The Objective
La semana por delante

El Papa, obligado a convivir con la inmundicia de Sánchez

«Tengo la impresión de que los tribunales van a guardar sus sentencias hasta que León XIV abandone Canarias»

El Papa, obligado a convivir con la inmundicia de Sánchez

Ilustración generada con IA.

Den por seguro que León XIV llegará a España el próximo sábado perfectamente informado de la imundicia brutal que encierra el Gobierno de Pedro Sánchez. La Diplomacia Vaticana es la más lista de la clase. De entrada, tendrá en su hoja de ruta este dato, este doble dato estremecedor: 40 imputados en 9 causas pendientes rodean la permanencia de Sánchez en el poder, delitos de todo jaez.  Ahora mismo, dos parecen ser las obsesiones que preocupan al Pontífice: la inmigración y los riesgos de la inteligencia artificial.

Los anfitriones de León XIV, que han hecho todo lo posible por difuminar el protagonismo de los Reyes, presumen de que su sintonía con el Vaticano en estos dos grandes asuntos de nuestro tiempo no puede ser más certera. Los socialistas, que ostentan el dudoso récord de ser el país europeo con más abortos por metro cuadrado, y que luchan por hacer de España el gran zulo de las democracias occidentales para la eutanasia, se refugian en el gran debate mundial sobre cómo acoger a los visitantes más vulnerables y hasta qué punto la gran revolución de la IA va a condicionar nuestra existencia de ahora en adelante, para vender su semejanza intelectual y social con el Papa de Illinois. Ello coloca en una difícil situación a este que —ya lo verán— va a situar, en todo caso, los valores morales en el frontispicio de todas sus intervenciones en España. Son tan desaprensivos estos delincuentes que nos mandan (gobernar es otra cosa) que han intentado, de la mano del sombrío Bolaños, conseguir que el jefe de la Iglesia Universal se llegara hasta la Moncloa para rendir pleitesía al jefe del Gobierno. Según le llega a este cronista, la respuesta del Vaticano a esta miserable incitación ha sido muy de las suyas: «La Agenda ya está muy completa y no se puede modificar». Roma se las gasta así. Menos mal.

Llega el Papa a España en medio —creemos— de una tregua en la eclosión política que nos invade. No sé, pero tengo la impresión de que los tribunales, igual que hacen en las campañas electorales, se van a guardar sus sentencias durante unos días hasta que León XIV abandone Canarias. Puede suceder esto, ¿o no?, que diría Mariano Rajoy. En este momento, la decisión de las defensas, tanto la de Begoña Gómez como la del hermano músico mentiroso, coincide en una petición: el aplazamiento de las vistas. Y la verdad es que no se entiende bien cuál es el motivo que les induce a solicitar semejante medida porque, a medida que pasen los días, el cúmulo de revelaciones, directas o asociadas, que se van a realizar sobre los susodichos aumentará la gravedad de los casos. Por ejemplo: la Universidad Complutense de Madrid estudia llevar a Begoña Gómez a los tribunales por haber robado el software sobre el que asentó su cátedra de pitiminí. Lo que sucede —ya se ve— es que las gentes en este país, sean cuales sean sus profesiones, ya le están perdiendo el miedo a estos perdularios y empiezan a someter a su lengua a un ejercicio permanente de informaciones.

Volvamos al Papa. Viene a España dibujado con esa media sonrisa, que tanto puede retratar un rictus de bondad a la Ratzinger, o un medido gesto de ironía que debe significar un «¡Ojo!, que a mí no me la dais». Es agustino y por eso, cuando los demás vamos, él ya vuelve. Téngase en cuenta esta constancia. Sobre el periplo del viaje del Papa en España existen algunas incógnitas, la principal de las cuales es cómo se comportarán con él en su estancia en el Congreso de los Diputados. A ver qué hace esta izquierda irredenta cuya única creencia radica en las fechorías heredadas del padrecito Lenin. O en su caso, del asesino Stalin. El presidente de la Conferencia Episcopal del país, monseñor Argüello, que no da puntada sin hilo y ya ha adelantado que espera que el viaje de León XIV suponga la inauguración —literal— de «una nueva época». O sea, declaración en consonancia con lo que pensamos la mayoría de los españoles, hasta el gorro de soportar a esta mafia de ladrones que pretenden seguir robándonos la paciencia (otras cosas, joyas incluidas, también) hasta, quizá, el 29 de mayo de 2027, fecha que el desalmado ha empezado a filtrar como la más adecuada para sus intereses. ¿Qué les parece que esta idea es irrealizable? Pero, hombres de Dios, ¡si las últimas elecciones las convocó en julio del 23!

Otra semana más, esta que empezamos, se cursará sin que Sánchez responda en el Parlamento. En la postrera de julio ya ha anunciado que sí, que comparecerá en el Congreso para explicar sus escándalos actuales. Algunos -quizá el siniestro Bolaños- le han asegurado que ya en esos días las gentes estarán en la playa y no se ocuparán de seguir al dedillo los pormenores que jalonan la vida de estos malhechores. En definitiva, la prolija estancia de León XIV en nuestra nación se la están trabajando en el Gobierno comunista como un descansillo para tomar resuello para lo que ocurra a continuación. En estas condiciones, la pregunta que se fomula el grueso de los católicos del país es la siguiente: ¿Se ocupará el Papa, aunque sea de refilón y oblicuamente, de reivindicar la moral pública en todos sus aspectos? Hay Mandamientos, el séptimo y el octavo en las Tablas de Moisés, muy adecuados al caso. No estaría de más que este buen Papa, mezcla de americano de dos continentes, nos diera su actualizada versión sobre ellos. Por ejemplo, en lo referente a España, un país acosado por la inmundicia de Sánchez y sus palanganeros robaperas.     

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