The Objective
Hastío y estío

El sindiós de Miriam Nogueras ante el Papa

«León XIV no sabía dónde meterse. Esa señora le acaparaba como una lapa, pero sin bomba»

El sindiós de Miriam Nogueras ante el Papa

Miriam Nogueras saluda al papa León XIV.

Miriam Nogueras se levantó ayer por la mañana con un plan. Durmió poco, como una niña cualquiera en la noche de Reyes. Estaba nerviosa, pero a la vez deseosa de que pasara el tiempo y aquella noche interminable se convirtiera en una mañana radiante donde ella lo llevaría a cabo.

Intentaba quedarse dormida, pero las voces de su cabeza no la dejaban. Las ideas bailaban embarulladas entre ellas, pero lo peor es que lo hacían en idiomas distintos. Cuando despertó, aquel colapso todavía estaba ahí, tenía forma de dinosaurio en su imaginación, y esas ideas nocturnas se extinguían a la luz de la cordura.

No había escuchado la alarma de su móvil y ya iba tarde al Congreso de los Diputados para su encuentro con el Papa. No tenía tiempo para despejar las ideas ni para tomar un café que ayudara en ese cometido. Además, esa bebida le ensuciaría su dentadura hipnótica, dominante y blanca a partes iguales, y tampoco había tiempo para volver a lavársela. Así que se dirigió al Congreso con las ideas adormecidas, pero con los dientes impolutos.

El chófer del partido en Madrid la esperaba con el motor encendido del coche. Sabía que llegaban tarde, pero no osó molestarla ni llamarla al móvil. Sabe cómo se las gasta el personal perteneciente a un partido tan clasista como Junts. No suelen aceptar lecciones de nadie y menos de un trabajador que para ellos solo es un vulgar conductor y, además, nació en una región de España donde solo hay vagos y fiesteros.

El tráfico era demencial, como los pensamientos que intentaba ordenar de alguna manera la señora Nogueras. Los idiomas se seguían mezclando, consiguiendo el mismo efecto que el chaval que hace caso omiso a la recomendación de no mezclar varios alcoholes en una noche de juerga. El sindiós parecía inevitable, y lo más irónico era que lo sería delante del Papa.

Se acercaba la hora de la llegada de Su Santidad al Congreso de los Diputados y ellos tenían que llegar antes para que estuviera todo listo para ese momento. La escena se parecía cada vez más al principio de la película protagonizada por Michael Douglas, Un día de furia, donde su personaje empieza metido en su coche en otro gran atasco. El calor de Madrid ayer era el mismo que sufría el protagonista de la película en ese coche. Miriam Nogueras estaba igual de irascible que Douglas. Pensó en salir del coche y ponerse a galopar para poder llegar a tiempo. Lo consiguió.

Llegó a tiempo, pero la última. Como consecuencia, le tocó al lado de Mertxe Aizpurua, de Bildu, que, por lo que fuera, nadie quería tener al lado. El saludo protocolario del sumo pontífice a los representantes de cada partido y a las distintas autoridades del Congreso comenzaba.

Nogueras empezó a hiperventilar. Entre la carrera que se había dado, el poco descanso nocturno, la torre de Babel de su cabeza y una señora a su lado maldiciendo en euskera, la amnistía a su cabeza y sus entrañas parecía que fuera a tardar más en llegar que Puigdemont en volver a dormir en Cataluña.

Estaba a punto de tocarle su turno. El Papa miraba a esa mujer vasca de mirada diabólica a la que dio la mano, dejando en ella un aroma a azufre y amonal. Por fin le tocaba a ella, una catalana independentista orgullosa de serlo.

Esa coctelera que tenía por cabeza pensó en empezar en castellano y pasar al catalán para que el Papa fuera conocedor de que aquella era otra de las lenguas oficiales de su región. Qué mejor manera de utilizar un idioma común para hacerse entender y, si ambos conocen el del lugar del encuentro, mejor aún.

Fue entonces cuando nuestra querida Miriam Nogueras se desmarcó con la lengua de Shakespeare, para que Su Santidad no tuviera duda de que estaba ante una pirata experta en expoliar al pueblo español. Le habló de Gaudí, arquitecto de la Sagrada Familia de Barcelona, donde dará una misa el Papa, y de que este hablaba en catalán, pues es la lengua de esa comunidad. Le deseó también que lo pasara bien en la visita a Cataluña y que ese era su país.

León XIV no sabía dónde meterse. Esa señora, perfecta para un anuncio de dentífrico a juego con el nombre de su partido, le acaparaba como una lapa, pero sin bomba. Eso lo dejaba para su acompañante en la fila.

Fue tal la invasión del espacio del sumo pontífice por parte de Miriam Nogueras que el auxilio que pedía la expresión facial del Santo Padre —siempre comedido y elegante— salió al exterior en un nítido: «Señora, suélteme el brazo».

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