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La Sociedad de la Información en tiempos de Netflix

Cecilia de la Serna

Allá por 1997, Reed Hastings y Marc Randolph crearon un videoclub de servicio a domicilio en Los Gatos (California). Los clientes de este servicio de vídeo online podían solicitar un DVD que les llegaba a la puerta misma de su casa por correo ordinario. Todo esto se gestionaba a través de una página web, lo que ya era una verdadera revolución en la época.

Sin el nacimiento del DVD, de hecho, Netflix nunca habría existido. Sus fundadores estuvieron a punto de abandonar la idea por los problemas logísticos que entrañaba el envío de VHS.

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Así llegaban los títulos cinematográficos a los hogares de los suscriptores de Netflix. (Foto: Marit & Toomas Hinnosaar)

La clave estaba en el mismo formato, y es que con la desaparición del VHS y la entrada del DVD los problemas logísticos desaparecieron. Esto era Netflix antes de entrar en el mundo del streaming digital allá por 2007. Casi 20 años después del primer envío al domicilio de un cliente, ahora Netflix es un gigante de la ficción gracias a sus producciones propias, que incluso marcan tendencia en la denominada “televisión tradicional”.

La expansión internacional, clave del éxito

El 6 de enero de 2016, el CEO de Netflix, Reed Hastings, anunció que Netflix iba a pasar a estar presente en 130 países nuevos, triplicando la distribución de la compañía. “Hoy estamos presenciando el nacimiento de una nueva cadena de televisión por internet global”, afirmó Hastings. Bajo el hashtag #NetflixEverywhere, la empresa celebró este hito en sus redes sociales. Entraban países con unas audiencias potenciales muy jugosas para la compañía, como Rusia, India o Corea del Sur. Sin embargo, quedaba una espina clavada: China, la excepción notable de este “Netflix en todas partes”. Aparte de la nación más poblada del mundo, quedaban fuera otras zonas sensibles como Crimea, Corea del Norte o Siria, debido a las restricciones hacia las compañías estadounidenses en estos territorios por parte del gobierno norteamericano.

Además de añadir países, se apuntaban más idiomas a los 17 que soportaba su plataforma: árabe, coreano y chino (a pesar de estar China fuera de la lista de naciones conectadas a este servicio de streaming). Básicamente, Netflix se estaba globalizando a niveles insospechados tan sólo cuatro años atrás, cuando daba su primer gran salto a Europa. Y es que es precisamente la expansión internacional, iniciada esencialmente en 2012, la causante de que Netflix haya cuadriplicado sus suscriptores.

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Netflix está disponible en 190 países.

Pero no es oro todo lo que reluce. En las últimas semanas hemos asistido a un desplome notable en Wall Street de las acciones de Netflix. Esta bajada de las cotizaciones del gigante de Los Gatos es una sorpresa, sobre todo teniendo en cuenta que mejoró su beneficio neto en un 12% en el primer trimestre de 2016, y que obtuvo unos beneficios de 1.957 millones de dólares, que subieron un 24,4%. Entonces, ¿por qué se desploma Netflix en la bolsa? Porque Netflix no funciona tan bien fuera de Estados Unidos. Mientras que el negocio dentro de su país de origen le genera 413 millones de dólares, el mercado internacional le reporta pérdidas de 104 millones. Esto se traduce en una decepción de los inversores, que veían en el #NetflixEverywhere un verdadero filón. No obstante, Netflix no ha cumplido (de momento) con las expectativas de los analistas, que auguraban 3,5 millones de nuevos suscriptores internacionales, cuando realmente han atraído “tan sólo” a 2 millones, aproximadamente. ¿Será la próxima -y pendiente- inclusión de China a su lista de países un alivio en los mercados? Los movimientos que emprenda Netflix en los meses a venir serán mirados con lupa. Pero Netflix no es tan sólo una compañía con balances de números, Netflix es un modo de vida. Una plataforma que ha cambiado los hábitos de consumo de millones de personas.

