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El coche conectado acelera la llegada de la ITV virtual

La DGT cifra en más de 15 millones los coches conectados en España, pero el sector aún no ha adaptado sus controles

El coche conectado acelera la llegada de la ITV virtual

Estación de ITV. | Junta de Extremadura (EP)

El avance del vehículo conectado está obligando a moverse a toda la cadena de la automoción. No solo a fabricantes, talleres o aseguradoras, sino también a las empresas encargadas de inspeccionar y garantizar la seguridad de esos coches. La Inspección Técnica de Vehículos (ITV) empieza a quedarse corta ante el auge de sensores, software, datos e inteligencia artificial.

Según la Dirección General de Tráfico (DGT), en España circulan actualmente más de 15 millones de coches conectados, capaces de generar información, registrar fallos, activar avisos y comunicarse con otros sistemas. Mientras tanto, la inspección tradicional sigue centrada en comprobar elementos físicos como frenos, luces, neumáticos o emisiones.

La respuesta que empieza a plantearse en Europa es una ITV parcialmente virtual. La Comisión Europea ha propuesto adaptar las inspecciones a los vehículos eléctricos, conectados y con sistemas avanzados de asistencia a la conducción. Esto implicaría revisar componentes electrónicos, comprobar la integridad del software, detectar manipulaciones y avanzar hacia certificados digitales.

La nueva brecha automovilística

Alberto Da Silva, country manager de Dekra en España, afirma que «parte de la ITV mañana será virtual». La compañía realizó más de 32 millones de inspecciones de vehículos en 2025 y defiende que el sector debe prepararse para una movilidad mucho más digitalizada.

No se trata, en principio, de que los conductores de coches nuevos vayan a acudir menos a la ITV. La diferencia está en que el propio vehículo puede anticipar fallos antes de llegar a la estación. Si un sistema no funciona bien, el coche puede avisar al conductor y permitirle acudir al taller antes de recibir un resultado desfavorable.

Ahí aparece la brecha. El vehículo ya sabe más de su propio estado de lo que muchas inspecciones pueden comprobar hoy. Pero que el coche genere esa información no significa que una estación pueda acceder a ella, interpretarla y validarla con valor oficial.

Cómo serían las nuevas inspecciones

Una ITV más digital no sustituiría de buenas a primeras la revisión presencial, sino que añadiría una capa física de control. Además de comprobar el estado físico del vehículo, las estaciones podrían revisar sistemas avanzados de asistencia y seguridad, como los ADAS (del inglés: «Advanced Driver Assistance Systems») y los ARAS (del inglés: «Advanced Rider Assistance Systems»).

En la práctica, esto permitiría comprobar si el sistema de frenada automática de emergencia funciona correctamente, si las cámaras y radares están operativos o si una actualización remota ha dejado el coche fuera de homologación. También podrían verificarse fallos registrados en centralitas relevantes para la seguridad, manipulaciones en el software de emisiones o errores en sistemas eléctricos esenciales.

Para que ese modelo funcione, el sector reclama acceso estandarizado a la información electrónica del vehículo. No bastaría con tener estaciones más modernas. Harían falta herramientas de diagnóstico, datos homogéneos y criterios compartidos entre fabricantes, administraciones y empresas de inspección.

El Gobierno tiene que abrir la puerta

Dekra mantiene conversaciones con la DGT, asociaciones del sector ITV y administraciones autonómicas para definir cómo podría evolucionar este modelo. Sin autorización pública, las empresas no pueden acceder libremente a los sistemas internos del coche ni asumir la responsabilidad de validar esos datos.

Da Silva calcula que podrían pasar alrededor de cinco años hasta que el futuro de la ITV quede establecido. El Gobierno tendrá que decidir qué información se puede leer, quién puede acceder a ella, cómo se protege la privacidad del conductor y quién responde si un sistema falla.

Este debate no afecta solo a España. Alemania y Francia, mercados con mayor volumen de verificaciones, también afrontan el mismo reto. Cuanta más tecnología incorpora el coche, más formación necesitan los inspectores. Ya no basta con conocer la parte mecánica, sino que también hay que entender diagnósticos digitales, sistemas electrónicos y software de seguridad.

Más prevención, pero también más dudas

Para el conductor, una ITV virtual puede traducirse en menos sorpresas y más prevención. Si el coche avisa antes, el usuario puede reaccionar y acudir al taller con más margen. Además, la ITV seguirá teniendo una frontera legal clara: inspecciona, pero no repara. Si detecta un fallo, puede declarar el vehículo desfavorable, pero no arreglarlo allí mismo.

El coche conectado no elimina la ITV tradicional. La obliga a transformarse. Las estaciones seguirán revisando frenos, luces y emisiones, pero tendrán que aprender a leer datos.

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