The Objective
Hastío y estío

Zapatero ve las orejas al 'lobby'

«Para un lobista, mediar y medrar son palabras parecidas, pero son bien distintas»

Zapatero ve las orejas al ‘lobby’

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. | PSOE-A

Zapatero ha descubierto que el lobo no solo acecha, sino que muestra las orejas. La expresión «ver las orejas al lobo» alude a ese instante en que el peligro se vislumbra con nitidez, antes de que sus fauces se cierren por completo. No es el aullido lejano de la sospecha, sino el contorno preciso de las orejas puntiagudas asomando entre la maleza. Para el expresidente, esa revelación ha llegado con la imputación de la Audiencia Nacional, un hito inédito que lo sitúa como el presunto líder de una estructura estable y jerarquizada dedicada al tráfico de influencias.

Desde que el juez Calama lo citara a declarar el próximo 2 de junio por presuntos delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental, cada noticia asociada al míster Bean español, pero aún más torpe intelectualmente, según Felipe González o César Antonio Molina, parece más propia de una novela de John le Carré. Registros en su oficina de Ferraz, incautaciones de joyas guardadas en una caja fuerte y un torrente de informaciones que muestran un entramado transatlántico. Zapatero, el hombre que predicaba la concordia y el diálogo entre civilizaciones, mientras el hambre azotaba a un pueblo hermano como el venezolano, por donde él andaba como Pedro por su casa —monclovita—.

En medio de la austeridad de la que presumía, pues según sus propias palabras «ser socialista es tener muy poco y dar mucho», apareció en una caja fuerte de su despacho un tesoro de 103 piezas: collares con piedras preciosas, pendientes, brazaletes, sortijas y relojes de lujo. Algunas valoradas en millones, según peritos consultados. Imaginen al adalid de «vivir con poco» guardando en secreto ese ajuar, como si ese despacho fuera la cueva de Alí Babá.

Es en el capítulo venezolano donde el supuesto «buenismo» del que emanaba talante por todos sus poros se cae con todo el equipo, como en mi Real Zaragoza, donde también es imposible que se salve nadie. Las maletas o cajas CLAP —Comités Locales de Abastecimiento y Producción— fueron el mecanismo estrella del chavismo para distribuir alimentos básicos a la población empobrecida. En teoría, un gesto humanitario; en la práctica, un instrumento de control político y, según las investigaciones, de enriquecimiento ilícito. Zapatero, con su agenda cargada de encuentros con Delcy y Maduro, se beneficiaba de un sistema que se lucraba con el hambre ajena. Mientras en España hablaba de «diálogo» y «paz», en Venezuela el pueblo adelgazaba bajo un régimen que convertía la necesidad en lealtad. ZP engordaba sus cuentas a costa del raquitismo del pueblo venezolano.

Para un lobista, «mediar» y «medrar» son palabras parecidas, pero son bien distintas. Mediar implica tender puentes, facilitar entendimientos. Medrar, en cambio, es prosperar, ascender a costa de las circunstancias, nutrirse de la debilidad ajena. Zapatero, según el sumario, habría tejido una red donde la influencia política se traducía en comisiones, rescates y favores. El caso Plus Ultra ilustra esta distinción con claridad: una aerolínea que recibió 53 millones de euros de dinero público para rescatarla de su sinsentido. Un «éxito» que, según la investigación, se debe a la gestión de Zapatero.

En este teatro emerge la figura de Julio Martínez Martínez, conocido como Julito. Amigo íntimo de Zapatero y compañero de running matutino. Sudor, endorfinas y charla amistosa entre zancadas. Correr como el vínculo que hace más estrecha una amistad. Una actividad más valiosa que cualquier otra cuando se hace con un amigo de confianza. Aunque todo hace presagiar que fuera parte del entrenamiento que justificase aquello de «coge el dinero y corre».

No se trata de un caso judicial más. Toca a todo un expresidente del Gobierno y a la utilización de ese cargo para beneficiarse ilegalmente en sus negocios posteriores tras dejar ese puesto. Ojalá fuera el crepúsculo de una forma de entender la influencia política, esa que «confunde» el servicio público con el beneficio privado, el diálogo con el negocio ilícito. «Ver las orejas al lobo» no solo significa percibir el peligro. Implica la oportunidad de rectificar antes de que sea tarde. Zapatero, maestro en narrativas, y para muestra el botón de su alumno más aventajado, el ahora más papista que el Papa, Pedro Sánchez, debe elaborar una en la que explique cómo se convirtió en el eje de una trama donde el hambre de los venezolanos fue vista como oportunidad de negocio. El amor a sus hijas como la justificación de su megalomanía extrema, donde se vio como alguien tan inexpugnable que les puso una empresa puntera en su sector con una clientela empresarial ganada, como todo el mundo sabe, con el sudor y el talento de esas dos «niñas» treintañeras. Deberá justificar más cosas, pero esto es un artículo y no una novela de gran extensión a lo Guerra y paz o Los miserables. Aunque sea fácil confundirse con esos títulos.

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