The Objective
Montanoscopia

Candidatos lamentables, un botarate con ínfulas y una menesterosa alimaña

«Apareció el moderador Fortes en el debate andaluz y respiré: ninguno de los candidatos era ‘lo más lamentable’»

Candidatos lamentables, un botarate con ínfulas  y una menesterosa alimaña

Candidatos a presidente de la Junta de Andalucía.

1. No pienso volver a desvelar jamás mi voto. Lo hice en las generales de 2019 y todavía me lo recuerdan. En realidad, no fue un voto, sino una abstención: mi abstención de castigo a Rivera por la peperización de Ciudadanos. La consecuencia de mi abstención (bueno, y de la de un millón de votantes de Ciudadanos más) fue la desaparición del partido. Desde entonces, mi amigo Arias, por ejemplo, dedica la mitad de sus artículos a exigirle responsabilidad al votante, y la otra mitad a meterse con el único votante que ha sido responsable en toda la historia electoral de España: ¡yo!

2. A estas alturas ya tengo decidido (¡en secreto!) mi voto (¿o mi abstención?) para las elecciones andaluzas del domingo que viene. Los candidatos son todos lamentables. Los miraba uno a uno en el debate electoral de TVE, que pillé empezado, y consideraba que no se podía ser más lamentable. Pero apareció el moderador Fortes y respiré: al menos ninguno de los candidatos era lo más lamentable.

3. La célebre apuesta de Pascal no me ha hecho creer en Dios, pero es brillante su planteamiento: la creencia en Dios es una apuesta segura, porque si Dios existe, la recompensa al morir es infinita; y si no existe, el apostante habrá llevado en todo caso la vida mejor que, según Pascal, la creencia en Dios proporciona. La alternativa: el infierno o una vida peor. Me convierto por un momento en un Iván Redondo (es decir, en un botarate con ínfulas) para el PP y le brindo una apuesta pascaliana por Juanma: votar a Juanma es una apuesta segura, porque si consigue mayoría absoluta, el alivio es infinito; y si no la consigue y tiene que pactar con Vox, el votante podrá llevar en todo caso una vida mejor que con María Jesús Montero. La alternativa: el infierno del PSOE y una vida peor.

4. Con El País no hay manera. Pensaba terminar la semana de su 50.º aniversario con algo positivo y hablé el viernes en Onda Cero del glorioso suplemento Libros. Pero llega el sábado y me encuentro en el Babelia un elogio de Altares de La valentía de decir no. ¡Cuando viene de decir «sí» en la conmemoración en que todos los del «no» estuvieron ausentes! Definitivamente, no se ven a sí mismos. No ven que ya no representan lo que proclaman, sino aproximadamente lo contrario.

5. La menesterosa alimaña Idafe pide en un tuit que los otros «se respeten un poquito». Al menos no pide algo inalcanzable: que lo respetemos un poquito a él.

6. El ridículo de Ayuso en México (sin duda asesorada por el prestigioso historiador Nacho Cano) al menos ha servido para que algunos columnistas del régimen dispongan de ese canapé en la bandeja de canapés de la actualidad para poder seguir poniéndose campanudos con asuntos menores mientras en el régimen está cayendo la que está cayendo (en la misma bandeja estaban el canapé del juicio de las mascarillas, el del desvío de dinero europeo y el del perverso sectarismo de la fiscal Peramato).

7. Sórdidas reapariciones. La de Fernando Simón, nuestra magdalena proustiana de la pandemia. Y la de Pau Marí-Klose, el Fernando Simón de la pobreza infantil.

8. Nuestro Ignacio Vidal-Folch (o sea, el Vidal-Folch bueno) ha publicado un punzante artículo contra las camisetas. Yo, como usuario de las mismas, me he sentido interpelado, si no agredido. Me veo obligado a sacar mi artillería en defensa propia, recordándole al lector aquello que destapó hace unos meses la prensa (o quizá la máquina del fango): que nuestro Ignacio Vidal-Folch escribe en chándal.

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