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Macron no nos engaña

José Antonio Montano

Foto: LIONEL BONAVENTURE
Reuters

Con Macron hemos ganado los buenos. Entre los que no están Mélenchon, Zizek, Verstrynge o Echenique, que podrán adornarse ya en la vida de lo que quieran, pero no de antifascistas. Su comportamiento lamentable en estas semanas tampoco nos sorprende, por lo demás: ellos son lo que son. Pobrecillos.

Aunque Emmanuel Macron es voluntarioso y optimista, a él ha ido el voto pesimista. Vale también decir: realista. El que se hace cargo de la complicada realidad y trata de maniobrar de acuerdo con lo que es o puede ser, no de quimeras. El abyecto catastrofismo de Marine Le Pen, en cambio, era optimismo puro. Porque se trataba de un catastrofismo con final feliz, según ella, si ganaba ella.

He aquí lo que comparten la extrema derecha y la extrema izquierda: el idealismo de los que componen un engrudo abstracto y luego lo aplastan con la realidad, aplastándola. Análisis falsos, soluciones falsas: promesa de felicidad absoluta con consecuencia segura de infelicidad. El patético espectáculo de los que se dejan engañar, y el repulsivo espectáculo de sus engañadores.

Pero Macron no nos engaña. Me ha venido esta frase al saber que es lector de René Char. Cuando murió este gran poeta surrealista, Octavio Paz le dedicó un poema con un título precioso: “René Char no nos engaña”. Aunque a un político no hay que buscarlo en la poesía (¡Dios nos libre!), sino en la prosa. Y es en la prosa de la cruda realidad donde Macron ha ido de frente. Podrá hacerlo bien o mal y salirle mejor o peor, pero él y sus votantes saben dónde pisan.

Y esto, tal y como están las cosas, y después del añito que llevamos, y sabiendo que en la historia solo hay treguas (más o menos frágiles, más o menos breves) ya es prometedor.

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Pequeños

José Antonio Montano

Qué pequeños han sido los nacionalistas en estos días tristísimos para Barcelona, Cataluña, España. Y los que no han sido pequeños es que no son del todo nacionalistas. Serían estos los nacionalistas llevaderos, o ‘conllevaderos’: aquellos para los que, aunque se consideren nacionalistas, el nacionalismo no es la razón principal –tendente a absoluta– de su vivir. Aquí  hablo de los otros, los nacionalistas puros. Esos insoportables.

El espectáculo que han dado, sobre los cadáveres calientes, ha sido abyecto y repulsivo. Se ha impuesto en ellos la pulsión de abusar, tergiversar, usurpar. Están en una dinámica delirante en la que la realidad se ha disipado; también la de los muertos. Todo vale exclusivamente para la causa. En este sentido, los separatistas han ganado: se han separado por su cuenta y no hay nada que hacer. Solo dejar constancia de la porquería, para que el nacimiento de su nación apeste. (Como ha apestado, por otra parte, el nacimiento de todas las naciones: pero a nosotros nos ha tocado asistir a este).

Además del ‘conseller’ catalán de Interior, Joaquim Forn, distinguiendo entre víctimas españolas y catalanas, sirvan varios como muestra. Raül Romeva, exhibiéndose en la prensa internacional como “ministro de Exteriores”, satisfecho de que lo tomen en serio al fin. La Asamblea Nacional Catalana, pidiendo a un medio de Estados Unidos que no utilice la bandera española en sus homenajes. Josep Maria Mainat, haciendo propaganda independentista y llamando a votar el 1 de octubre en el referéndum golpista. O este tuit de Súmate: “No sé cómo lo veis pero la frase ‘Si la Guardia Civil viene a cerrar el Parlament se encontrará a los Mossos’ hoy ha tomado otro significado”…

Sí, los nacionalistas han sido pequeños estos días. Aunque la cosa va al revés: por ser pequeños es por lo que son nacionalistas.

