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Ciencia

El riesgo de demencia de los fumadores decae tras siete años sin tabaco

Un estudio sugiere, además, que controlar el peso tras dejar de fumar podría influir en los beneficios cognitivos

El riesgo de demencia de los fumadores decae tras siete años sin tabaco

Un cigarro. | Magnific

Dejar de fumar produce muchos beneficios, tanto a corto como a largo plazo. Algunos de ellos son la mejora de la salud cardiovascular y de la función pulmonar, la reducción del riesgo de cáncer, el aumento de la energía y la resistencia física y la mejoría del aspecto físico. Ahora, un estudio ha revelado una asociación consistente entre abandonar el tabaco y proteger la salud mental en el futuro, concretamente disminuyendo el riesgo de padecer demencia hasta casi equipararse respecto a quienes nunca han tenido ese hábito. Específicamente, esto ocurriría —según la investigación— tras unos siete años.

El análisis, desarrollado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zhejiang (China), se llevó a cabo mediante un seguimiento a casi un total de 33.000 adultos en Estados Unidos de mediana y avanzada edad que no padecían demencia. De ellos, alrededor de un 20% eran fumadores activos, un 36% eran exfumadores y un 43% no habían fumado nunca. El rastreo duró unos diez años por sujeto y, de ellos, durante cada dos se llevaron a cabo entrevistas a los participantes sobre sus hábitos de tabaquismo, peso y salud. Asimismo, se les efectuaron pruebas periódicas de memoria y razonamiento para controlar su salud cerebral.

Durante más de 25 años de observación se documentaron 5.868 casos de demencia. Al margen de ello, se descubrió que, en comparación con quienes seguían fumando, el riesgo de sufrir un deterioro cognitivo severo se redujo entre los que dejaron de hacerlo durante el periodo de evaluación, similar al de quienes habían dejado de fumar antes de comenzar el estudio y al de los no fumadores. Respecto al paso del tiempo desde la cesación de dicha práctica, se apreció que el riesgo se acercó al de los que no fuman y se estabilizó en torno a los siete años después de renunciar al tabaco.

En la misma línea, los análisis de trayectorias cognitivas mostraron que suspender el tabaquismo se asociaba con un deterioro cognitivo más lento a largo plazo, pero no con alteraciones temporales en las funciones mentales. Esto ocurría especialmente en aquellas personas que habían sufrido un ligero aumento de peso al renunciar a fumar. En este sentido, se identificó que los beneficios de cesar el consumo de tabaco se limitaron en gran medida a los participantes que, tras abandonar dicho hábito, no habían sufrido un aumento de peso o que este había sido moderado a los dos años posteriores. 

«Nuestros hallazgos sugieren que dejar de fumar puede favorecer la salud cerebral a largo plazo, pero también muestran que lo que ocurre después de abandonar el cigarrillo es importante», explicó Hui Chen, una de las principales autoras, a través de un comunicado. A pesar de ello, indican que el estudio solo muestra una asociación, sin demostrar una relación causal directa. «Todavía necesitamos más investigaciones para entender cómo el control del peso y otros hábitos de vida pueden ayudar a maximizar los beneficios cognitivos de dejar de fumar a medida que las personas envejecen», explicó Chen.

En este contexto, es importante señalar que cuando se pone fin a esta práctica, es bastante común subir de peso, ya que el tabaco —en concreto, la nicotina— influye en varias funciones del cuerpo relacionadas con el metabolismo y el apetito. Exactamente, lo que ocurre al abandonar su consumo es que el gasto energético disminuye ligeramente y puede aumentar la sensación de hambre. Además, pueden producirse cambios en el comportamiento alimentario derivados del reemplazo de la satisfacción que produce fumar o de la recuperación del gusto y el olfato.

Relación con la demencia

La demencia es un síndrome clínico, no una enfermedad en sí misma, caracterizado por —entre otros síntomas— un deterioro progresivo de las funciones cognitivas que llega a ser lo suficientemente grave como para interferir con la autonomía de la persona en su vida diaria. Esta condición, que puede deberse a distintas patologías, afecta a múltiples funciones cognitivas, incluyendo la memoria, el lenguaje, la atención y la concentración, el razonamiento y la toma de decisiones, la orientación y las funciones ejecutivas.

Fumar está relacionado con la demencia porque afecta al cerebro de forma indirecta y progresiva. El tabaco daña los vasos sanguíneos, reduciendo el flujo de sangre y oxígeno al cerebro, lo que deteriora las funciones cognitivas con el tiempo. También aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares, que pueden causar daños cerebrales permanentes. Además, acelera el envejecimiento cerebral y la inflamación, afectando al sistema nervioso a largo plazo. Por ello, es un importante factor de riesgo de deterioro mental.

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