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Sociedad

¿Tiene género la belleza? Un estudio encuentra mayor atractivo en los rostros femeninos

En general, tanto las mujeres como los hombres valoran mejor las caras femeninas que las masculinas

¿Tiene género la belleza? Un estudio encuentra mayor atractivo en los rostros femeninos

Un grupo de mujeres. | Magnific

Históricamente, se ha considerado a los hombres el sexo más fuerte. Sin embargo, en relación con la belleza, ocurre justo lo contrario. Según un estudio publicado recientemente, ambos sexos consideran los rostros de las mujeres más atractivos. Es decir, parece existir una «brecha de atractivo de género» —aunque esta no sería igual en todas las etapas vitales— que mostraría un patrón consistente con la idea de que las mujeres son «el sexo bello», tal y como han planteado a lo largo de los siglos muchos autores, como Charles Darwin y Richard Dawkins.

Esta idea cobró fuerza a partir de la Edad Moderna y alcanzó especial relevancia en los siglos XVIII y XIX. Se asociaba a las mujeres con la belleza, la gracia y la delicadeza, mientras que a los hombres se les atribuían la fuerza y la racionalidad, dentro de una visión que consideraba ambos sexos como «naturalezas» complementarias. En la literatura, la pintura o la publicidad era habitual presentar a la mujer como objeto de admiración visual. Sin embargo, esta concepción no implicaba considerar al colectivo femenino «superior» estéticamente, sino que formaba parte de una división rígida de los roles de género.

Con el paso del tiempo, el concepto ha sido también muy criticado —especialmente desde el feminismo contemporáneo— por reducir a las mujeres principalmente a su apariencia, convertir la belleza en una expectativa social obligatoria y reforzar roles tradicionales donde el valor femenino depende más de ser atractiva que de otras capacidades. En consecuencia, en la actualidad la expresión «el sexo bello» para referirse al género femenino resulta anticuada o incluso paternalista en muchos contextos, aunque aún aparece en usos literarios, irónicos o nostálgicos. 

El análisis —cuyo objetivo era basar el tema en datos y hechos comprobables— fue llevado a cabo por investigadores del Instituto Max Planck de Estética Empírica (Alemania) y se basó en la recopilación y armonización de un amplio conjunto de datos globales, siendo, hasta la fecha, la mayor colección de datos sobre el atractivo facial. En concreto, se reunieron un total de 52 estudios de 76 países, 28.500 evaluadores aproximadamente, 17.000 estímulos faciales y 1,5 millones de calificaciones individuales.

Como consecuencia, se observó que, de media, se considera que los semblantes femeninos son más atractivos que los masculinos, de forma consistente en prácticamente todas las culturas y grupos analizados. Es decir, la diferencia a la hora de valorar se repitió, independientemente de la cultura, de la edad o incluso del sexo de quien evaluaba las imágenes. Por tanto, no solo los hombres puntuaban más alto a las mujeres, sino que también ellas mismas tendían a considerar más atractivas las expresiones faciales de su mismo género que las masculinas.

No obstante, debido a que no en todos los casos los individuos valoraban mejor al sexo opuesto, la diferencia no parecía explicarse solamente por preferencias sexuales o románticas. Para entender por qué ocurría esto, se analizaron los rasgos faciales concretos, descubriéndose que los rostros femeninos tienden a ser más redondeados y suaves, mientras que los masculinos son más angulares. En este sentido, se identificó que las personas generalmente preferían las formas redondeadas, aunque esa característica no explicaba por completo la ventaja sistemática de las facciones femeninas, ya que, incluso controlando estadísticamente el aspecto de la cara, se producía.

Por otro lado, el estudio identificó que las diferencias en la valoración de rostros masculinos y femeninos tendían a reducirse con la edad. Entre las personas jóvenes, la distinción era clara, pero se atenuaba progresivamente en los grupos de mayor edad hasta casi desaparecer alrededor de los 80 años. Según los autores, este fenómeno podría explicarse porque las diferencias físicas entre los rostros masculinos y femeninos se diluyen con el envejecimiento.

Por último, otro hallazgo relevante fue que la diferencia prácticamente desaparecía cuando las personas evaluaban su propia apariencia: hombres y mujeres tendían a otorgarse valoraciones similares. Esto sugiere que el fenómeno no se explica por diferencias de autoestima entre géneros, sino por la manera en que las personas perciben los rostros masculinos y femeninos.


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