El siniestro era Zapatero, no sus hijas
«En el entramado de las cosas de papá aparecen las niñas, ya treintañeras, con sus nombres y apellidos»

José Luis Rodríguez Zapatero junto a su esposa y sus hijas durante la visita del matrimonio Obama a España en 2009. | Casa Blanca
Algunas personas cercanas me han preguntado si yo no iba a escribir sobre «lo de Zapatero». Tengo que reconocerles que he intentado evitarlo, conocedor de que lo iba a hacer casi todo el mundo, y un servidor, siempre tan a gusto en los márgenes, ha querido seguir fijándose en ellos, sabiendo que su valía está en refrescar la mente del monotema del momento. Buscar refugio en los personajes o temas secundarios ante la saturación y el empacho. Uno ha vomitado varias veces a Zapatero sin necesidad de escribirlo ni de digerirlo. Nunca me tragué sus palabras amables ni su famoso talante empalagoso.
Escribir sobre «lo de Zapatero» es escribir sobre la España de 2004 hasta nuestros días, ni más ni menos. Con él empezó todo, como dijo Piqué para justificar el triplete del Barça de 2015 y el año sin títulos del Real Madrid. Pero en el caso de Zapatero habría que especificar un poco más y decir que fue el principio del fin del funcionamiento político y democrático de España tal y como lo conocíamos hasta entonces. Ahora parece que el que ha llegado al final es él y con ello puede llegar un nuevo principio a nuestro ordenamiento, donde entre el aire fresco y se limpien las instituciones de arriba abajo. Espero que nuestra clase política actual haya aprendido algo y no cometa los mismos errores o delitos del pasado. Un fortalecimiento de nuestro sistema democrático y una sociedad civil que fiscalice y esté encima de los partidos políticos que ostenten poder, de que se cumplan las normas y de que nadie se beneficie ilegalmente de ello, se hace más necesario que nunca.
Pero voy a escribir sobre «lo de Zapatero». Un hombre que dice que acabó con ETA y lo que hizo fue ponerle una camisa y sentarla en nuestras instituciones. Campan por el Congreso de los Diputados pensando lo mismo de siempre, sin arrepentirse, pero eso sí, a cara descubierta y siendo relevantes para decidir la política de un país que odian. Fue el precursor de la deshonrosa y humillante amnistía a los políticos del procés con un Estatuto de Cataluña que convertía al resto de comunidades autónomas, excepto la vasca, no solo en una España de dos velocidades, sino en una que iba en el coche de los Picapiedra, y la otra en un cohete catalán caótico, como se vio con el tiempo. Zapatero fue el maestro de Sánchez y le puso ejemplos prácticos para que viera que era posible. El entrañable Bambi puso la base y Terminator Sánchez ha estado a la altura. El área de un rectángulo donde los lados para-lelos han sido muchos y necesarios.
Que Zapatero podía ser peligroso se podía ver venir. Todos los que parecen que no han roto un plato están deseando romper cualquier vajilla que no sea la suya. Y es que todo el que habla dando sermones como un cura y una voz cándida esconde a un verdadero demonio. Zapatero dijo que ser socialista era tener poco y querer dar mucho. Para muestra tenemos los botones que ustedes quieran: José Bono, Pepiño Blanco o el mismo Zapatero, y su patrimonio general —concretamente inmobiliario— y el de muchos ministros y allegados socialistas. Se quedan con las migajas y lo demás lo donan a los más necesitados, que siempre piensan que son ellos mismos. Si eres votante socialista hoy o en los últimos 22 años, entiendo tu frustración. Si te parece bien lo que hacen, sé que podré encontrarte en cualquier lugar donde se practique el sadomasoquismo.
No voy a detenerme en su relación estrecha con las dictaduras china o venezolana, en sus negocios turbios con ellas, en cómo es la figura estrella elegida por el sanchismo para intervenir en las distintas campañas electorales del último año para intentar reflotar lo que está más hundido que el Titanic y que solo floten sus ridículos resultados obtenidos. Lo que sí reflotó, parece ser, fue Plus Ultra, una compañía aérea casi sin aviones y que volaba aún menos. Siempre le gustó pilotar sobre sus sueños megalómanos. También dejaremos para otro día su chapapote particular. Si Aznar como presidente tuvo su encontronazo con el Prestige, ZP no iba a ser menos con la petrolera pública venezolana PDVSA, y ha querido gestionar algunos hilillos de manera personal.
Pero lo que un servidor no entiende es que un padre que quiera a sus hijas las meta en sus líos y negociados varios. No ver el peligro de cometer actividades ilegales ni siquiera cuando pueden repercutir en la dignidad y la libertad de ellas. Verse tan por encima del bien y del mal que le parezca imposible que nadie pueda interponerse en sus objetivos. Poner una empresa a nombre de sus hijas donde los pagos por los trabajos efectuados están tan hinchados que explotan en miles de billetes que convierten su empresa en una de las que más facturan de su sector. Y es que cuando Shakira cantaba aquello de «las mujeres facturan», yo estoy convencido de que se refería a las hijas de Zapatero. Pero ahora el castillo de naipes se ha caído, y en el entramado de las cosas de papá aparecen las niñas, ya treintañeras, con sus nombres y apellidos.
Zapatero podía haberlo evitado si no se hubiera creído un dios todopoderoso. Seguir con sus chanchullos con los que lucrarse de manera holgada y que de ello se beneficiaran las hijas sin necesidad de meterlas en una empresa con sus nombres. Que se pueda llevar a sus hijas por delante, que no viera posible ese riesgo, es lo que más me sorprende del personaje, y lo que me hace pensar que no tenía límites de ningún tipo a la hora de actuar. Sobreactuadas estaban ellas en las famosas fotos con los Obama. El siniestro era Zapatero, no sus hijas.