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Usuarios de Netflix en los últimos catorce años. (Gráfico: Ana Laya / The Objective)

De la cultura del binge-watching al Netflix and chill

Binge-watching es un término anglosajón para definir un telemaratón en plataformas de televisión digitalNetflix fue pionero en extender esta costumbre ya muy arraigada en los hábitos de los consumidores de entretenimiento online, especialmente entre los más jóvenes: los millenials y la generación Z.

Netflix fue la primera plataforma en lanzar las temporadas de sus series originales completas. Según una encuesta de la compañía en febrero de 2014, el 73% de sus usuarios definen el binge-watching como “ver entre dos y seis episodios de la misma serie de una sola tacada”. Ya en los años 80 existía un fenómeno parecido, el telemaratón de programas de televisión emitidos de continuo durante varias horas por una misma cadena. En los años 90 ya se utilizaba, especialmente en Estados Unidos, el término binge-watch, aunque era residual y se limitaba a los fandoms, o comunidades de fanáticos de una serie de televisión. La práctica era parecida a la que se ha extendido en los últimos años en las plataformas digitales, aunque el formato que se utilizaba era el de packs de DVD que incluían varias temporadas de una misma ficción. No obstante, la popularidad que ha adquirido en los últimos cinco años con la expansión de los servicios -legales o ilegales- de streaming ha colocado al binge-watching en la cultura popular como nunca antes.

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Netflix puede verse desde cualquier dispositivo que puedas imaginar. (Foto: Netflix)

Al menos el 70% de usuarios de Netflix realiza esta práctica, muchas veces animados por las propias tramas “gancho” de las series. La preocupación por que el que está frente a la pantalla esté viendo demasiadas horas de una misma serie ha hecho que el propio Netflix envíe una notificación que pausa la reproducción y cuyo mensaje es claro: “¿Todavía estás viendo la serie?”. Muchos critican esta medida diciendo que hace sentir vergüenza al usuario que recibe la notificación, y otros la defienden como un elemento crucial para preservar la salud de los espectadores. La aparición de este fenómeno sociológico ha auspiciado todo tipo de teorías y estudios psicológicos en torno a este hábito. Según el Journal of Health Psychologyel binge-watching no tiene nada de malo. Estos “atracones”, según sus investigadores, pueden resultar muy placenteros.

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Otras teorías, como la de la Universidad de Texas, contradicen esta hipótesis: la práctica del binge-watching podría tener una relación directa con la depresión. Según Yoon Hi Sung, miembro del grupo de investigadores, “la fatiga física y los problemas como la obesidad son causa de preocupación. Cuando el binge-watching se vuelve desenfrenado, los espectadores pueden comenzar a descuidar su trabajo y sus relaciones con los demás. Aunque la gente sepa que no debe hacerlo, tiene dificultades para resistir el deseo de ver episodios de forma continua”. Estamos, tal vez, ante un nuevo problema de adicción. ¿Debería el binge-watching tratarse como se tratan otras adicciones tecnológicas como la nomofobia?

Otros términos y frases, más que convertirse en fenómenos sociológicos, se han asentado en el vocabulario de los internautasNetflix and chill es un buen ejemplo de ello. El primer uso de esta frase en Twitter está registrado en 2009:

Las redes sociales han sido clave para popularizar el servicio de Netflix, tanto que han acuñado un término que directamente funciona como sinónimo de “tener sexo”. En un primer momento, “Netflix y relájate” no significaba más que eso: pasar un rato distendido con una serie o película. Con el tiempo fue adquiriendo la connotación erótica que ahora se ha extendido por medio planeta. Tal ha sido la explosión del Netflix and chill que hasta se ha creado una canción sobre ello.

Este término, que tiene su propio recorrido vital, demuestra cómo gracias al poder de las redes sociales, de publicaciones con un target definido como BuzzFeed, y del imaginario colectivo, una compañía puede convertirse en una forma de hacer las cosas. En una forma de ironizar sobre la vida. En un modo directo de comunicación. Netflix no sólo cambia los hábitos de consumo, sino que crea unos nuevos, y genera toda una cultura popular en torno a su propia identidad.

