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Hyundai Santa Fe 2026, el SUV familiar de mayor capacidad sin parecerlo

La marca coreana ofrece mejoras sustanciales en un diseño ya conocido y muy aceptado

Hyundai Santa Fe 2026, el SUV familiar de mayor capacidad sin parecerlo

Hyundai Santa Fe 2026.

Evolucionar, más que revolucionar. Hyundai se abona a la máxima de lo práctico, a eso de no retorcer lo que funciona, sino aderezarlo con lo deseable, añadir sin restar. La quinta generación del SUV coreano muta lo justo para no perder su alma y mantenerse como un referente en su categoría.

El nuevo Hyundai Santa Fe 2026 aterrizó en los concesionarios españoles con el cambio de año y un puñado de retoques a cuestas. Parecen menores sobre el papel, pero transforman bastante la experiencia diaria. La gama mantiene los niveles de acabado ya conocidos y conserva el diseño cúbico que firmó el español Eduardo Ramírez al frente del estudio que posee la marca en el Viejo Continente. Pero hay algún cambio bajo el capó.

Estrena dos motorizaciones recalibradas y una caja de cambios renovada en la versión enchufable. Lo demás son matices, favorecedores en todo caso. El bloque de gasolina continúa como el conocido turbo de cuatro cilindros y 1,6 litros, pero su conjunto híbrido convencional pasa ahora a entregar 239 caballos combinados frente a los 215 de antes.

La caja automática es de seis velocidades y se ofrece tanto con tracción delantera como a las cuatro ruedas. La etiqueta ECO se mantiene, el 0 a 100 queda en 9,8 segundos y el consumo homologado WLTP ronda los 7 litros cada 100 kilómetros. Es una cifra bastante contenida para un coche que pesa más de dos toneladas.

Es en la versión enchufable donde Hyundai ha movido más fichas. Los 253 caballos anteriores ascienden ahora a unos generosos 288. El cambio automático crece de seis a ocho marchas, una mejora que se nota sobre todo en la fluidez de las transiciones a velocidad de crucero. La batería de 13,8 kilovatios hora (kWh) permite recorrer hasta 54 kilómetros en modo eléctrico, muy de agradecer en entornos donde los alcaldes exijan el correspondiente tributo atmosférico en sus dominios. El mundo cambia, nuestros coches también.

Espacio muy aprovechado

Al sentarse al volante, se aprecia dónde el Santa Fe se desmarca del resto. La posición es elevada, pero sin resultar la propia de un camión. La visibilidad frontal aprovecha esos cantos rectos para que uno sepa con bastante exactitud dónde acaba el capó. El habitáculo es de los pocos en este segmento donde la tercera fila de asientos no parece una maldición bíblica.

Un adulto puede viajar atrás con las limitaciones obvias, pero sin protestar, algo que muy pocos rivales logran. Si a ello se suman 12 posavasos desparramados por todo su interior, seis de ellos en la fila central, harán de un viaje una experiencia más placentera.

Sobre asfalto, el Santa Fe pide tiempo y calma. La dirección es ligera, casi de utilitario a baja velocidad, lo que hace que aparcar sus 4,83 metros sea fácil. En carretera abierta, esa misma ligereza se traduce en una suavidad que resulta cómoda y que invita a un ritmo tranquilo más que a un trazado entusiasta.

La suspensión filtra bien el bache pequeño y absorbe el resalto medio sin que la carrocería rebote. Los baches grandes ya son más complicados, y en el gigante coreano se percibe una sacudida algo más difícil de digerir, algo normal en todos los modelos de este calibre.

En autopista, el Santa Fe se transforma en un crucero. El aislamiento acústico es notable, el viento apenas se cuela pese a la silueta cuadrangular, y la conducción adaptativa con función Stop & Go funciona con suavidad relojera. El sistema de cámaras integradas en los retrovisores exteriores muestra el ángulo muerto en el cuadro de instrumentos al accionar el intermitente. Es uno de esos detalles que se echan de menos al volver a otro coche. Hyundai eleva su listón.

Motores para cruceros cómodos

El bloque turbo de gasolina suena bien hasta que se le exige. A fondo —en especial en la versión híbrida no enchufable—, el cuatro cilindros adquiere una personalidad más temperamental. No es un problema, pero sí un recordatorio de que este SUV está diseñado para viajar como en un crucero por el Caribe, no para echar carreras. En todo caso, no es nada molesto, e incluso habrá quien lo encuentre atractivo. En modo eléctrico puro, sin embargo, el silencio es de cocina industrial recién apagada.

Entre las virtudes figura un maletero de 628 litros con la tercera fila plegada. Crece hasta 1.949, cuando se abaten también los asientos centrales. La versión enchufable cede algunos litros por la batería: 621 y 1.942, por ese orden. El portón trasero abre alto y deja un umbral muy bajo, lo que facilita cargar bicicletas, equipaje voluminoso o ese cacharro que compraste en el Decathlon para hacer ejercicio en casa. Una bandeja de esterilización ultravioleta en la guantera superior es una rareza inédita.

Y llegan los conciertos. El Santa Fe es el campeón europeo del aviso sonoro: pita cuando detecta un cambio de límite de velocidad, pita cuando se rebasa por uno o dos kilómetros por hora, pita cuando el conductor mira a un lado para incorporarse a una rotonda y pita cuando cree que ha pitado poco. Existe un atajo en el volante para silenciar el sistema, pero la normativa europea obliga a que se reactive en cada arranque. Es una guerra perdida. Cosas de Bruselas, sus coles y sus manías.

Equipamiento de gama superior

El acabado Maxx ya viene equipado con generosidad, con doble pantalla de 12,3 pulgadas, faros LED, llantas de 18 pulgadas, climatizador bizona, portón eléctrico con apertura manos libres y el paquete completo de asistencias activas. El Tecno añade cuero, llantas de 20 pulgadas, asientos eléctricos ventilados y una excelente cámara perimetral. El Style añade techo solar, equipo de sonido firmado por Bose, llave digital y heads-up display. El Calligraphy remata la jugada con cuero napa, masaje en los asientos delanteros y un retrovisor digital bastante útil.

Los precios arrancan en 55.391 euros para el híbrido Maxx con tracción delantera y trepan hasta los 67.765 euros del enchufable Calligraphy. La versión enchufable supone alrededor de 4.800 euros más sobre el híbrido equivalente, un sobrecoste que compensa si la rutina diaria permite cargar y aprovechar los 54 kilómetros eléctricos. En caso contrario, el híbrido normal sigue como la elección más sensata por equilibrio de uso y consumo real.

Dura competencia para el resto

El Santa Fe 2026 no es el SUV familiar más eficiente del mercado, ni el más afilado en curva, ni el más barato, pero puede que sea el más equilibrado y completo a cambio de lo que pide su fabricante. Es un coche pensado para familias que necesitan siete plazas reales, que valoran la habitabilidad por encima de la deportividad y que buscan un equipamiento difícil de igualar a este precio.

Quien necesite mover a una familia grande con tecnología prémium, siete plazas habitables y diseño que llama la atención sin inventos raros, encontrará pocos rivales tan compuestos. El Santa Fe ha entendido algo que otros olvidan: a veces, el SUV familiar más útil es el que se niega a parecerse a los demás.

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