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Fenomenología de Levy

Jesús Nieto Jurado

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Andrea Levy mira a cámara. Se muerde los labios. Es nerviosa y le dirán que inexperta en esas lides del “hijoputismo” parlamentario. No se le pone el gesto caballuno de la Lola Cospedal cuando la llaman a comentar o desfacer el último entuerto de la CUP, no, sino una media sonrisa entre sefardita y catalana. Es resultona. Ha pasado del ensayo a la novela y habla sus verdades como si comiera chicle. Afuera todo un mundo se nos cae, pero ella lee lo que le recomiendan @lavozdelarra y Karina Sáinz. Levy le da Mediterráneo a la cosa pepera, y juventud al tuiter, y belleza a un oficio de notarios ociosos. Le brillan algunas pecas, cerca del óvalo facial, pecas que aparecen o desaparecen según sonría o le conteste a Ferreras o a su segunda del flequillo. Se muerde el labio cuando piensa España y piensa Cataluña, porque Levy, guapa nerviosa, es un poco la musa de la Constitución del 78 en la sardana que nos lleva al 1-0. De ideologías anda más bien pez, pero ella, tan moderna, es hija de esa disyuntiva catalana que va entre la Constitución o el caos. Dice el Gobierno que lo del 155 es improbable, que lo disfrazarán de noviembre (su Lorca) u octubre por no levantar sospechas. Entretanto, la Guardia Civil va a El Prat con caballerosidad y con la verdad última de lo único que funciona en España. Levy, musa de estos tiempos, lee algo de Murakami y le mete el rollo guay a un PP en Cataluña que ha oscilado entre Piqué y ese Loquillo/García Albiol que no sabemos por dónde puede salir. Pero Levy se muerde los labios, mueve nerviosa las manos por los librobares de Malasaña: y se piensa en Cataluña. Y sabemos que en Cataluña el PP son los padres. Y Levy puede molar. Ay.

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Visa Pour l’Image, el gran festival del fotoperiodismo, arranca motores

Beatriz García

Perpiñán acogerá del 2 al 17 de septiembre la 29 edición de Visa Pour l’Image, uno de los mayores certámenes de fotografía periodística del mundo.

Es la cita que todo amante de la fotografía marca en el mes de septiembre de su calendario. El festival Visa Pour l’Image volverá a convertir la ciudad francesa de Perpiñán en el epicentro del mejor fotoperiodismo del año durante dos semanas de exposiciones, charlas, premios y debates, que centran su atención en conflictos de actualidad como la guerra de Siria y la crisis de los refugiados, y otras realidades a menudo olvidadas por los medios, como la de las víctimas del terrorismo en Perú y su lucha por la justicia y la verdad.

Visa Pour L’Image, el gran festival del fotoperiodismo, arranca motores 4
Noche de exposiciones en el Campo Santo | Imagen por Mazen Sagar

Para que no te pierdas ni un píxel del certamen, aquí tienes algunas de las exposiciones y eventos más destacados que podrás disfrutar del 2 al 17 de septiembre en Visa Pour l’Image:.

Instantáneas de la guerra y el horror

La guerra en Siria y la recuperación de Mosul de manos del Estado Islámico fue recogida por la lente de los fotógrafos Álvaro Canovas (París Match), Lorenzo Meloni (Magnum Photos) y Laurent Van Der Stockt (Le Monde), éste último nominado a la Visa D’Or Paris Match.

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‘El colapso del Califato’, Lorenzo Meloni (Magnum Photos)

Las tres exposiciones, que abordan la guerra desde diferentes perspectivas, son las grandes protagonistas del festival, junto a dos trabajos que reflejan la crudeza con la que los civiles viven los conflictos armados: No safe place (Ningún lugar seguro), de Renée C. Byers, sobre la pobreza y descontento de los refugiados afganos en Estados Unidos, y Lives on Wire (Vidas en el alambre), de la fotógrafa argelina Zohra Bensemra (Reuters), que muestra cómo los civiles se enfrentan al horror de la guerra y los desastres naturales en muchas regiones del mundo.

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‘The Sacramento Bee’ de Renée C. Byer.

 

Para preguntarte qué significa “desarrollo”

China se ha convertido en tan sólo tres décadas en la segunda mayor economía del mundo. El fotógrafo Lu Guang ha dedicado los últimos doce años de su vida a viajar por el país capturando con su cámara el lado más oscuro del crecimiento económico: los ríos contaminados, los poblados sin agua corriente y los niños abandonados en orfanatos.

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‘Desarrollo y polución’, Lu Guang.

Un viaje similar, aunque en otro continente, fue el que hizo Vlad Sokhin (Cosmos), que recoge los efectos del cambio climático en las zonas más remotas de Alaska y Nueva Zelanda y las luchas de los indígenas por permanecer en la tierra de sus ancestros.

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‘Warm Waters’, de Vlad Sokhin

La vida salvaje, los safaris de caza y el impacto del hombre en el hábitat de los animales son los temas centrales del innovador fotoperiodista de National Geographic Michael Nichols, que ha colaborado con grandes conservacionistas, como la primatóloga Jane Goodall.

Realidades invisibles que nos conciernen a todos

El fotógrafo Daniel Berehulak pasó seis meses trabajando con un reportero local en Manila para conocer de primera mano los crímenes de la campaña ‘antidrogas’ del presidente Rodrigo Duterte en Filipinas, que causó más de 7.000 fallecidos a manos de escuadrones de la muerte y fuerzas del orden. El trabajo de Berehulak, They are Slaughtering Us Like Animales (Nos están sacrificando como animales) está nominado a los premios Visa d’Or que entrega el festival.