Las cifras estratosféricas de usuarios de Netflix en todo el mundo no pueden tenerse en cuenta sin otro dato fundamental para entender el fenómeno: la cantidad de horas que pasa la gente en la plataforma. La posibilidad de ver lo que quierascuando quierascomo quieras y desde la pantalla que prefieras ha marcado la diferencia. En 2015, los usuarios vieron 42.500 millones de horas de series y películas. Ahora Netflix contempla la posibilidad de visualizar contenido online, lo cual multiplicaría seguro las horas de visionado. Otras plataformas ya ofrecen esta posibilidad, como YouTube o Amazon Video.

La influencia social de esta y otras plataformas está contrastada. Su continuidad se sustenta sobre un modelo de negocio que evita la publicidad, y sobre una nueva forma de contar historias.

La tarifa de suscripción, modelo de negocio

Ya por 1999, los de Los Gatos lanzaron una tarifa de suscripción con acceso ilimitado al alquiler de DVD. Comenzaba así una andadura que marcaría el camino del modelo de negocio de los servicios de streaming en internet. Netflix apuesta desde entonces, y todavía ahora, por el pago directo de los clientes a través de diversas tarifas mensuales, frente al modelo publicitario. De hecho, según un estudio reciente, Netflix ahorra de media a sus usuarios unos seis días de publicidad al año.

Los servicios en streaming, ya sean de películas y series como Netflix, o de música como Spotify, han propiciado el boom del ‘todo incluido’. Los modos de suscripción de Netflix varían según la calidad en que queramos ver los contenidos y el número de dispositivos que pueden hacer uso de una cuenta de forma simultánea. Actualmente, en España hay tres modalidades: 7,99 euros/mes (un solo dispositivo, SD), 9,99 euros/mes (dos dispositivos, HD), y 11,99 euros/mes (cuatro dispositivos, 4K). Una de las ventajas de Netflix es el gran abanico de dispositivos disponibles(móviles, tabletas, consolas, Apple TV, Smart TV, y -cómo no- el propio ordenador). Esto hace que muchos opten por una de las dos tarifas más altas.

Una nueva forma de contar historias

El gran paso que dio Netflix vino de la mano de la producción audiovisual. Más allá de ser ‘solamente’ una plataforma de streaming digital, se lanzó a producir títulos propios. Algunos de estos son su bandera, un orgullo que llevan por festivales y ceremonias de premiosHouse of Cards y Orange is the new black lanzaron al estrellato a Netflix, siendo una causa directa de su expansión internacional.

A estos títulos siguieron otros como Narcos o las colaboraciones con Marvel en Daredevil y Jessica Jones. Además, produce documentales y apoya el cine independiente. Netflix tiene previsto invertir más de 1.000 millones de dólares en series propias -algunas de ellas realizadas en diferentes países y con un target local- y ha comprado películas en el festival de Sundance. En la pasada edición de los Premios Oscar, Netflix entró por la puerta grande con dos nominaciones a Mejor Película Documental porWhat Happened, Miss Simone? Winter On Fire: Ukraine’s Fight For Freedom.

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Solo o en familia, Netflix siempre te salva un buen plan. (Foto: Netflix)

Estos servicios de streaming han creado una nueva forma de contar historias. El binge-watching ha brindado la posibilidad de rodar episodios pilotos más arriesgados, así como la despreocupación por los datos de audiencia. Los guionistas y creadores de las series nativas para plataformas como Netflix tienen una mayor libertad creativa y narrativa, moldeando los argumentos para ser consumidos de una sola tacada. Pero la estrategia de Netflix aún está en el aire: ¿Quiere ser la televisión del futuro o una sala de cine indie? Sea como sea, sus títulos, argumentos y personajes se están convirtiendo en los iconos de una generación de espectadores exigentes.

Otros servicios

En Estados Unidos, la competencia que le ha salido a Netflix es feroz:Hulu,Amazon y el servicio de streaming de HBO apuestan fuerte por sus propios contenidos. En España ya había servicios similares antes de que Netflix aterrizara en octubre de 2015. Yomvi, de Movistar Plus, y las plataformas de televisión a la carta de los principales grupos de comunicación (MiTeleAtresplayer y RTVE a la carta).

