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Hyundai Ioniq 3, el heredero eléctrico del Veloster que quiere que te olvides de la gasolina

Los coreanos aplican algo de lo que carecen muchos coches a batería: emocionalidad, y es algo que suele funcionar

Hyundai Ioniq 3, el heredero eléctrico del Veloster que quiere que te olvides de la gasolina

Hyundai Ioniq 3.

Voltaire decía que meter ideas en la cabeza de la gente es muy fácil. Lo en verdad difícil es sacar las que ya tenían. La industria automovilística pelea contra muchos prejuicios en contra del coche eléctrico, algunos bastante fundados. Pero muchos de ellos se disipan cuando lo emocional pasa por encima, y el Hyundai Ioniq 3 es el tipo de coche llamado a ser de esos.

Sí, de acuerdo. Son caros, su autonomía es discutible, no todos tienen dónde cargarlos… Todo esto es cierto, pero, de forma paulatina, los eléctricos abaratan su acceso, la autonomía se incrementa con cada generación y las soluciones de carga se multiplican. Si además se añaden características y prestaciones excitantes, las excusas se agotan.

Hyundai ha puesto sobre la mesa el Ioniq 3, un modelo que parece allanar el camino. De paso, lo ha hecho de forma que nadie lo confunda con otro compacto eléctrico más. Es el nuevo escalón de acceso a la familia IONIQ, un coche de 4,15 metros que llega con traje de «Aero Hatch», alma europea y un cierto aire a Veloster resucitado.

El diseño es la primera carta que enseña. Hyundai habla del «Art of Steel» (lit.: «el arte del acero»), una filosofía que intenta trasladar al coche la tensión del acero, sus pliegues y esa forma de parecer duro sin caer en lo brutalista. El morro es bajo, los faros LED albergan una firma pixelada y los cuatro puntos de luz centrales recuerdan a la letra H, la inicial de la marca. Parece una broma entre ingenieros, un ‘agárrame el cubata’, pero de las que quedan bien.

La silueta es lo que más carácter le aporta. No es un SUV al uso, ni un turismo clásico, ni uno de esos crossover que parecen haber subido sobre unos zapatos de plataforma. Hyundai lo denomina «Aero Hatch» y la idea tiene cierto sentido: techo largo, caída suave hacia atrás, alerón integrado y un coeficiente aerodinámico estimado de 0,26.

La versión N Line añade fuerza a esa lectura deportiva, con paragolpes más marcados, difusor trasero y llantas que pueden llegar a 19 pulgadas. En los acabados de acceso su aspecto es más sobrio, pero el Ioniq 3 conserva esa zaga tan peculiar, con pilotos delgados, firma luminosa horizontal y un remate que recuerda al citado Veloster.

Sus proporciones ayudan a entender la jugada. Mide 4.155 milímetros de largo (4.170 en el N Line), con 1.800 de ancho, 1.505 de alto y una distancia entre ejes de 2.680 milímetros. Es decir, un compacto de tamaño contenido, pero con distancia entre ejes suficiente para sacar partido a una plataforma eléctrica.

Por dentro, Hyundai ha optado por una receta más sensata que espectacular. Hay una pequeña instrumentación digital situada en el campo de visión del conductor y una pantalla central de 12,9 o 14,6 pulgadas, según acabado. El corazón del sistema es Pleos Connect, el nuevo software de infoentretenimiento de la marca basado en Android Automotive OS. Será el primer Hyundai europeo con esta tecnología.

Hyundai ha entendido una cosa que otros fabricantes están tardando en aceptar: la pantallitis es una dolencia que tiene cura. Por eso, y ya vacunados contra esta plaga de origen teslero, bajo el monitor central quedan mandos físicos para funciones de uso diario, como climatización o asientos. Es una buena noticia para quienes no quieren entrar en una cascada de menús para subir dos grados la temperatura. El progreso está muy bien, pero cuando uno tiene frío en enero, el dedo quiere un botón, no un curso de lanzamiento de cohetes de la NASA.

El habitáculo se articula bajo el concepto «Furnished Space» (lit.: «espacio amueblado»), una forma algo pomposa de decir que el interior quiere parecer una pequeña sala de estar. El suelo plano, la batalla larga y la arquitectura eléctrica permiten que el espacio disponible sea mayor de lo que sugieren sus cotas. Hyundai asegura que tres adultos pueden ocupar las plazas traseras con un grado de confort digno. Eso sí, el adulto central agradecerá no tener vocación de pívot de la ACB.

