The Objective
Fotomatón

La 'fontanera', el dinosaurio de Sánchez

«Está en todos los asuntos y se relaciona con todos los personajes citados»

La ‘fontanera’, el dinosaurio de Sánchez

Ilustración de Alejandra Svriz.

Si Augusto Monterroso hubiera sido un español de ahora, su célebre microcuento sería así: «Cuando el Papa se fue y Pedro despertó, la Fontanera seguía allí». Dirán que es más largo, tiene cinco palabras más, pero es que las cosas siempre son más complicadas en España que en Guatemala.

El caso es que León XIV puso fin a su semana española y volvió a Roma en el Falcon que le tuvo que prestar el Rey porque el Airbus 320 de Iberia que había de llevarle sufrió una avería en uno de sus motores. El presidente del Gobierno, itinerante compañero del Papa, no le ofreció el suyo, quizá porque el protocolo, que tan ajeno suele resultarle, disponga que estos préstamos han de ser entre iguales, de jefe de Estado a jefe de Estado, quizá porque Pedro lo necesitara para ir con la parienta a algún concierto.

La visita ha desplazado de las portadas durante toda la semana los casos de corrupción que rodean y aún ahogan a Pedro Sánchez Pérez-Castejón, pero ha sido un alivio momentáneo. El Papa se ha ido y el dinosaurio de la corrupción sigue ahí, mirando al yerno de Sabiniano con ojos tiernos. Mañana mismo va a comparecer su costilla ante el juez Peinado, que había accedido a posponer la cita porque tenían que ir a la misa de la Sagrada Familia. Si tal como había dicho el padre Peyton, el rezo del rosario en casa une mucho a las familias, cuánto más no las unirá una misa, en una catedral y oficiada por el Papa.

Esta semana se va a conocer también, con toda seguridad, la condena del Tribunal Supremo a esos perfectos desconocidos del One: quien fue su número dos y Víctor de Aldama. José Luis Ábalos fue también su portavoz en la moción de censura que le ha permitido detentar el cargo de presidente durante estos ocho años, gracias a la sentencia trucha del juez amigo José Ricardo de Prada, luego anulada por el Tribunal Supremo. ¿Prevaricación? No me preguntéis a mí, que soy ignorante. Doctores tiene la judicatura que os sabrán responder. En el mundo de los analfabetos judiciales, solo tienen la capacidad de definir el tipo de prevaricación Óscar López, Patxi López, Félix Bolaños, que sí tenía estudios de Derecho, pero se le olvidaron al abrazarse a Pedro. A ellos habría que sumar a otra chusma de aún menor cuantía, como: Míriam Nogueras, Martina Valverde, Ione Belarra (a quien le acaba de costar 10.000 euros imputársela a Gª Castellón) y Gerardo Pisarello.

Además, el robobo de la jojoya, como se empieza a llamar en Twitter a Zapatero, y la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, han sido llamados a declarar por el juez Pedraz, mientras su homólogo José Luis Calama abría pieza separada para Zapatero para acusarlo de contrabando y fraude a Hacienda. Por las joyas.

La directora de la Guardia Civil, Mercedes González, va a comparecer en el Senado pasado mañana. El propio Sánchez lo hará dentro de nueve días y luego, ya en cascada, irán la fiscal general del Estado, Teresa Peramato, el viernes 19; la secretaria de Zapatero, la Gertru, el 29, y el ministro Fernando Grande-Marlaska, el 30.

Los males no se acaban aquí. Al delincuente condenado por el Supremo Álvaro García Ortiz se le acaba de descubrir que intentó empurar a la juez Beatriz Biedma 48 horas después de que esta comenzara a instruir el caso del hermanísimo. Primero lo hizo un exjuez, José Luis Sáenz de Tejada, pero la secretaria técnica de la Fiscalía, Isabel Gª León, no lo admitió, por lo que Sáenz de Tejada envió un burofax a Gª Ortiz protestando por el archivo y este ordenó a la rechazante que admitiera a trámite la denuncia, faltaría más. La actitud del fiscal general ha tenido un colofón de justicia poética cuando Beatriz Biedma ha sido elegida juez decana de Badajoz por votación de sus colegas.

Si se preguntan por qué al principio de esta columna venía a definir a la fontanera Leire Díez como el dinosaurio de la corrupción socialista, la respuesta es muy sencilla: en la práctica totalidad de los casos enumerados, ella es el centro de gravedad. Está en todos los asuntos y se relaciona con todos los personajes citados, desde el fiscal general del Estado a la directora general de la Guardia Civil, pasando por varios ministros y P.S., que tal vez no sea más que una displicente onomatopeya de la indiferencia. El exjuez que denunció a Biedma es amigo suyo, ella compartía al director de la SEPI, Vicente Fernández, como amante a tiempo parcial con la vicepresidenta Montero. Después de su dimisión por el caso Aznarcóllar, trató de recolocarlo para que siguiera tutelando la SEPI y en todo momento hay que destacar sus maniobras, incluso con la directora de la G.C. para neutralizar a la UCO. Ha sido una comisaria política admirable. Lo único que la ha perdido es su grafomanía: una veintena de libretas rellenas de datos. Hombre, mujer, en ciertos oficios es arte de prudencia limitarse a la tradición oral y quizá a anotar los motes que con singular descaro ponías: a Patxi López, boniato con orejas;  a Yolanda Díaz, la Chatunga; a David Sánchez, el Empanao; a Pablo Iglesias, el Susio y el Cara Pobre; a Santos Cerdán, el Pitocorto y a José Luis Ábalos, el Sorbechichis. Dejémoslo aquí, no procede pasar a mayores.

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