La España del hantavirus cruje por doquier
«Son situaciones inadmisibles provocadas todas por un Gobierno supercomunista al que en realidad Sánchez desdeña»

Ilustración generada con IA.
Son varios —podemos contar hasta diez, o más, en esta semana— los episodios representativos del desastre nacional. Son situaciones inadmisibles provocadas todas por un Gobierno supercomunista al que en realidad Sánchez desdeña; solo le interesa su supervivencia porque fuera no es que haga mucho frío, es que el frío es de banquillo y quién sabe si de cárcel. Vamos con este recuento semanal:
Punto primero: El hantavirus, más grave de lo que nos reconoce. El Gobierno ha cometido todas las torpezas posibles, incluso al trance de exponer a un tipo desmadejado, Fernando Simón, como nuevo arcángel del combate contra el bicho. La situación no está controlada, es más grave de la que nos transmiten. Miedo, no, respeto al bicho. Veremos cómo se van despejando las incógnitas sanitarias pendientes.
Punto segundo: En cinco días, elecciones en Andalucía. Aparentemente, solo un temor: que Sánchez intente el pucherazo. Así como suena, el temor está instalado en la sociedad española. El PP tiene que extremar la vigilancia. Moreno las tiene todas consigo y sabe que si no logra la mayoría absoluta, su victoria, por amplia que resulte, será presentada por la coalición leninista que nos gobierna como un fracaso. Clave la movilización del centroderecha.
Punto tercero: Los narcotraficantes vuelven a asesinar a la Guardia Civil y Marlaska, el ministro más reprobado de la democracia, se niega a considerar profesionales de riesgo a estos guardias que son como David guerreando contra un Goliat, armado hasta los dientes, que ha hecho del sur de España el centro mismo del reparto europeo de la droga. Un escándalo. Y en el funeral de las últimas víctimas, ni un ministro de este Gobierno miserable. Cobardes.
Punto cuarto: Aldama y Koldo, esta vez en la Audiencia Nacional. Esta semana los dos, pero con perspectivas diferentes. El primero, probablemente, sacará más artillería para probar la financiación ilegal del PSOE, mientras que el segundo volverá a vender lástima en un tribunal que le tiene más fotografiado que a Sánchez. Estamos ante una nueva causa dirigida, como todas las demás, a probar las guarrerías financieras de la mafia socialista.
Punto quinto: Sheinbaum, la cómplice de Sánchez. Mientras una ciudadana española es vapuleada por una conmilitona ágrafa del presidente español, este y todo su Gobierno comunista guardan silencio, como si las continuas agresiones de la lituana mexicana no fueran con ellos. Sánchez ha hecho suyo el supuesto genocidio que Hernán Cortés perpetró contra los «héroes» aztecas. Una auténtica malversación de nuestra historia. Traición histórica.
Punto sexto: Mazón demanda a unos cuantos agresores. Por ejemplo, a ese chico para todo, Gonzalo Miró, que le acusó de las más perversas prácticas. En el lote irán otros. Habrá sorpresas. Esta, sin ir más lejos: Sánchez quiso impedir en aquellos días, con amenazas varias, que Feijóo acudiera a los lugares que había destrozado la maldita dana. Quiso hacer al Rey partícipe de sus canalladas y a Mazón, copartícipe de su obsesión: volcar sobre la ultraderecha la responsabilidad de su agresión. Mazón no se dejó.
Punto séptimo: El Gobierno ha querido boicotear a Feijóo en Ceuta y Melilla porque no quiere enfadar al rey moro Mohamed, del cual es rehén. El líder popular está haciendo lo que ningún otro presidente ha hecho: llegarse hasta las dos ciudades. A la primera, Ceuta, para acrisolar su españolidad, puesta en solfa, por cierto, por un sicario de Trump, también muy cercano a los intereses de la dictadura marroquí. Las dos ciudades están en peligro cierto. Sánchez no las va a defender.
Punto octavo: Para junio, sentencia sobre Ábalos. Es lo más probable que el Tribunal presidido por Andrés Martínez Arrieta se pronuncie en la primera veintena de junio. Los magistrados buscan la unanimidad, algo muy complejo en un grupo donde dos de las juezas han dado muestras recientes y concretas de su cercanía a la Moncloa y sobre todo al pequeño Bolaños, el mayor maniobrero de la Justicia española. El debate en el Tribunal no va a ser fácil, a pesar de que es mayoritaria la identificación con lo dicho por el fiscal Luzón.
Punto noveno: Convulsión absoluta en el mapa británico, donde laboristas y conservadores se han ido a hacer puñetas. Convendría que Abascal no hinchara, aún un poco más, el pecho. Los reformistas no son principalmente sus homólogos en el Reino des-Unido; son, sobre todo, separatistas que pretenden dirigirse a la segregación británica. Vox a lo mejor lo sabe, pero existen —dada su escasa cultura— dudas razonables.
Y punto décimo: Atención a la gran manifestación del día 23 organizada por la Sociedad Civil Española (ningún partido ha metido la mano) que tendrá sede en Madrid. La sociedad ha escrito este lema mínimo y significativo: «Por la dignidad». Tiene que ser la gran revolución de la mayoría silenciosa contra Sánchez y todos sus sicarios. Una moción de censura popular contra este tipo inmoral que ha destruido España.
Corolario
El siniestro delegado apuñala a Díaz Ayuso. Todo anuncia una campaña brutal contra Ayuso, apuñalamientos varios, por cualquier espacio posible. El último ha sido el del delegado del Gobierno en Madrid, un comisario político que Sánchez tiene colocado con un solo menester: hacer la vida imposible a la presidenta de la Comunidad.
Ahora la quiere atribuir, así, sin despeinarse él, que es calvo como el que suscribe, la responsabilidad de la pléyade de asesinatos (apuñalamientos sobre todo) que se está produciendo en la capital. La postrera infamia de este sujeto ha sido convocar una reunión para analizar el muy desagradable fenómeno. Pero, vamos, tipejo: ¿qué responsabilidad tiene Ayuso en afirmar la seguridad de Madrid? No tiene ni un soldado a su orden. Pero ¿qué le importa al tal Martín el dato? Nada. Su martingala ha consistido en dejar una silla vacía en la susodicha reunión. Puro sanchismo: en la reunión, vistos los resultados, la única silla vacía debería haber sido la del delegado. El siniestro tendría que estar en el paro. Y por muchos años.
