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Lucid Gravity, el SUV eléctrico americano que llega a Europa a por los alemanes

Las marcas estadounidenses casi desaparecieron del viejo continente, pero vienen de vuelta

Lucid Gravity, el SUV eléctrico americano que llega a Europa a por los alemanes

El nuevo Lucid Gravity.

Llega desde Silicon Valley como cuando llegó Tesla. Pero desde entonces ha pasado mucho tiempo, la imagen del coche eléctrico ha cambiado, y también su tecnología y capacidades. Tras la buena aceptación del Lucid Air en su terreno, los norteamericanos arrancan el asalto al mercado europeo con un modelo que el Porsche Cayenne eléctrico mira de reojo: el Lucid Gravity.

Esta es la segunda apuesta de la firma californiana, el Air, una berlina que colocó a la marca en el mapa del lujo eléctrico. Ahora llega el SUV familiar, en versiones Touring y Grand Touring, o sea, grande o más grande aún. La promesa que carga en su amplio maletero afirma albergar una tecnología y un motor propios que pueden dar una respuesta distinta a la de Stuttgart o Múnich. El Gravity está ya disponible en Alemania, Suiza, Países Bajos y Noruega, con España en los próximos meses.

Mide nada menos que 5.035 milímetros de largo, lo que lo convierte en uno de los SUV eléctricos más grandes del mercado, aunque sus proporciones no resultan tan desproporcionadas como pueda parecer. El frontal es tenso y musculoso, con una banda luminosa que cruza de lado a lado y tiradores eléctricos enrasados que emergen al acercarse. Las llantas de 22 pulgadas en el eje delantero y 23 en el trasero, calzadas con Pirelli de alto rendimiento, completan la imagen.

El coeficiente aerodinámico de 0,24 se logra gracias a un parabrisas muy inclinado, un spoiler activo en la zaga y un cuidado trabajo en cada panel. La parte trasera tiene líneas de monovolumen, con una caída del techo lenta hacia un alerón que prolonga la línea con cierta elegancia que recuerda al SsangYong Rodius. A pesar de las generosas cotas, desde ciertos ángulos, el Gravity parece más pequeño de lo que es.

Por dentro, el puesto de conducción no deja dudas de que apunta alto. Muy alto. Una pantalla OLED de 34 pulgadas con resolución 6K integra instrumentación y multimedia en un mismo display. Con semejante definición, supera a lo que encontramos en la mayoría de los televisores domésticos de mejor calidad. Los materiales encajan sin crujidos, con una cohesión que algunos europeos de gama alta deberían estudiar con más detenimiento. De un tiempo a esta parte, las prisas por acabar cada unidad y el abaratamiento de la producción los han llevado a imperfecciones impensables hace años.

El sistema se maneja también desde dos controles táctiles en el volante, sin necesidad de estirar el brazo hacia la pantalla principal. Para la climatización, hay botones físicos en la parte inferior del salpicadero, una decisión que agradece cualquier conductor que haya tenido que navegar cuatro submenús para subir dos grados en movimiento. Es un detalle pequeño, pero en el uso diario marca la diferencia entre un sistema intuitivo y uno que acaba por desesperar.

El habitáculo trasero tiene la lógica de un vehículo concebido desde cero como eléctrico: sin túnel de transmisión, con espacio real para tres adultos en la segunda fila, mesas plegables en los respaldos y puertos USB-C, más una toma de 230 voltios. La tercera fila aloja a un adulto de estatura media con las rodillas a una distancia razonable de las plazas delanteras, convirtiéndola en una plaza utilizable y no en el habitual implemento de tortura. Siete plazas reales siguen siendo una rareza en eléctricos.

El maletero, con las tres filas en uso, ofrece 780 litros, pero con los asientos abatidos, supera los 2.300. Da para una piscina municipal. El maletero delantero suma otros 230 litros. Como detalle exótico en la categoría, incorpora una superficie sobre la que sentarse, algo que ayudaría en una parada para convertirla en algo más parecido a un pícnic que a una espera junto a un surtidor. Este tipo de detalles son los que convierten las especificaciones en vivencias.

La propulsión es donde Lucid defiende su credencial más contundente. Su motor Zeus pesa 3,4 kilos, cabe en una maleta aceptable por Ryanair en cabina y genera hasta 670 caballos. Dos de estos motores ensamblados suman 1.340 caballos, cifra que pertenece al catálogo de la hipérbole, pero que ilustra el margen de desarrollo que ofrece la plataforma para los futuros modelos compactos de la marca.

El Grand Touring monta dos motores de imanes permanentes con tracción total y 839 caballos. La batería de 123 kWh permite una autonomía de hasta 748 kilómetros en ciclo WLTP y la recarga en corriente continua alcanza los 400 kilovatios (kW), convirtiendo una parada en unos pocos minutos del mundo real. El Touring, con 569 caballos, 89 kilovatios hora (kWh) y hasta 545 kilómetros de autonomía, admite 250 kW de recarga y ofrece un precio de entrada más contenido para quien no necesite el máximo.

Al volante, el Gravity resulta más manejable de lo que su tonelaje sugiere. La direccionalidad en su eje trasero reduce el radio de giro y proporciona un control de trayectoria más preciso del esperado en un vehículo de estas dimensiones. Los tres modos de conducción —Smooth, Swift y Sprint— modifican la suspensión neumática, el acelerador y la dirección de forma perceptible. El cambio más efectivo entre modos es el de la dirección: más dura, más precisa y concede más confianza en cada curva, al menos en su tacto.

El aislamiento acústico es uno de sus grandes aciertos. Los cristales de mayor grosor filtran el ruido con eficacia y la suspensión neumática se ajusta de forma individual en cada rueda. El coche pesa más de 2.500 kilos con la batería del Grand Touring, algo perceptible en las maniobras más extremas, aunque el conjunto responde con más agilidad de la esperada; el eje trasero siempre ayuda. Para confort de largo recorrido combinado con prestaciones de deportivo, las alternativas en el mercado son realmente escasas.

En Alemania, el Gravity Touring arranca en 99.900 euros y el Grand Touring en 116.900, sin descuentos ni ayudas. A falta de precio confirmado para España, la referencia alemana permite orientarse. La compañía Lucid Motors no compite en precio, sino en argumentos: motor propio, batería propia, plataforma exclusiva y una propuesta que no depende de ningún proveedor externo para definir su identidad técnica. Una receta muy similar a la de Tesla y que muy pocos poseen.

Un segmento que crece

La llegada de Lucid a Europa se produce en un momento en que el mercado de lujo eléctrico empieza a mostrar sus fracturas: algunos modelos prometían y han decepcionado en autonomía real, otros llegaron tarde y el comprador ya había tomado otra decisión. Lucid llega al viejo continente a la hora de los postres, pero con tiempo suficiente para aprender de los errores ajenos y la claridad de quien no tiene que defender una herencia industrial del siglo pasado.

El Lucid Gravity es para quien entiende que un coche familiar no tiene por qué ser aburrido, ni uno potente tiene que ser poco práctico. Su comprador es exigente, curioso con la tecnología y dispuesto a apostar por una marca sin décadas de escaparate europeo, pero con una buena carta de presentación. En un mercado donde los SUV de lujo proliferan como franquicias de centro comercial, que alguien construya algo desde cero con argumento propio merece, como mínimo, que le prestemos atención. BMW, Audi, Mercedes y Porsche miran con un catalejo en cada ojo.

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