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Hastío y estío

Su Sanchidad y el Papa

«Esa es la estrategia de Sánchez con el Papa, distraer y confundir a la opinión pública durante los días suficientes»

Su Sanchidad y el Papa

Pedro Sánchez. | Marta Fernández (EP)

Que Pedro Sánchez se cree Dios y que está endiosado por unos feligreses a los que les debe de proporcionar una vida regalada, un paraíso en la tierra con el que no habrían soñado ni en el más optimista de sus augurios, es algo de lo que todo el que ha querido ver la realidad sin filtros se ha dado cuenta. Gente frustrada, sin valía, envidiosa, egoísta, que adora y le reza a su «sanchidad» para que no les expulse de su templo. Mercaderes de la más baja estofa como Patxi y Óscar López, o Montse Mínguez, por poner unos pocos ejemplos de las decenas que se podrían poner. Está bien recordar en este momento y homenajear al malogrado Robe Iniesta, de Extremoduro, cuando cantaba aquello de «Los mercaderes ocuparon mi templo y me aplicaron ley antiterrorista». Fue un visionario con el futuro que les espera a algunos de los peces gordos del Partido Socialista de los últimos años.

El dios del sanchismo, Pedro, se hace carne al igual que Cristo, y en su infinita generosidad se pone a la altura del representante en la Tierra de esa otra religión que es la católica, y prepara varios actos donde reunirse con el Papa León XIV. Leire Pajín dijo en su momento que el encuentro entre Zapatero, ese hombre de negocios que de manera anecdótica fue presidente del Gobierno, y Barack Obama era «un acontecimiento histórico para el planeta». Pues para que se hagan una idea, queridos lectores, esa reunión se quedó en un juego de niños comparado con lo que va a ser un antes y un después en la historia de la humanidad.

Pedro se humaniza para tratar de tú a tú a Su Santidad, León XIV. Le abre las puertas de su cielo y elige la estrella catalana para ejercer de perfecto anfitrión, y qué mejor que hacerlo en la mejor de las «embajadas» que tiene León XIV en ese lugar, la basílica de la Sagrada Familia. Eso sucederá el próximo 10 de junio. Lo que no sabe el Papa es que delante tendrá a alguien cuyo respeto por su credo es inexistente, y que su objetivo es distraer la atención durante esos días de sus pecados propios, los de su Gobierno y los de su partido.

Su «sanchidad» no ha disimulado a la hora de despreciar el credo católico. No quiso ir a la misa funeral por el Papa Francisco, el antecesor del que ahora sí que le conviene ver para que se hable de ello, y no de todo lo demás que tiene encima, debajo y a los lados. Es preferible para él la arcada que le provoca todo lo religioso, sobre todo si es católico, que seguir viendo cómo se pudre todo lo que le rodea. Mandó a María Jesús Montero y Yolanda Díaz para que se fueran familiarizando con el entierro político que les estaba por llegar. Iban vestidas igual que las hijas de Zapatero con los Obama, y las cuatro tienen un futuro tan negro como sus vestimentas.

Más tarde vinieron sus desplantes, faltas de respeto y nula empatía por los familiares y amigos de las víctimas de la DANA en la Comunidad Valenciana y el accidente ferroviario en Adamuz, en las dos misas funerales. No tuvo la decencia de acudir para que quedase claro que él estaba por encima de respetar unas creencias que en su sectarismo ideológico ve como enemigas. Aunque estas sirvan para calmar el dolor de las personas que habían perdido a sus seres queridos. Un inmoral y un cobarde, pues la otra razón para no acudir fue que tenía miedo a ser increpado de manera furibunda. Lo que merecía tras gestionar ambas tragedias con una insensibilidad que raya lo psicopático.

Pero ahora le interesa al siniestro personaje y presidente del Gobierno vender una cordialidad con la mayor representación en el planeta del catolicismo. Una alianza de civilizaciones al estilo de su maestro Zapatero que dure lo necesario como para ganar los días suficientes para que se acerque el verano y todo se anestesie durante dos meses. Y es que esa es la estrategia de Sánchez con el Papa, distraer y confundir a la opinión pública durante los días suficientes como para que las noticias que salgan durante esos días sobre las corruptelas, juicios e imputaciones a su Gobierno y a su familia pasen a un segundo plano o directamente al limbo, un lugar más preciso para la semana en la que a Sánchez le interesará levantarse católico. Entre esos días de convivencia entre ambas divinidades y la celebración del Mundial de fútbol, Sánchez llegaría a la meta del mes de julio con las distracciones necesarias para garantizarse seguir siendo dios hasta las Navidades.

Su «sanchidad» pretende hacer desaparecer su realidad inevitable con una neblina densa con la forma de un hombre estadounidense especialmente devoto y perteneciente a la congregación de los agustinos. Carne humeante que acaba con una fumata blanca. ¡Habemus paripé!

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