The Objective
Lifestyle

Miguel de Unamuno, filósofo, lo advirtió en 1895: «La vida verdadera es la que no hace ruido. Buscad lo que es eterno en lo que no se ve»

En defensa radical de la vida interior, el ensayista reivindica la inquietud y la profundidad frente a la prisa

Miguel de Unamuno, filósofo, lo advirtió en 1895: «La vida verdadera es la que no hace ruido. Buscad lo que es eterno en lo que no se ve»

Miguel de Unamuno fue uno de los grandes pensadores de la Generación del 98 | Ansede (Filmoteca de Castilla y León)

Más allá de su tesis sobre el sufrimiento, Miguel de Unamuno propone en sus obras una visión integral de la «buena vida» que resulta sorprendentemente actual. Frente a la obsesión actual por la productividad, la eficiencia y el éxito, su pensamiento reivindica algo aparentemente improductivo: el ocio consciente. Para él, vivir bien no es vivir cómodo, sino vivir despierto.

Asimimo, Unamuno desconfiaba de una civilización que confunde avance técnico con plenitud humana. «¡Libertad! No hay más que una: la de dentro. Y esa no nos la da la mecánica ni la civilización, sino el recogimiento», escribe en En torno al casticismo. Una idea que ha demostrado la ciencia, sobre todo en lo que se refiere al móvil y las redes sociales, cuyo uso se ha asociado con problemas de depresión, ansiedad, estrés y peor calidad del sueño, especialmente cuando sustituye la interacción real, tal y como señala la Universidad de Columbia.

Unamuno defendía la importancia de vivir en lo profundo

Para Miguel de Unamuno, la verdadera existencia no se juega en el escaparate, sino en ese subsuelo silencioso donde transcurre la vida cotidiana de millones de personas anónimas. A eso lo llamó intrahistoria: una corriente lenta, casi invisible, que sostiene lo que luego aparece como «acontecimiento». Al respecto, el filósofo sugiere en sus escritos que lo importante no es lo que se narra o cuenta, sino lo que se vive. Frente a la obsesión actual por la visibilidad —likes, buena posición social y laboral, etc.—, Unamuno propone una ética de la profundidad, esto es, vivir de tal forma que la vida tenga densidad y sentido, sin la necesidad de demostrar nada a nadie.

Pobre de aquel que no tenga un rincón en su alma donde refugiarse de la tiranía de los hechos

«Buscad lo que es eterno en lo que pasa; lo que es soterraño en lo que se ve. La vida verdadera es la que no hace ruido», escribe en En torno al casticismo, una obra publicada originalmente como una serie de cinco ensayos en la revista La España Moderna en 1895, y posteriormente editada como libro en 1902.

Las reflexiones sobre la felicidad de Miguel de Unamuno
Miguel de Unamuno (1864–1936) fue uno de los pensadores más influyentes de la cultura española

La intrahistoria de la que habla Unamuno es, en el fondo, una reivindicación de la intimidad como espacio de verdad, ya que lo que permanece no es lo que se exhibe, sino lo que se arraiga. «Vivir es lo que importa; vivir para siempre, vivir en lo que no muere. El éxito es el nombre que los necios dan a la sombra de la vida», apuntó en Niebla.

La relevancia de lo cotidiano

Para Unamuno, la verdadera vida se encuentra en lo pequeño. «Buscad la poesía de lo cotidiano, que es la única que alimenta el alma», expuso en A un literato joven. Un pensamiento que la psicología ha confirmado con numerosos estudios, los cuales han demostrado que la atención plena y la gratitud cotidiana están asociadas con un mayor bienestar.

Buscad lo que es eterno en lo que pasa; lo que es soterraño en lo que se ve. La vida verdadera es la que no hace ruido

La forma de ver y entender la vida del filósofo podría interpretarse hoy como una crítica anticipada a la obsesión por la productividad constante. «Hay que saber perder el tiempo para ganarlo en eternidad. Quien no sabe estar solo y sin hacer nada, no sabe lo que es vivir», escribió en sus Ensayos. «No es el progreso lo que hace al hombre, es el hombre quien debe humanizar al progreso. Un hombre que solo produce es una máquina de carne», añadió en La dignidad humana.

Hoy sabemos que el descanso mental no es una pérdida de tiempo, pues numerosos estudios sobre el default mode network del cerebro han demostrado que los momentos de inactividad favorecen la creatividad y la integración emocional.

El paisaje y la riqueza interior: la contemplación como forma de plenitud

Entre las ideas de Unamuno, destaca lo relativo a saber observar el mundo que nos rodea. Saber ver —un árbol, un campo, un silencio— es, para el filósofo, una forma de plenitud.

Las reflexiones sobre la felicidad de Miguel de Unamuno
«La felicidad es un hambre de ser más, de serlo todo, y ese hambre es un dolor. Solo es feliz el que se siente doler de ser», escribió Unamuno

«El campo es el templo donde el hombre se reencuentra con su soledad sonora. ¡Qué poco necesita el que sabe mirar un árbol!», escribe en Andanzas y visiones españolas. «Pobre de aquel que no tenga un rincón en su alma donde refugiarse de la tiranía de los hechos», añade en Soliloquios y conversaciones.

El paisaje, en su obra, se presenta como una auténtica experiencia espiritual. En contacto con la naturaleza —o simplemente con el silencio— el individuo recupera algo que la vida moderna le arrebata: la posibilidad de estar consigo mismo sin intermediarios.

Esta forma de riqueza interior no depende de lo que se tiene, sino de la capacidad de recogimiento. En un mundo saturado de estímulos, detenerse a mirar se convierte, paradójicamente, en un acto de resistencia. Porque, al final, como sugiere Unamuno, la verdadera pobreza no es no tener, sino no saber habitarse a uno mismo.

Publicidad