Si Škoda cumple lo prometido, el Epiq no será solo un eléctrico pequeño más. Será el coche que, por fin, deje sin excusas al comprador indeciso.

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