Memorándum de estos chulos que nos asfixian
«Se les puede interrogar sobre Begoña Gómez o Ábalos, que realizan una pirueta y terminan en el SMI»

Ilustración generada con IA.
A su paso por Madrid, el presidente del Gobierno deberá comparecer en el Congreso para someterse al control de la oposición. Sobre este tipo de sesiones les comento de lo que presumen en el Grupo Socialista: «Nos da igual lo que nos digan, siempre salimos indemnes». Y tienen su punto de razón, porque el Reglamento de las Cortes las favorece. Se les puede interrogar sobre Begoña Gómez o Ábalos, que Sánchez o el aplicado furriel Bolaños, ahora a la baja, no responden, realizan una pirueta y terminan en el salario mínimo interprofesional. Luego Sánchez se trabaja un video con los tirantes de ‘Dos Pisos Wyoming’ y tan pancho: aquí no ha pasado nada y, si pasa, se le saluda. El presidente y sus corifeos de todo jaez tienen la impresión de que pueden chulearse ante el personal de que, hagan lo que hagan, seguirán, impasible el ademán, en sus sillones, pitorreándose de los fachas y asimilados. Porque, además, los juicios a que están sometidos van para largo.
Dos ejemplos: el de Ábalos y el chulo Koldo lo dan por sentenciado; «esas personas [denominación que se han inventado para ellos] ya están apartadas». Sobre la esposa influencer de Pedro Sánchez, segundo, puede haber esta semana alguna noticia parlamentaria, cuando el CEO de Air Europa, Hidalgo, se presente en el Senado este miércoles, seguramente para aclarar su turbia relación con la consabida Begoña. Poca cosa: «Las dos aerolíneas no nos van a hacer caer»; confesión socialista en público. No se dan por enterados: encima Sánchez se calza unos tirantes horteras, que le van como a un Cristo unas pistolas, y se jacta de que se va a eternizar en el poder, tanto como Monzón en la Sexta.
Pero, ¡ojo!, Sánchez no se conforma ni con el desdén por el desdén, ni con el nulo caso omiso; está perpetrando un descomunal ataque a la Justicia que desembocará —lo tenemos advertido aquí— en una crisis constitucional sin precedentes. Cada día que transcurre, el Gobierno atraviesa una nueva línea roja: ahora se trata de horadar el prestigio profesional de los jueces con los que les toca lidiar. Al desaliñado Peinado le tienen frito, pero ya es para ellos caza menor; en este momento, el gran oso al que hay que abatir es el presidente de la Sala II del Supremo, Andrés Martínez Arrieta, al que ya han colocado en el fango de la ultraderecha judicial. Repiten la acometida de la que fue objeto su predecesor en la Sala, Manuel Marchena. Algunos voceros del optimismo crónico especulan con la posibilidad de que el propio Sánchez termine, en alguna de sus causas pendientes, no ya como testigo, sino como imputado. No lo vamos a ver: él ya prepara a la mafia de sus genocidas políticos en el siguiente escenario: «Podemos perder las elecciones, pero ‘estos’ no nos duran ni dos años; les vamos a incendiar las calles». En estos días lo advertía así de claro un español, alto cargo institucional europeo: «Hemos pasado de un mundo de reglas a un mundo basado en el más fuerte… y ahí son imbatibles».
La última en incorporarse a este maldito sarao es Armengol, la impropia presidenta del Congreso. Lo seguro en un país decente es que esta señora balear ya estuviera a estas horas fuera de su sitial, pero no; atrapada como está por las fechorías que cometió de la mano de la secta de Ábalos, se ha declarado incólume y seguirá hoy mismo en la Presidencia de la Cámara, no sin antes, desde luego, haber arremetido sin piedad contra los héroes de la UCO a los que ha llamado de todo menos bonitos. Menos mal que para la fiesta popular nos queda el Senado, al que visita la exministra Montero. Es la Comisión anti-Sepi por la que están circulando los piratas que, desde esa institución, han manchado de estiércol todas las finanzas españolas. Estamos a diez días del comienzo de la campaña andaluza, donde debería ser asunto de primer debate la tragedia de Adamuz. Puente, el presunto heredero de Sánchez, ya ha dictaminado que en realidad el tipo que rompió la vía del AVE fue Feijóo, un auténtico barrenero de la paz nacional. El pucelano está a punto de sobrepasar en violencia a las Belarras de Podemos que, bien auxiliadas por el barman Pablo Iglesias, están exigiendo ahora mismo a Sánchez primero que abandone la Alianza Atlántica y segundo, ya en España, que acelere la constitución de la III República, invocación a la que Sánchez ha respondido de esta guisa: «Tranquis, chicas, cada cosa a su tiempo».
Y a todo esto, la derecha normal (hablo de Feijóo y el PP) no para de hacer cosas, pero el mercado informativo, comprado directamente por Sánchez, no las difunde. Es más: la mayoría de los suyos, los cercanos, las tergiversan. Fíjense: se han pasado cuatro meses, ¡cuatro!, avergonzando a los populares por su escasa cintura para componer un acuerdo de Gobierno con Vox en Extremadura y, una vez firmado, reaccionan con «no es esto, no es esto», aún más previniendo al presidente y, de paso, al Juanma Moreno, que el pacto compromete la mayoría absoluta en Andalucía. Leopoldo Calvo-Sotelo comentaba su frustración en situaciones parecidas: «Como en las siete y media me paso o no llego, pero nunca acierto». Y era cierto. Tan cierto como que él, gran presidente injustamente maltratado, no sufrió en el horizonte próximo el horror de un «minipucherazo» como el que acecha a Feijóo. O ¿qué cosa es la posibilidad de que Sánchez retrase las elecciones y así incorpore al censo a todos los nacionalizados agradecidos? ¿Les parece una advertencia infundada? ¡Pero hombres y mujeres de Dios!, ¿no están viendo todo lo que hace este sujeto contra España?
Menos mal que el pasado jueves, al rey actual, Felipe VI, se le hincharon las pelotas y proclamó por escrito que él sí había felicitado a Corina Machado por su Premio Nobel y que no lo hizo público para no ser vapuleado por Sánchez y su ralea. Bueno, algo es algo, aunque el cronista pregunta con todo el respeto posible: ¿Se da cuenta el rey Felipe de que el ataque a su padre es también un ataque a la Corona? Me dicen que sí; me quiero creer que nuestro buen Rey de ahora mismo es consciente de que, para la tremenda crisis constitucional que perpetra Sánchez, volada la Justicia, es el último muro que nos queda. Estos chulos que nos asfixian con la renta de los confiscadores, ya tienen dinero para el menester; les falta únicamente elegir la fecha.
