Un perdedor neto del sanchismo
«El puesto que la Historia le tiene reservado a Sánchez es de aúpa»

Ilustración generada con IA.
1. Yo no quiero que haya elecciones anticipadas. No quiero perderme el retrato de Dorian Gray en lo mejor.
2. Estas ansias absurdas del PP por pactar con el PNV y con Junts, aunque sea una moción de censura «instrumental», nos recuerda que en el PP no se han enterado de nada. Como cuando pacta (esto fatalmente consumado) con Vox. En los tres casos por lo mismo: por consentir a la reacción, cuando se pretende de centro (de «centroderecha»). El PP es el único partido institucionalista que queda (el institucionalismo es ya la fase más modesta, casi irrisoria, del constitucionalismo) y no da la talla. Aunque puede que termine ganando justo por esto: el pueblo español tampoco da la talla.
3. Un amigo posibilista reprueba reflexiones (o posturas) mías como la anterior. «¿Pero entonces qué hacer?». Es verdad que la política es «el arte de lo posible». Lo percibo con crudeza en nuestra situación. Pero algunos estamos en otra cosa, reconozco que irreal. Lo posible no lo es todo. Me resisto a rendirme al arte de la política.
4. El puesto que la Historia le tiene reservado a Sánchez es de aúpa. La lástima es que él se irá, pero seguirá ya toda la vida ese porcentaje inasumible de españoles a los que les he perdido el respeto.
5. Un perdedor neto del sanchismo es Antonio Muñoz Molina. Porque es tal vez el único que llegó con un prestigio.
6. Hay un elemento que permite calibrar si un escritor tiene o no fibra moral (y, como consecuencia de ello, tensión y valor en su mundo, en su estética): si se arriesga a la segmentación de su mercado. Al que no se arriesga lo podemos calificar, además de comercial, de pancista.
7. Camino por la Feria del Libro de Madrid erguido, rápido, con aprensión. Llevo meses metiéndome con escritores y temo que alguno me dispare desde su caseta. Al contrario que el tiro al pato en las casetas, esta vez el pato va por fuera y soy yo. Pero encuentro amigos: Carlos Hortelano, Francisco Lapuerta, Jorge Mínguez (firmando Miro pasar el río), Daniel Gascón (firmando Los nuevos Bartleby), Pablo de Lora en ropa deportiva (le digo que quiere competir con la camiseta de Uclés) y el editor Alfonso Crespo, al que le he prometido mi Bernhard para Athenaica (lo tendrá).
8. Caetano Veloso es la figura más importante de las que pasan estos días por Madrid. Su concierto en el Movistar Arena me sorprendió: me esperaba algo crepuscular, vitalista, pero en estilo tardío (que era lo que yo necesitaba), pero decidió no ser un soft Brazilian singer. Metió tralla con canciones reivindicativas (Podres poderes, Anjos tronchos, Um índio, Fora da ordem) y una banda ruidosa, con sonido confuso cuando se ponía a tope. Fue una exhibición enérgica, con Caetano no queriendo dejar entrar al viejo que Clint Eastwood ya ha dejado entrar. Había muchísimos brasileños, pero al final no pidieron el bis con el grito unánime de hace años: «Você parou! Parou por quê?». He comprendido que era un grito generacional. Pero a veces la banda se refrenaba y se producían ráfagas del Caetano (que por lo demás cantó extraordinariamente) que yo quería. No faltaron varias de mis canciones favoritas de siempre: Sozinho, Não enche, Queixa, Desde que o samba é samba, Odara. Ni por el tono ni por la actitud fue un concierto de despedida. ¿Volverá? Por si acaso, miré cómo se metía entre bambalinas, pequeño ya, desdibujándose con la niebla de los focos y perdiéndose como si fuese la última vez. Lo que nos ha regalado es muy grande.