El maletero ofrece 441 litros, aunque la cifra tiene truco. Hay 322 litros en el compartimento principal y otros 119 litros bajo el suelo, en una zona llamada Megabox. Es un hueco útil para cables, mochilas o una maleta de cierto tamaño. En un eléctrico urbano y familiar, ese doble fondo tiene más sentido que muchos alerones de pega.

La dotación podrá incluir equipo de la marca Bose, iluminación ambiental LED, climatizador bizona, llave digital y asientos calefactados y ventilados. También habrá Hyundai Digital Key 2, planificador de rutas para vehículo eléctrico y función V2L, tanto dentro como fuera del coche. Eso permite usar la batería para alimentar dispositivos externos.

La seguridad contará con el paquete SmartSense, más palabros en inglés, con asistente de conducción en autopista HDA2, monitor de ángulo muerto, visión periférica, asistente remoto de aparcamiento y función de memoria para maniobras de marcha atrás. Este tipo de asistentes ya no son territorio de berlinas caras, y en un compacto de acceso a la gama eléctrica cobran un valor claro. Lo ideal sería que ayudasen sin convertirse en una banda municipal de pitidos, campanillas, alarmas y ruiditos.

Propulsión sin excesos

La parte mecánica apuesta por una lógica sin excesos. El Ioniq 3 se basa en la plataforma E-GMP del grupo Hyundai, pero con arquitectura de 400 voltios. No tendrá las cargas ultrarrápidas de los Ioniq 5 o Ioniq 6, pero su planteamiento tiene sentido: reducir coste, conservar una recarga solvente y ofrecer cifras adecuadas al uso real.

Habrá dos baterías NMC. La de acceso tendrá 42,2 kilovatios hora (kWh) y una autonomía prevista WLTP superior a 344 kilómetros, aunque algunas cifras previas hablan de 335. La variante de mayor alcance montará 61 kWh y superará los 496 kilómetros previstos, con datos de entorno que rondan los 490. En ambos casos, las cifras quedan sujetas a homologación final. Lo relevante es que Hyundai apunta a ese umbral psicológico de los 500 kilómetros, donde muchos compradores dejan de mirar el enchufe con cara de susto.

La potencia llega a 107,8 kilovatios (kW), unos 147 caballos (CV), en una de las versiones, y a 99,5 kW, unos 135 CV, en otra configuración. El par máximo será de 250 newton metro (Nm), la tracción delantera y la velocidad punta, 170 km/h. La aceleración de 0 a 100 km/h queda en 9,0 segundos para la batería estándar y 9,6 para la de mayor capacidad.

Práctico, más que espectacular

La carga rápida en corriente continua permitirá pasar del 10 al 80% en unos 30 minutos. En corriente alterna habrá carga de 11 kW de serie y opción de 22 kW, una cifra útil para quien use cargadores urbanos o de empresa. En este punto, Hyundai ha sido pragmática: no presume de una tecnología imposible de aprovechar, sino de una solución que encaja con la vida diaria.

Frente a sus rivales, el Ioniq 3 llega a una zona del mercado cada día más populosa. Ahí están el nuevo Volkswagen ID.3, el Cupra Born, el MG4, el BYD Dolphin, el Renault Mégane E-Tech y el propio Kia EV3, que comparte grupo y filosofía eléctrica. El Hyundai no parece querer ganar solo por precio, sino por equilibrio: tamaño contenido, diseño con personalidad, buena autonomía, interior aprovechado y una red de marca ya conocida.

El MG4 seguirá como amenaza por coste, el BYD Dolphin por agresividad comercial y el Cupra Born por imagen. El Volkswagen ID.3 conserva nombre y veteranía, aunque ya no sorprende como antes, y el Renault Mégane E-Tech ofrece una receta más madura y muy europea. Frente a todos ellos, el Ioniq 3 tendrá que convencer con una mezcla de sensatez y descaro.

Sin precio aún

La llegada comercial se espera durante la segunda mitad de 2026, aunque los precios aún no están cerrados. La previsión apunta a una tarifa de partida cercana a los 30.000 euros antes de ayudas, una frontera delicada. Si Hyundai consigue mantenerse ahí, el Ioniq 3 puede dar guerra seria; si se va mucho más arriba, los chinos le van a aplaudir desde la lejanía.

El Hyundai Ioniq 3 no es el eléctrico más radical, ni el más grande, ni el más rápido, y quizá esa sea su virtud. Tiene un diseño con gracia, una autonomía que barre excusas, un interior más listo que pomposo y una tecnología que promete facilitar el uso sin marear al conductor. Es un coche pensado para Europa que sabrá hacer sonreír. En Hyundai esperan hacerlo más que el resto mientras recuerdan a François-Marie Arouet, también conocido como Voltaire, nada que ver con voltios.

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