The Objective
La semana por delante

Se irá un gran Papa, nos queda el amoral

«Se está refugiando bajo la sotana alba del jefe de la Iglesia Católica como un ardid para disimular todas sus vergüenzas»

Se irá un gran Papa, nos queda el amoral

Ilustración de Alejandra Svriz.

Ya se está yendo hoy de Madrid. La etapa crucial de su viaje. La de Barcelona es un añadido. La de Canarias es una insistencia del Pontífice. Cuando esta semana regrese al Vaticano se apagará la España blanca y espiritual, eufórica, que ha protagonizado León XIV, y volverá la sórdida que retratan Sánchez y sus costaleros, todos los delincuentes incluidos. «Sánchez —decía un cura de los que llevan años hablándose con Papas— se está comportando como el más fiel de los gobernantes, es un especialista en estos disimulos». Lo cierto es que se está refugiando bajo la sotana alba del jefe de la Iglesia Católica como un ardid para disimular todas sus vergüenzas; no tiene límite en eso. Fíjense en el dato: la alcaldesa del municipio canario de Mogán ha mostrado su indignación porque Sánchez se haga notar junto al Papa en uno de los episodios más comprometidos de todo el viaje apostólico. A él le da igual; se está sirviendo de León XIV como lo ha hecho esta pasada semana con los cobardes empresarios catalanes. Por cierto: de su reunión con ellos se marchó, según cuentan las crónicas, «enormemente satisfecho» después de escuchar a la pastosa presidenta del Circle asegurar que lo que hace falta en España es un entendimiento entre los dos grandes partidos del país, el PP y el PSOE. Por este orden porque lo suyo es residenciar en Feijóo todos los males que sufre el Estado.

Cuando pasen estos días y el Papa se despida de nosotros, nos quedará la repugnante actualidad de España. No sería de extrañar que los tribunales se dieran en estas fechas un respiro, al estilo de cómo lo hacen en las campañas electorales, y no sacaran a la luz más detalles jugosos de la inmensa corrupción de los socialistas, con Sánchez al frente. Está por llegar la sentencia de Ábalos y Koldo, que se avecina «grave» porque, si no, ¿qué sentido tiene que el Tribunal Supremo les haya dejado en la cárcel? Continúa el juicio contra el hermano músico, del cual, tras unas cuantas sesiones en el tribunal, ya no se sabe si se trata de un merluzo descomunal al que su fraterno presidente cuida como un retoño imbécil, o, por el contrario, es un caradura «made in Sánchez» que se comporta como un clon de su hermano. La gente que sigue el juicio se está quedando con esta duda existencial sobre un caso que, según las trazas, va a culminar con una sentencia muy poco amable para el pianista. Después espera la foto en el banquillo de la señora del presidente, cuyo abogado («un piernas» en opinión generalizada de los muchos juristas) está errando de forma copernicana la defensa de su patrocinada. Y en medio de estos dos sucesos atrabiliarios en una España indecente, se meten las guarradas del expresidente Zapatero. La noticia que tenemos sobre la tasación que está haciéndose de sus joyas es que ya está prácticamente terminada y que, desde luego, no se trata de baratijas de chiringuito moro, sino de unas piezas de gran valor, incluso artístico.

O sea, que apenas se nos vaya el Papa, nos quedará la horrible escena de un país gobernado por un psicópata amoral. La calificación no es del cronista, pertenece a la opinión de uno de los padres de la psiquiatría española que en su monumental tratado de la especialidad recogía así la identificación de los sujetos pertenecientes a esta categoría, una de las muchas de los psicópatas. Decía, ya en 1941, el profesor don Antonio Vallejo-Nájera: «En el psicópata amoral se observa ausencia de los sentimientos sociales altruistas, de compasión, de simpatía hacia el prójimo… está desprovisto de aquellos sentimientos nobles y elevados que emergen de la cultura, tales la verdad, el honor, el Derecho, la Justicia, las buenas costumbres, etc». ¿Les suena a algo? El viernes, cuando se sometió a una comparecencia informativa controlada, apareció precisamente el sujeto que describe Vallejo-Nájera, adornado además con un desparpajo impostado construido por sus miles de asesores. Estos le han aconsejado: «Muéstrate, presidente, relajado, sonriente» y así lo ha hecho en un rostro asténico, adelgazado, que oculta su malestar por todas las imputaciones que se le están realizando…

El Papa le está sirviendo como un bálsamo de Fierabrás eventual. Ya hemos visto que ningún otro presidente español, ni Calvo Sotelo, ni menos aún Mariano Rajoy, se condujeron en el momento de una visita papal como acólitos fervorosos del Pontífice de turno. Ninguno le disputó el protagonismo como está haciendo este llamado ya «psicópata amoral».

Ambos estaban poseídos por el decoro personal e institucional del que este de ahora carece. El Vaticano, fábrica de diplomáticos meticulosos, ha impedido en los pasados días que Sánchez, como preparaba el desaparecido Bolaños, lograra su desvergonzado propósito. A saber: que León XIV le rindiera honores en la Moncloa. Son tan miserables que pidieron al Papa el discurso que va a pronunciar en las Cortes; se negó, respondiendo: «No lo tengo escrito». Al estilo de sus antepasados gallegos.

El presidente que ha propulsado el aborto más concesivo de todo Occidente y la eutanasia que ya está sembrando de cadáveres anticipados España entera, está queriendo aparecer, me dicen los analistas, como literalmente un «monarca católico devoto de Su Santidad». Es decir, toda una figuración compuesta por unos individuos en la Moncloa que están pretendiendo homologar los valores que predica el Papa yanqui: paz, diálogo, honradez, reconciliación, apertura hacia los más vulnerables, inmigrantes, desde luego…, con los que imparte, con una desvergüenza que ya no cabe en el mundo, esta pesadilla gubernamental que venimos soportando.

León XIV se está encontrando, porque no es precisamente un indocumentado, con un país que ya no aguanta más y que se aviene a soportar a un Gobierno cómodo ante la podredumbre que representa. Este país adocenado ha despertado por unas horas para ilusionarse con un líder universal que representa el polo opuesto de este sanchismo en lisis, deshaciéndose en sus propias miserias. El país que ha normalizado la corrupción, que convive con ella sin darse cabezazos contra la pared más próxima, se está encontrando con un hombre decente, que está demostrando que se puede ser de otra manera. Así que, en cuanto León XIV abandone España, volveremos a toparnos con la realidad de un malhechor que ha ensayado comportarse como lo hacía Stalin con su Iglesia ortodoxa: un sobeteo institucional para encubrir el estado de putrefacción en que se encuentra. En horas se nos irá el Papa y nos quedará un psicópata amoral que nos conduce, entre la atonía general, a la destrucción como país. El país cristiano más señalado del Universo. Esto lo sabe el Papa ya de primera mano. Lo está conociendo. Es más listo que nosotros.

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