Por lo tanto, se avecina un futuro combatido, donde los que más y mejor ofrezcan a cambio de menos tendrán las de ganar. 2016 iba a ser el año de Netflix con la expansión casi total de su servicio en el mundo. No obstante, ya hemos podido observar que las expectativas no se han cumplido, por lo que no está todo escrito en este modelo de negocio que ha cambiado nuestros hábitos, nuestro vocabulario y que ha complicado -todavía más- lo que llamamos ‘Sociedad de la Información’.

Dragon Ball, nostalgia revisitada

Jorge Raya Pons

Foto: Toei Animation

Hubo un tiempo en que en la televisión no había otra cosa que dibujos japoneses. Compartimos dos generaciones, y puede que también una tercera, ese vicio de sentarnos con las piernas cruzadas y en el suelo frente al televisor para ver los campos infinitos de Oliver y Benji, los caprichos imprevisibles de Nobita, los casos imposibles del detective Konan. Pero el entretenimiento que causaba Dragon Ball, con todas sus variables, con todas sus variaciones, marcó profundamente nuestra infancia.

En el colegio no nos perseguíamos inventando pistolitas con los dedos, sino que juntábamos las manos con las muñecas hacia dentro y gritábamos el kame kame ha. Nuestras víctimas, claro, no tenían otra salida que fingirse muertos o echar a correr. En algunos casos, eran los pocos, se atrevían a contrarrestar esa bola de luz y entonces comenzaba una batalla de la que era difícil salir con dignidad.

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El pequeño Goku, cuando no sabía hacer el kame kame ha. | Fuente: Toei Animation

La historia de Dragon Ball guarda muchos parecidos en su inicio con Superman; luego las distancias argumentales son abismales. El relato cuenta la vida de Goku, un niño con cola de mono enviado al planeta Tierra antes de que el suyo fuera destruido. Goku pertenece a la saga de los Saiyajin y en el espíritu de estos no existe otro ánimo que el de causar destrucción a su paso; el niño de pelo oscuro fue enviado a nuestro planeta para reunir el poder suficiente con el que sembrar el caos y destruirnos, pero un golpe fortuito en la cabeza le hizo caer en la amnesia y nunca pudo recordar su cometido. Fue entonces cuando lo encontró el viejo Son-Goha y lo acogió, dándole una educación fundamentada en la filosofía de las artes marciales que en adelante aplicó.

Dragon Ball nos descubrió un universo único de Apocalipsis y mil colores que nos mantenía en vilo y al borde de la epilepsia cada tarde después del colegio; todas aquellas batallas sin cuartel y a campo abierto nos enseñaron por primera vez la estrecha frontera entre el bien y el mal. En aquellos tiempos, puede ser, no nos preguntábamos tanto. Pero fue con el paso de los años que lo fuimos interiorizando, que creamos nuestras propias líneas de pensamiento sobre el porqué de esas luchas de poder, de por qué tantos seres están dispuestos a matar y solo unos pocos mantienen la entereza y el valor necesario para defender las causas justas aun a riesgo de morir.

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El pequeño Goku, en brazos de Son-Gohan. | Fuente: Toei Animation

Reconoció en una entrevista Akira Toriyama, creador de Dragon Ball, que le sorprendía la visión heroica que el mundo creó sobre Goku, al que no quiso atribuirle una conciencia social, sino una vocación individualista y de autosuperación: “Yo quería que Goku diera la sensación de ser este tipo extraño que solo persigue ser cada vez más fuerte. Al final, como resultado, termina salvando a todos. Pero Goku no tiene por qué ser un buen tipo por ello, aunque el resultado de sus acciones sí lo sean”.

Un día como hoy de 1989 se emitió en Japón el primer episodio de la serie y captó un interés inusual. Los tebeos de manga que sirvieron de semilla de la serie vendieron más de 230 millones de copias a nivel mundial y en Estados Unidos, por ejemplo, Dragon Ball superó el récord de audiencia de la cadena de animación Cartoon Network tras reunir a 1,7 millones de espectadores frente al televisor. Pero más allá de su impacto en la cartera de los productores, queda cómo influyó en nosotros. ¿Quién, a lo largo de estos años, no se ha vuelto a un amigo y ha repetido con él la extraña coreografía de fusión? Ahora casi ruboriza reconocerlo.

