The Objective
Hastío y estío

Elogio a Jano García

«De vez en cuando aparece una voz que no busca repetir el argumentario que se le ha dado desde el partido en cuestión»

Elogio a Jano García

El economista y presentador de ‘En libertad’, Jano García. | Víctor Ubiña

El personal está cada vez más harto de tertulias políticas televisivas cutres y barriobajeras y de quienes participan en ellas repitiendo consignas como loros amaestrados y defendiendo causas que harían vomitar a cualquiera que tenga un mínimo de escrúpulos. Un tipo de persona que no sabe cómo definir aquello a lo que se dedica y por eso decide decir que es activista. Alguien que dice querer cambiar el mundo, pero que lo único que quiere que cambie es su estatus económico. Pero de vez en cuando aparece una voz que no busca repetir el argumentario que se le ha dado desde el partido en cuestión. Una de las voces que está intentando cambiar esas formas es la de Jano García desde su programa En Libertad, de la plataforma ViOne, que puede verse en su canal de YouTube. Se ha convertido en uno de los pocos espacios donde el debate respira dignidad intelectual. No es casualidad que miles de españoles cansados de la propaganda gubernamental y del periodismo sistémico encuentren en ese programa un refugio de lucidez y buen humor.

Jano García es, ante todo, un comunicador nato. Economista de formación y escritor por vocación, dirige el programa con una naturalidad que desarma. Acompañado por su paisano valenciano Juan Andrés Rubert, ferviente rockero, y un elenco rotativo de invitados, combina el análisis de la actualidad política nacional e internacional con una profundidad y amenidad que la mayoría de los programas no sabe mezclar.

Lo más interesante de Jano no es solo su capacidad para desgranar la crónica política del día, que lo hace con gran solvencia, sino su apertura de miras, desde un liberalismo clásico hasta distintos pensamientos que recuperan las esencias de la tradición democristiana o la liberal-conservadora, incluyendo gotas de una socialdemocracia clásica representada en tertulianos como Pedro Insua, con su maravillosa retranca gallega.

Esta apertura se refleja nítidamente en el nutrido grupo de tertulianos que desfilan por En Libertad. No hay una línea editorial cerrada ni un catecismo ideológico. Junto a liberales puros como Jano, encontramos voces que provienen del conservadurismo católico, como Julio Llorente, que bebe de Chesterton con gusto en su taberna ilustrada. Del patriotismo constitucional, como Martínez Fresneda. Liberales clásicos como Hermenegildo Altozano o Manuel Llamas, siempre «encorbatados» y elegantes. Heavies de coleta sin cortar y nada «podemita», como Gonzalo Rodríguez, que explica la actualidad desde sus conocimientos de la historia. Cuando está en la tertulia espero su «yeah», con el que despide el programa buscando la única paz que provoca mi sueño nocturno. Cómo olvidar a Miguel Rovira, el más joven y con una cabellera envidiable, como no lo es su tacañería para hacerse socio de la plataforma, solo perdonable gracias al criterio y al humor que añade a la tertulia. Hay muchos más y todos buenos, pero qué mejor que terminar con los de la casa. THE OBJECTIVE suma con Luca Costantini y Guadalupe Sánchez, que ponen periodismo riguroso y conocimiento de la ley a partes iguales.

El rigor en la opinión es otra de sus señas. Jano García no improvisa. Sus intervenciones suelen estar sustentadas en datos, en lecturas serias y en un conocimiento de la actualidad que le permite conectar el disparate del día con patrones más profundos. Critica con dureza el sanchismo no por mera antipatía ideológica, sino porque ve en él la encarnación de una deriva que degrada las instituciones, manipula los datos y erosiona el Estado de derecho. Su crítica es quirúrgica, documentada y, sobre todo, argumentada.

Y luego está el humor. Ahí radica, quizá, una de las mayores virtudes del programa. Jano posee ese don de reírse de lo trágico sin trivializarlo. Una ironía certera, un sarcasmo elegante, mezclados con un grupo de tertulianos que poseen el don de la ironía, la chanza o directamente el disparate, cuando la temática lo requiere. Esa mezcla de rigor y humor es la fórmula perfecta para llegar a un público que huye de los sermones y de los gritos. No es casual que En Libertad y el conjunto de programas de ViOne acumulen casi medio millón de suscriptores y más visualizaciones que muchos medios tradicionales, con presupuestos millonarios y distribución en TDT. En la era del algoritmo, Jano García ha demostrado que la calidad, la constancia y la autenticidad siguen siendo la mejor estrategia de crecimiento. Ha defendido la tauromaquia como patrimonio cultural. Ha cuestionado sin miedo ciertos dogmas ecologistas que amenazan la prosperidad. Ha alertado sobre los riesgos de la inmigración descontrolada sin caer en la xenofobia. Y, sobre todo, no se cansa de repetir que nuestro sistema de pensiones es inviable si se quiere tener una economía lo más sana posible y, además, viable a corto plazo.

En su programa se respira un ambiente de camaradería intelectual que contrasta con la toxicidad de otros platós. Las risas surgen con naturalidad, los cruces de pareceres son vivos pero respetuosos, y el espectador sale con la sensación de haber presenciado un auténtico debate, no un combate de gladiadores embrutecidos. En estos tiempos de polarización salvaje, un espacio donde se pueda hablar sin que nadie renuncie a su identidad es un pequeño oasis de civilización que hay que aprovechar.

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