Los nuevos coches leen la retina del conductor para evitar accidentes
Los vehículos matriculados por primera vez desde el 6 de julio deberán incorporar asistentes que controlan la atención

Sistemas ADAS. | DGT
A partir del 6 de julio, la normativa europea GSR2, derivada del Reglamento de la Unión Europea 2019/2144, obligará a que los coches matriculados por primera vez incorporen de serie sistemas avanzados de seguridad ADAS (Advanced Driver Assistance Systems). La medida no afecta a los vehículos que ya circulan, pero sí marca un salto importante en los modelos que se saquen al mercado desde esa fecha.
El objetivo es reducir los accidentes vinculados al error humano y proteger mejor a los usuarios más vulnerables. En concreto, el sistema de frenado avanzado ante peatones y ciclistas busca evitar atropellos y, según la DGT, podría reducir un 30% los atropellos a viandantes y un 45% los de ciclistas.
La novedad no se queda fuera del coche. Una cámara inteligente analizará los ojos, la posición de la cabeza y la dirección de la mirada del conductor. Si detecta sueño, distracción o falta de atención, emitirá un aviso. Además, si el conductor no reacciona ante un peatón o un ciclista, el vehículo podrá frenar de forma autónoma. En 2025, la DGT ha contabilizado 103 peatones y 40 ciclistas fallecidos en vías interurbanas.
Dos sistemas más
Los protagonistas de esta última fase son el sistema avanzado de advertencia de distracciones del conductor, conocido como DDR-ADR o ADDW, y el frenado de emergencia para peatones y ciclistas, AEB-PCD. Ambos completan la aplicación de la normativa GSR2 para vehículos de nueva matriculación.
Con ellos, el paquete obligatorio se compone de diez ADAS. Entre ellos están el asistente inteligente de velocidad, la caja negra, la alerta de fatiga, la frenada automática, el mantenimiento de carril, la detección de marcha atrás, el aviso de cinturón en las plazas traseras, la preinstalación del alcoholímetro antiarranque y los sistemas mencionados en el párrafo anterior.
Desde 2024 ya eran obligatorios para homologar nuevos modelos. Ahora, cualquier vehículo que se matricule por primera vez deberá llevarlos de serie. La DGT ha señalado que, en 2025, la conducción distraída estuvo presente en el 24% de los accidentes mortales en vías interurbanas, mientras que la fatiga apareció en el 11%.
El coche que mira dentro y frena fuera
El DDR-ADR puede utilizar cámaras y sensores para analizar movimientos oculares, parpadeos, inclinación de la cabeza y dirección de la mirada. El AEB-PCD actúa hacia el exterior; si detecta riesgo de colisión con un peatón o un ciclista y el conductor no responde, puede activar los frenos.
Aun así, estas medidas no sustituyen las grandes quejas de los conductores que piden más atención al mantenimiento de las carreteras, la señalización y el buen estado del firme. La Asociación Española de la Carretera ha cifrado en 13.491 millones de euros la inversión necesaria para conservar correctamente la red viaria española.
Privacidad, datos y avisos constantes
El punto más delicado está en los datos. La norma no impone una inteligencia artificial concreta, pero permite usar cámaras, sensores y software para interpretar si el conductor mira a la carretera. El análisis debe hacerse en tiempo real y dentro del propio vehículo.
La UE ha fijado límites: los sistemas no deben identificar de forma única al conductor ni conservar datos innecesarios. Tampoco deberían estar disponibles para terceros. Sobre el papel, el coche puede analizar la mirada, pero no convertirla en un registro personal permanente.
Aun así, muchos usuarios desconfían de que se registren elementos tan personales como la mirada, los gestos o la postura. También pesan los pitidos por velocidad, carril, fatiga o distracción. Cuando una ayuda se vuelve intrusiva, algunos conductores optan por desconectarla, debilitando precisamente la seguridad que busca reforzar.
La nueva brecha del coche conectado
La obligación llegará primero a quienes puedan estrenar coche. Los vehículos recién matriculados tendrán más cámaras, sensores, software y frenado automático, mientras millones de coches antiguos seguirán circulando sin estas funciones.
Esa diferencia puede abrir una nueva desigualdad en la seguridad vial. No todos los conductores accederán al mismo nivel de protección ni asumirán igual el coste de un vehículo recién estrenado. Además, incorporar más tecnología puede encarecer la compra, el mantenimiento y las reparaciones.
También puede reforzarse una división visible entre quienes acepten sumarse a un coche más conectado y asistido y quienes prefieran vehículos menos digitalizados. El reto será que la prevención no se transforme en más costes, avisos y dudas sobre la privacidad.
