El Leapmotor B05 ‘Made in Spain’ deja en evidencia a muchos de sus rivales europeos
De formas suaves que recuerdan a compactos alemanes, ofrece mucho a cambio de poco, con un precio irresistible

Leapmotor B05.
Muy pocos entendieron la jugada. Stellantis, sumida en una profunda crisis y con productos que necesitan avanzar, se casó con el diablo chino. A cambio, cosecha un éxito inesperado con productos que dan mucho a cambio de poco. Y esto es justo lo que aporta el nuevo Leapmotor B05. Cuando los coches han escalado de precio como nunca, tiene elementos de los que muchos carecen.
Conocido en China como Lafa 5, tiene gesto de chico serio. Su silueta es baja para los tiempos que corren, menos suvificada que la de la mayoría, y con argumentos capaces de poner nerviosas hasta a sus marcas hermanas. En un mercado lleno de eléctricos con cara inexpresiva, este chino trae algo escaso en estos tiempos: un punto de personalidad.
Su diseño exterior mezcla varias ideas que le sientan bien. El frontal se muestra afilado, con una firma óptica agresiva y un perfil que con esas entradas de aire en la parte baja casi recuerda —salvando las distancias— al Ferrari F430. Las llantas de 19 pulgadas, las manetas enrasadas, los marcos limpios de las ventanillas y una carrocería de 4,43 metros completan un conjunto con más empaque del que suele encontrarse en su espacio comercial.
Una vez dentro nos encontramos una de las claves del B05. La marca asegura que buena parte del habitáculo recurre a materiales blandos, nada de plásticos rígidos y de aspecto baratuzo. Hay superficies que imitan la piel, inserciones con tacto de gamuza, zonas acolchadas en puertas y en el salpicadero. La atmósfera, en la versión más equipada, se acerca a un coche de un nivel superior, al menos en su percepción.
Los asientos delanteros ayudan a reforzar esa impresión. Tienen un dibujo deportivo, microperforación, calefacción, ventilación y reglajes eléctricos en seis posiciones. El volante también puede ir calefactado, detalle bendito en invierno y muy recomendable para conductores con la tensión baja. La postura al mando parece bien resuelta gracias a una instrumentación colocada en una cota alta y fija, sin que el aro del volante tape la visión.
Luego aparece el festival digital, que hoy resulta casi obligatorio en cualquier coche chino con ganas de conquistar el mundo. El sistema multimedia destaca por fluidez y rapidez, algo que no siempre puede decirse de la competencia. Hay carga inalámbrica de 50 W para móviles, puertos USB de varios tipos, cámaras de visión periférica y una buena panoplia de sensores. Tiene algo curioso: puntos de anclaje para mesas, soportes y otros accesorios en la zona del acompañante.
En el arsenal tecnológico, el B05 recurre a 27 sensores de diverso pelaje: radar, cámaras y lidar en las versiones altas, con funciones de asistencia a la conducción que incluyen control de carril, seguimiento del tráfico, cambios automáticos de trayectoria y aparcamiento autónomo. En las versiones comercializadas en China, el sistema de navegación llega a mostrar la cuenta atrás de los semáforos. Una prueba más de que los orientales enseñan el camino al resto. Europeos, despertad, que os comen.
Las plazas traseras no son muy de compacto. La distancia entre ejes, de 2,73 metros, permite una segunda fila más que correcta para su tamaño: buena para cuatro pasajeros. Y el quinto… Bueno, se trata de un compacto, no de un familiar. El maletero anuncia 435 litros, una cifra solvente en este segmento, que con los asientos abatidos se dispara hasta los 1.440 litros.
Bajo la carrocería hay una receta que gusta al aficionado al motor. El Leapmotor B05 apuesta por tracción trasera en todas las variantes conocidas, una rareza en una categoría donde casi todos tiran de eje delantero. La suspensión delantera es McPherson y detrás monta un esquema multibrazo, con un ajuste que sorprende por su equilibrio. No va blando como una barca ni seco como una tabla. Filtra bien en ciudad y mantiene el tipo cuando la carretera se retuerce con mala idea.
Una motorización única
La mecánica elegida es común en las dos versiones que llegarán al mercado español: 160 kW, equivalentes a 218 caballos, y firma un 0 a 100 km/h en 6,4 segundos. No es un misil de esos que descolocan el cuello, pero sí un compacto con buena respuesta, salida limpia de curva y un reparto de pesos que la marca cifra en 50:50.
En eficiencia, ahí sí, el B05 saca pecho. En ciudad puede moverse en el entorno de 11,6 kWh a los 100 kilómetros, una buena cifra para un coche de este tamaño y potencia. En un uso mixto, se va a los 15,1 kWh. En pocas palabras: gasta poco y eso, en un eléctrico, vale casi tanto como correr mucho.
La oferta gira, y aquí la diferencia entre siameses, alrededor de dos baterías, una de 56,2 kWh y otra de 67,1 kWh, con autonomías homologadas WLTP de 401 km y 482 km, en ese orden. La integración de la batería en el chasis convierte al acumulador en un elemento estructural del vehículo. El truco aumenta la densidad energética, reduce el peso y mejora la rigidez, al tiempo que maximiza el espacio interior. La capacidad de carga rápida de hasta 174 kW CC permite recargar la batería del 30 % al 80 % en unos 17 minutos, según el fabricante.
Y lo del precio…
Y aquí el sorpasso: el precio. El B05 arranca su gama en los 26.264 euros para el acabado Life, el de acceso, y en los 30.264 euros para el Design. Esto lo coloca en un espacio imbatible cuando lleguen las rebajas, ayudas y promociones, aunque tendrá que nadar contra corriente en un río revuelto, donde le esperan rivales con el colmillo afilado.
El MG4 ha demostrado que el coche eléctrico chino puede ser serio, eficaz y hasta divertido, con una puesta a punto muy europea y una gama apetecible. El BYD Dolphin, por su parte, pone sobre la mesa un enfoque algo más racional y familiar. Frente a ambos, el Leapmotor B05 ofrece una estética con más nervio, un habitáculo de aire más cuidado y una carga tecnológica ambiciosa. En tracción trasera y sensación de equilibrio, también tiene argumentos que exponer.
En la comparativa contra modelos europeos deja otro ángulo interesante. Frente a un Renault Mégane E-Tech o el Cupra Born, Leapmotor no puede jugar aún la baza del prestigio ni de una red comercial asentada. Pero sí que cuenta con argumentos como un buen espacio interior, consumos bajos, una carga rápida competente y una dinámica sana. Lo del precio agresivo remata la jugada, y cualquier fabricante europeo debería mirarla con una ceja levantada y la otra ya temblorosa.
Y más que puede venir
Conviene poner un asterisco sobre la futura versión Ultra, prevista con un envoltorio más agresivo, detalles aerodinámicos nuevos y rumores sobre una posible variante de doble motor. Si todo eso cristaliza, el B05 podría pasar de compacto muy sensato a pequeño gamberro con alma de GTI.
El Leapmotor B05 no busca inventar la rueda. Va al grano: diseño resultón, interior cuidado, eficiencia alta, bastidor equilibrado y una relación entre lo que cuesta y lo que da que pone nervioso a cualquiera. El B05 no parece un coche pensado para epatar al vecino del quinto, sino para convencer al conductor normal que quiere saltar al coche eléctrico sin hipotecar el alma ni padecer un tostón con ruedas. Si el público lo acepta, más de uno va a mirar su compacto de siempre y se lo va a pensar. Más de una vez.