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‘They are Slaughtering Us Like Animales’, de Daniel Berehulak

Ayacucho es uno de los veinticuatro departamentos que conforman Perú y también el título del trabajo fotográfico de Ángela Ponce Romero, galardonada con la Visa D’Or Humanitaria – Comité Internacional de la Cruz Roja por una investigación que denuncia la muerte, los matrimonios forzosos, los abusos y las desapariciones de civiles durante las oleadas de terrorismo de los años ochenta y noventa en el país.

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‘Ayacucho’, de Ángela Ponce Romero.

Otra de las exposiciones esperadas es Dreamers (Soñadores), obra de la fotógrafa Darcy Padilla, que fue ganadora del Premio Canon de la Mujer Fotoperiodista el pasado año, y retrata la vida en la reserva india de Pine Ridge, uno de los lugares más pobres de Estados Unidos.

Un íntimo Picasso y el año en imágenes

Una de las sorpresas de esta edición es la inauguración de la exposición sobre la intimidad, la vida amorosa y la obra de Pablo Picasso, a partir de las instantáneas del fotógrafo de guerra y amigo íntimo del pintor David Douglas Duncan.

Cada noche y durante todo el festival habrá veladas de proyección donde se repasarán algunas de las historias que han marcado este año y dos meses, como los tributos a Leonard Cohen y Chuck Berry, la hambruna en África, la crisis de los refugiados o las últimas elecciones en Estados Unidos.

Además de mesas redondas, paneles de discusión dirigidos por profesionales de medios como Paris Match o Elle, jornadas para jóvenes fotógrafos y visitas gratuitas guiadas por algunos de los autores que participan en una de las veinticinco exposiciones de Visa Pour l’Image.

Save

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De cuñados y zascas

Joseba Louzao

Foto: Partido Popular (PP)

No por frecuentes estas noticias dejan de sorprendernos. Hace unos días Andrea Levy habló de libros en una entrevista llegando a afirmar que la lectura de Lorca había sacado su vena más revolucionaria y reivindicativa. Para algunos esto fue una desfachatez. Corrieron a las redes sociales para lanzar una violenta arremetida contra la vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular. La lluvia de insultos fue imparable. Un número significativo de ellos dejaban entrever la tradicional retahíla machista, otros una mirada al mundo tan estereotipada como insustancial. Levy se convirtió en la mujer de paja a la que era sencillo denigrar por representar al enemigo. El principal problema es que sus atacantes no eran simples trolls escudados bajo un anonimato risible. Al contrario, con mayor o menor violencia, se sumaron a la quema periodistas, políticos y personas con nombre y apellidos identificables.

El proceso, como señalaba al inicio, es habitual. Cada semana nos encontramos con un nuevo chivo expiatorio, ya sea a derecha o a izquierda, que es ajusticiado por la nueva inquisición digital que tiene una inagotable sed de caza de brujas. Esta vez le tocó a Levy, mañana podría ser cualquiera. Y es que los linchamientos digitales, como el mal gusto, es un fenómeno transversal en nuestro país. A veces, incluso, los medios de comunicación más tradicionales se suman a la fiesta, aunque después miren con autosuficiencia hacia el universo digital. Deberíamos huir de palabras como zasca o cuñado, tan presentes en nuestro vocabulario como vacías de contenido. En realidad, sólo esconden un pecado intelectual: la pereza del pensamiento. Además, aunque no lo queramos reconocer, siempre seremos los cuñados de los demás. El prototipo del troll 3.0 encajaría perfectamente con la descripción del vecino serio, amable y formal, pero que en las redes nos descubre su ego inflamado o, más directamente, su lado más psicopatológico. Ya no nos enfrentamos únicamente a perfiles anónimos dedicados al hostigamiento y a participar en campañas orquestadas para perseguir a cualquier persona. Los nuevos trolls pueden ser conocidos o familia.

Tras saber cómo habla Andrea Levy de sus lecturas, comprendemos que es capaz de participar de un diálogo inteligente desde la discrepancia. No como tantos otros que se jactan desde su pequeño rincón digital de inteligencia, cultura y bondad ideológica, pero construyen su reputación con el agravio. A Levy le recomendaría que leyera el ensayo de Jon Ronson, Humillación en las redes (Ediciones B) que recorre con inteligencia el ámbito más deshumanizador y oscuro de internet. Como señala Ronson, los perdonavidas de las redes sociales demuestran su incapacidad para el conversación, una de las principales experiencias de civilización con la que contamos. Lo único que les interesa es encontrar una cámara de resonancia exponencial entre sus secuaces. Vamos, los típicos pelmazos y faltones de barra del bar de toda la vida, pero sin preocuparse por la dimensión del altavoz público que ahora tienen. Algún día también ellos serán víctimas de la ofensa.

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