Page no da la cara por decreto
«En las Cortes de Castilla-La Mancha no existe un turno específico de preguntas al presidente de la Junta»

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page. | Eusebio García del Castillo (EP)
Un servidor ha escrito diferentes artículos en los que no ha disimulado su poca o nula confianza en las supuestas voces internas dentro del PSOE que se oponen al sanchismo reinante. Susana Díaz da algún pellizco de monja, pero no levanta la voz, pues su puesto de senadora se lo debe al «pellizcado». Casi 100.000 euros son razones suficientes para cortarse las uñas cuando lo hace y aplicar la fuerza de la niña asustadiza que se empeña en parecer. También está Lobato, al que tendieron una trampa para acabar con él y dejarle claro que no estaba equivocado cuando pensaba que su principal rival político no era Ayuso, sino Sánchez y sus secuaces. Estuvo listo y se zafó de ella, pero la rabia, mezclada con su repetida defensa de un Partido Socialista limpio, no se corresponde con su perfil bajo, más inclinado a esperar a la caída natural del sanchismo que a actuar y dejar claro que se opone a la manera de hacer las cosas en esa organización. Puede que un servidor sea demasiado romántico y crea en la defensa de los valores que me representan hasta las últimas consecuencias, sea donde sea. Pero el heroísmo en política es algo que se desconoce, una virtud que niegan que lo sea, un acto demasiado bondadoso para que maride con la gestión de lo público.
Pero como gran representante del antisanchismo dentro del Partido Socialista, la joya de la corona —y no es Zapatero, pues habría que haber escrito esta frase en plural y con un cierre republicano, además de que va a estar muy ocupado este miércoles y jueves con unas «visitas» que tiene que hacer ante la Justicia—, está Emiliano García-Page. Si Susana da alguna caricia levemente áspera, Page se pone muy serio, como un profesor que intenta imponer su jerarquía y la razón en una clase donde varios alumnos hacen gala de su indisciplina y se vanaglorian de ella, pues saben que es un maestro que no sabe o no quiere imponerse. Cubrir el expediente e incumplirlo por completo.
Hablar mucho y hacer poco. Eso es lo que hace Page cuando se le pregunta por la política nacional y por las cosas que pasan en el Gobierno con el que comparte partido. Justo lo contrario de lo que hace donde él gobierna. Es entonces cuando parece que se le ha comido la lengua el gato. Y es que ayer, en una noticia firmada por Fernando Franco, nos hemos enterado de que Page es el único presidente autonómico que elude las preguntas de la oposición en las Cortes. En las Cortes de Castilla-La Mancha no existe un turno específico de preguntas al presidente de la Junta. El artículo 188 del reglamento establece que corresponde al propio Consejo de Gobierno determinar qué miembro del Ejecutivo será el encargado de contestar cada pregunta parlamentaria. Un diputado puede registrar una iniciativa con la intención de saber la opinión del presidente sobre un asunto concreto, pero será el propio Gobierno quien decida si la respuesta la ofrece el presidente o cualquiera de sus consejeros. Aprovechándose de ello, Page lleva 11 años sin contestar a ninguna pregunta de la oposición. PP y Vox llevan toda la legislatura recriminándole que solo vaya a las Cortes para votar.
Amparándose en esa triquiñuela legal, el presidente de Castilla-La Mancha no da explicaciones de su gestión y trata a los castellano-manchegos como Sánchez nos trata a los españoles: ninguneándonos y haciendo y deshaciendo a su antojo, sin dar explicaciones de ello. Pero incluso «su sanchidad» contesta en el Congreso a las preguntas de Feijóo y del resto de portavoces de cada organización política con representación. Aunque lo haga a su manera, como cantaba Frank Sinatra, y haciendo del Partido Socialista algo muy parecido a lo que hacían algunas personas con las que se decía que se relacionaba ese cantante de voz única.
Ahora se entiende la locuacidad del presidente de Castilla-La Mancha. En su casa, silencio y recogimiento. Fuera de ella, sermón muchas veces repetido. Buenas palabras que se lleva el viento. Busca emular al Papa, sabiendo que en el Congreso no solo nadie le aplaudiría durante siete minutos, sino que los diputados se irían en cuanto supieran de su presencia. El cambio no puede venir de quien no hace nada para que así sea. Amagar para nunca dar. Volverse invisible solo cuando es necesaria su presencia. Desaparecer como cuando le piden explicaciones los partidos de la oposición en Castilla-La Mancha. Un PSOE con los dos mismos perros de los últimos años, aunque sus collares sean distintos.