'Grace and Frankie', icono televisivo de la tercera edad

Néstor Villamor

Las ancianas ya no son ancianas. Al menos en la televisión. Ya no hacen punto ni bizcochos. No están todo el día pendientes de sus hijos, que para algo son mayorcitos. Si ya de por sí las series protagonizadas por mujeres son minoría (aunque tampoco son excepciones: Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas…), Grace and Frankie, la aclamada comedia sobre dos septuagenarias que Netflix acaba de renovar para una cuarta temporada, es una propuesta que no solo desafía al machismo, sino también al ageism, la discriminación por la edad.

Para hacerse una idea más o menos realista de cómo son Grace y Frankie basta con imaginar a las chicas de oro saliendo de farra, quemando la pista, tomando peyote, sufriendo los dolores post-masturbatorios generados por la artritis y poniendo verdes a sus exmaridos homosexuales. Porque la comedia arranca precisamente cuando a Grace (Jane Fonda) y Frankie (Lily Tomlin) les dicen sus respectivos cónyuges, Robert (Martin Sheen) y Sol (Sam Waterston), que se van a divorciar de ellas porque llevan 20 años liados y han decidido casarse. Tras el shock, ambas se van a vivir a una casa que habían comprado las dos parejas en multipropiedad. E intentan seguir con su vida como pueden: Grace crea un perfil en una página web de citas, Frankie intenta poner a la venta un lubricante vaginal orgánico creado por ella misma que además es comestible (“no te metas en la vagina algo que no te meterías en la boca”, razona) y entre las dos inventan un vibrador para mujeres de la tercera edad que no deje las manos agarrotadas y cuyas instrucciones estén en letra bien grande para poder leerlas sin gafas de cerca.

Señoras que practican sexo

Pero más allá de momentos más o menos divertidos, la serie refleja un cambio de tendencia que se va consolidando en el cine y la televisión mainstream: mostrar la sexualidad de las mujeres de cierta edad. Ocurrió en 2003 con Las chicas del calendario, una historia basada en hechos reales sobre señoras que posan desnudas para hacer un calendario benéfico para luchar contra la leucemia. Del mismo año es Cuando menos te lo esperas, en la que una madurita Diane Keaton se lía con un joven Keanu Reeves. Y también fue Keaton quien, aunque en un papel secundario, conseguía por fin su primer orgasmo en Porque lo digo yo (2007).

Y el avance social no es solo para ellas. Los gays de Grace and Frankie muestran una realidad nueva del colectivo, inequívocamente ligada a la aprobación del matrimonio homosexual en Estados Unidos en 2015, año en que se estrenó la primera temporada. La pareja que forman Martin Sheen y Sam Waterston es una de las pocas representaciones televisivas del colectivo LGTB de la tercera edad. Se suma así a la estela de Transparent, drama producido por Amazon sobre una anciana transexual.

Avance por fuera, retroceso por dentro

Pero los avances que la serie proyecta en la pantalla distan mucho de estar reflejados en las condiciones laborales de las actrices. Aunque son ellas las que llevan el peso narrativo (y el título) de la ficción, Fonda y Tomlin cobran lo mismo que los actores que interpretan a sus exmaridos, que si bien aparecen en todos los episodios, tienen un papel secundario. Según Fonda, fue Tomlin quien se enteró de que sus compañeros cobraban lo mismo que ellas. “Eso no nos hace felices”, se quejó la ganadora de dos Oscar. “El programa no es Sol and Robert, es Grace and Frankie“, lamentó a su vez la otra coprotagonista. Por su parte, Sheen y Waterston han salido en defensa de las actrices y han dicho en una entrevista televisiva que deberían “recibir un aumento” porque “son las que llevan la serie”.

