The Objective
Opinión

Una propuesta a Puigdemont (que no pueda rechazar)

«La situación actual demuestra que Pedro Sánchez no tiene límites y es especialmente grave»

Una propuesta a Puigdemont (que no pueda rechazar)

Ilustración de Alejandra Svriz.

La temeraria, ruinosa, innecesaria e inconsulta regularización exprés de cientos de miles de inmigrantes ilegales, decidida por el Gobierno ilegítimo de Pedro Sánchez, crea una situación de emergencia nacional que necesita una respuesta urgente.

Que nuestro sistema legal permita que un Gobierno incapaz de aprobar unos Presupuestos durante tres años consecutivos (de ahí «ilegítimo») pueda, al mismo tiempo, decidir una regularización masiva sin pasar por el Congreso, demuestra que ese sistema está hecho por ingenuos, ineptos o traidores. Eso deberá revisarse.

Antes hay que acabar con un Gobierno dispuesto, literalmente, a lo que sea con tal de permanecer en el poder. Eso solo puede conseguirse con una moción de censura encabezada por Núñez Feijóo. Es imprescindible el apoyo de Puigdemont: PP, VOX y Junts suman los 176 diputados necesarios.

En la emergencia se debe llegar a acuerdos incluso con quien hasta ayer mismo se despreció. Un ejemplo: el anticomunista Winston Churchill no dudó en reunirse y acordar con Stalin para conseguir el bien superior de derrotar al nazismo.

La situación actual es extremadamente grave. Porque demuestra que Pedro Sánchez no tiene límites. Porque la regularización masiva exprés (incluso de presos e inmigrantes ilegales que han cometido delitos) conlleva peligros múltiples y duraderos, en una medida mayor que cualquier otra iniciativa del sanchismo-leninismo. Por satisfacer los mezquinos intereses de corto plazo del PSOE, Sánchez está dispuesto a desfigurar barrios, colapsar por completo escuelas y centros de salud, quebrantar la paz social y llevar las cuentas públicas a una crisis.

Es falso que haya que regularizarlos por falta de personal: en marzo había 3,8 millones de parados (incluyendo a los fijos discontinuos inactivos y otros grupos que el Gobierno no incluye entre los parados registrados). Las empresas no encuentran personal porque: hay demasiados empleados públicos, el absentismo está en máximos y el Gobierno le paga a mucha gente por no trabajar. Es falso que vengan a pagarnos las pensiones: los periodistas que están en el terreno muestran que, más bien, vienen a cobrar el ingreso mínimo vital.

La concesión de la ciudadanía española a cientos de miles y esta regularización exprés apuntan a una alteración descarada y progresiva del censo electoral. Como el PSOE pierde votantes nativos, parece que quiere traerlos de fuera.

No es racismo ni xenofobia. Simplemente, es imposible la integración cuando los inmigrantes son tantos. Mucho más cuando, como ahora, muchísimos no hablan nuestra lengua, ni profesan nuestra fe, ni comparten nuestra cultura y tradiciones. La experiencia del Imperio romano debería ser suficiente para entenderlo (véase aquí el artículo que escribí al respecto): cuando su número es masivo, los acogidos ya no buscan integrarse, sino imponer sus costumbres; pasan de inmigrantes a invasores

Un retorno victorioso de Puigdemont me parece un precio razonable para evitar que la deriva temeraria que ha iniciado Sánchez, con la complicidad del PSOE en todo, se prolongue un año y medio más. A mí también me gustaría que un golpista prófugo saldara sus cuentas con la Justicia; las circunstancias son otras y extremas, pero abrazaría a un Puigdemont libre si apoya la moción de censura.

La inteligencia del equipo de Feijóo estará en darle a la oferta un carácter «irrechazable». Apuesto a que la inmensa mayoría de la gente de bien apoya mi propuesta (¡haced una encuesta cuanto antes!).

El programa que salga de esta moción de censura es claro: 1) suspensión inmediata de la regularización exprés, anulando los procesos ya iniciados; 2) acelerar las causas judiciales vinculadas con la corrupción sanchista; 3) elaborar unos Presupuestos que reduzcan la presión tributaria y el gasto público; 4) derogar todas las medidas sanchistas para las que se llegue a un acuerdo (reforma laboral, de pensiones, sistema de cotización de autónomos, tasas Tobin y Google, etc.). A Churchill también le decían que era mejor esperar, que se podía apaciguar a Hitler, que le regalara Malta, Gibraltar y el canal de Suez, que no era tan malo como decían, que la gente quería la paz. Hubiera sido lo más cómodo. Pero la historia no lo recordaría como el héroe que salvó a Europa de la barbarie nazi.

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