Hay que cerrar la Airef
«Cualquiera que observe las cosas con cierta objetividad verá que el problema… es el propio estado»

Imagen generada con IA.
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) acaba de publicar su Informe de seguimiento del Plan Fiscal y Estructural de Medio Plazo. Un trabajo serio y profesional, pero, en esencia, redundante: hace muchos años que el FMI, la OCDE y la Comisión Europea alertan de los problemas estructurales de la economía española.
El informe también desmiente una de las nuevas patrañas del Gobierno: que la regularización masiva de inmigrantes ilegales sirve para «pagarnos las pensiones». Solo trabajaría 1 de cada 3 regularizados, con un impacto equivalente a 0,03% del PIB: una gota en el océano.
El documento, sin embargo, es inútil. El Gobierno, que, como sabemos estos días, se viene ocupando de tareas de fontanería y cloacas, ha hecho oídos sordos a todas las advertencias y también lo hará con el nuevo trabajo de la Airef: no aprobó ninguna reforma que permita, no ya resolver esos problemas, sino siquiera sobrellevarlos (los «hitos» aprobados a cambio de los «fondos europeos» no cuentan: fueron medidas contraproducentes aceptadas para vergüenza de la Comisión Europea, que las tomó por buenas en medio de las prisas de la pandemia).
Entonces, ¿para qué confiscar a quienes trabajan en el sector privado parte del fruto de su trabajo para financiar los 10,6 millones de euros que nos cuesta la Airef? Lo que habría que hacer es, simplemente, cerrarla. Cerrarla junto con varios ministerios, el CIS, la agencia EFE y los canales de televisión públicos, entre tantas otras cosas que debería hacer el equipo que reemplace al actual Gobierno ilegítimo que encabeza Pedro Sánchez.
La creación de la Airef fue una de las condiciones que la Comisión Europea (que en ese entonces aún se preocupaba de verdad por el orden de las cuentas públicas, no como Von der Leyen) puso al Gobierno de Rajoy a cambio del dinero para financiar la reestructuración de las cajas de ahorro, que políticos y sindicalistas habían quebrado.
La idea era completar la arquitectura para «garantizar» el orden fiscal en España, junto con la reforma del artículo 135 de la Constitución y la Ley de Estabilidad Presupuestaria que la desarrolla. Pero ahora sabemos que esa arquitectura adolece de un problema: supone que el Gobierno actúa siempre con lealtad y patriotismo, velando por el interés de los ciudadanos. Es obvio que ese supuesto no se cumple con Pedro Sánchez.
¿Qué sentido tiene esa arquitectura, incluyendo la Airef, si el Gobierno puede hacer lo que quiera aunque no haya sido capaz de aprobar unos Presupuestos en lo que va de legislatura? Esa es otra tarea para el próximo Gobierno: limitar, de forma creciente, las cosas que pueda hacer un Gobierno en cada prórroga presupuestaria. Así, cuando haya un nuevo Pedro Sánchez (da escalofríos pensar que «otro vendrá que bueno te hará»; parecía imposible con Zapatero, y ahí lo tenemos a Sánchez), que quede atado de pies y manos; podría no convocar elecciones, como una lapa aferrada al poder, pero tampoco tendría capacidad de hacer nada.
¿Qué sentido tiene pagar una Airef, cuando el conjunto de Administraciones Públicas lleva 19 años seguidos pagando todos los intereses de la deuda pública con más deuda pública? Algo así como pagar las cuotas de la hipoteca con un préstamo personal, durante 19 años. ¿Puede haber una muestra más evidente de que no hay gestión, ni «Plan Fiscal y Estructural de Medio Plazo», ni interés alguno en el futuro de España?
La Airef es fruto de la idea de que los problemas del estado (siempre con minúscula) se arreglan con «más estado». Pero cualquiera que observe las cosas con cierta objetividad verá que el problema… es el propio estado. Por lo tanto, la solución no es agrandarlo. Todo lo contrario: hay que achicar el estado para agrandar España.
Un buen primer paso sería cerrar la Airef. Hoy mejor que mañana.
