Ramón y Cajal, nobel de medicina: «No es más rico el que más tiene, sino quien menos necesita y quien más da para la felicidad de los demás»
Esta célebre frase atribuida al científico español resume con precisión su pensamiento humanista y austero

Ramón y Cajal dedicó buena parte de su obra a desentrañar la felicidad | Canva Pro
Santiago Ramón y Cajal fue el padre de la neurociencia moderna: revolucionó nuestra comprensión de la neurona y del funcionamiento del cerebro humano. Detrás de este brillante científico español, no obstante, había también un pensador humanista. Así lo dejó reflejado en sus escritos, en los que reflexionó acerca de la ética, la disciplina, la felicidad, la voluntad y el verdadero sentido de la riqueza.
Muchas de las reflexiones filosóficas que Ramón y Cajal hizo en este sentido han sobrevivido al paso del tiempo. No es de extrañar, pues conectan con problemas actuales del primer mundo, como el consumismo, la obsesión el éxito económico y social o la pérdida de valores intelectuales y morales. Entre las frases más difundidas que suelen atribuírsele al científico destaca: «No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita para ser feliz y quien más da de lo que posee para la felicidad de los demás».
Se ha dicho que el tiempo es oro; yo añadiría que el tiempo es más que oro: es vida, es luz, es camino de perfección
Como suele ocurrir con los grandes pensadores, esta cita que circula por internet y redes sociales, y que se le atribuye al neurocientífico, no es suya al ciento por ciento. No obstante, sí encaja perfectamente con su pensamiento humanista y austero, motivo por el cual, quizá, se le terminó atribuyendo esta frase con el tiempo. Al respecto, Ramón y Cajal defendía la sobriedad, la disciplina y el desprecio por el lujo innecesario.
El origen real de la idea es mucho más antigua. De hecho, se relaciona con la tradición estoica y cristiana. Por ejemplo, a San Agustín se le atribuye esta cita:« No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita». Y Epicuro lo expresó más o menos igual: «¿Quieres ser rico? Pues no te afanes por aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia». Por tanto, aunque no hay evidencia de que Ramón y Cajal pronunciara esa frase literalmente, sí se puede afirmar categóricamente que refleja lo que defendió en sus ensayos y aforismos.
La riqueza según Ramón y Cajal: libertad intelectual y austeridad
A comienzos del siglo XX, a Ramón y Cajal le preocupaba el avance del materialismo y la falta de voluntad en la sociedad española, especialmente entre los jóvenes. Y esto, para él, era un completo error, ya que consideraba que la verdadera riqueza no podía medirse en bienes materiales, sino en independencia intelectual, fortaleza moral y capacidad de servicio.
Estas ideas aparecen de forma recurrente en obras como Charlas de café, donde el pensador defendía la importancia de llevar una vida sobria y austera, dedicada al estudio (aprendizaje, en general), a la creación y a la superación personal. Todo ella tenía un claro fin: la libertad.
No son las dotes intelectuales las que faltan a la mayor parte de los hombres, sino la voluntad. El genio no es otra cosa que una laboriosidad prolongada
Ramón y Cajal consideraba que quien necesita poco es más libre. Menos dependiente del lujo, del reconocimiento o del poder ajeno. En consecuencia, esa persona puede dedicar más tiempo y energía a aquello verdaderamente importante, como pensar por sí mismo, reflexionar, investigar, crear y contribuir al progreso social.

Esta tesis fue posteriormente respaldada por la ciencia. Un influyente estudio, realizado por Edward Deci y Richard Ryan, sobre la teoría de la autodeterminación concluyó que las personas que orientan su vida hacia metas intrínsecas —como el crecimiento personal, las relaciones humanas o el servicio a la comunidad— presentan mayor bienestar y felicidad que quienes priorizan riqueza, fama o estatus.
La felicidad es superación continua
Otro de los pilares de la obra de Ramón y Cajal fue el llamado «culto a la voluntad». Frente a la idea romántica del genio innato o del artista incomprendido y disperso, el científico defendía el poder de la disciplina constante como motor del éxito y de la felicidad: «No son las dotes intelectuales las que faltan a la mayor parte de los hombres, sino la voluntad. El genio no es otra cosa que una laboriosidad prolongada». La felicidad, para él, no era un estado de posesión, sino de superación continua. Es decir, una persona verdaderamente rica es aquella que dominar sus deseos superfluos y orientar su vida hacia grandes metas.
La neurociencia moderna coincide con esta perspectiva. Numerosos estudios sobre motivación autónoma han demostrado que las personas que actúan guiadas por objetivos propios y significativos experimentan mayor vitalidad y estabilidad emocional que quienes viven condicionadas por recompensas externas o presión social.
La austeridad como forma de libertad
Uno de los objetivos propios que se fijó Ramón y Cajal fue la austeridad consciente. A pesar de su fama internacional y de haber recibido el Premio Nobel, el pensador siempre tuvo hábitos sencillos y una vida en la que el estudio era lo principal. Una de las frases que mejor sintetiza esta filosofía es: «El arte de vivir es el arte de saber prescindir de lo superfluo».
La idea no implicaba rechazar el dinero como herramienta útil, sino advertir contra la esclavitud del consumo y del reconocimiento social. De hecho, Ramón y Cajal utilizaba frecuentemente la ironía para señalar las contradicciones humanas: «Se dice que el dinero no da la felicidad; sin duda se refiere al dinero de los demás».
La ciencia ha profundizado en esta relación entre materialismo y bienestar: una amplia revisión publicada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas concluyó que dar demasiada importancia a lo material suele asociarse con menores índices de felicidad y una mayor propensión a la ansiedad y la depresión.
El tiempo es la mayor riqueza
Además de la austeridad, Ramón y Cajal le daba mucha importancia al tiempo, entendido como disponer de minutos y horas para estudiar y pensar: «Se ha dicho que el tiempo es oro; yo añadiría que el tiempo es más que oro: es vida, es luz, es camino de perfección». Es decir, que quien vive atrapado por necesidades artificiales debe dedicar gran parte de su vida a sostenerlas. En cambio, quien reduce lo superfluo gana libertad para crear, aprender y ayudar a los demás.
Se dice que el dinero no da la felicidad; sin duda se refiere al dinero de los demás
Las investigaciones lideradas por Daniel Kahneman y Angus Deaton lo demostraron: hallaron que el incremento de ingresos mejora ciertos indicadores de satisfacción vital, pero no incrementa indefinidamente la felicidad propiamente dicha. Estudios posteriores han seguido ahondando en el tema, especialmente en dónde se encuentra exactamente el límite psicológico del dinero sobre la felicidad. Al respecto, la mayoría coincide en que, una vez cubiertas las necesidades básicas y alcanzada cierta estabilidad, factores como las relaciones humanas, el propósito vital y la autonomía personal (libertad, a fin de cuentas) tienen un peso mucho mayor.
Más de un siglo después, el pensamiento de Santiago Ramón y Cajal continúa siento actual porque, en el fondo, el pensador defendía asuntos contemporáneos como la relevancia de la libertad interior, el valor de disciplina y la importancia de contribuir al bien común.