Habrá que esperar hasta 2018, año en que se estrenará la cuarta temporada de la comedia, para saber si Netflix abandonará la discriminación salarial de sus actrices. Lo que sí se sabe ya es que la nueva entrega contará con la participación de Lisa Kudrow, la inolvidable Phoebe de Friends.

Nuevo escándalo en Uber: la app espiaba a sus usuarios de iPhone

Redacción TO

Foto: Kai Pfaffenbach
Reuters

Hubo un tiempo en que Uber estuvo a punto de desaparecer de la App Store de los dispositivos de Apple, con la considerable pérdida de usuarios y potenciales clientes que eso supondría. La razón de ese ultimátum de Apple a Uber fue, según publica The New York Times, que la app de transporte privado utilizaba la técnica conocida como fingerprinting para identificar y rastrear a sus usuarios, incluso después de haber borrado la aplicación, o de haber formateado el teléfono, algo que va en contra de las reglas de Apple.

La compañía de Tim Cook se toma muy en serio la privacidad, como puso de manifiesto la disputa que mantuvo con el FBI en 2016 al negarle el acceso al iPhone de uno de los autores del tiroteo en San Bernardino. Tim Cook citó al CEO de Uber, Travis Kalanick en las oficinas de Apple para lanzarle un ultimátum. Así reproduce la escena el periódico neoyorquino:

“Cuando el señor Kalanick llegó a media tarde, vestido con su par de deportivas rojas brillantes favoritas y sus calcetines rosas chillones, el señor Cook estaba preparado: ‘Bueno, me he enterado de que habéis estado rompiendo nuestras normas’, dijo con su tono calmado y sureño. ‘Dejad estos engaños’, exigió, ‘o la app de Uber será eliminada de la App Store de Apple’.”

Nuevo escándalo en Uber: la app espiaba a sus usuarios de iPhone
Kalanick y Cook juntos en la gala Met en 2016. | Foto: Lucas Jackson / Reuters

Las consecuencias de esta triquiñuela de Uber y del ultimátum de Apple no se hicieron esperar. La compañía de Kalanick dejó de espiar a sus usuarios, y la de Cook se aseguró que esto no volviera a ocurrir con ninguna app, por lo que en la actualización de iOS 9 bloqueó el truco que empleaba Uber para rastrear a los usuarios.

Kalanick ha intentado justificar las acciones fraudulentas de Uber culpando al mercado chino. Según el CEO de Uber, muchos usuarios chinos compraban iPhones de segunda mano y creaban múltiples cuentas de Uber para aprovechar los viajes gratuitos que por entonces se ofrecían a los nuevos usuarios. Al espiar los iPhones y saber, por su número de serie, que ese teléfono ya había usado ese primer viaje gratis, Uber procedía a cobrar los viajes.

Uber sigue espiando a los usuarios de Apple: sabe dónde están cinco minutos antes y cinco minutos después del viaje

El Times desvela que ésta no era la primera vez que Kalanick rompía las reglas del gigante de la manzana. “La mayor fortaleza de Travis es que se atravesaría una pared para lograr sus objetivos”, afirma Mark Cuban, el multimillonario inversor, dueño de los Dallas Mavericks, que ha asesorado a Kalanick, quien además cree que esta fortaleza es a la vez la mayor debilidad del CEO de Uber.

Un sinfín de polémicas

A Uber no paran de crecerle los enanos. Las revelaciones del New York Times se dan semanas después de que se conociera que Uber utilizaba la herramienta Greyball para evitar a la policía. Lo que es conocido, y deben saber todos los usuarios de Uber en dispositivos Apple, es que la aplicación sigue espiándolos: saben dónde se encuentran los viajeros cinco minutos antes y cinco minutos después del viaje, pero esto no viola las condiciones de privacidad de la compañía fundada por Steve Jobs.

Carmen Sandiego será una serie animada

Nerea Dolara

Foto: Wikipedia
Wikipedia

Los videojuegos también son una fuente de explotación nostálgica. En el caso de Carmen Sandiego, Netflix anunció un estreno en 2018 y la participación de Gina Rodriguez. ¿Será la adaptación un triunfo o otro fracaso como muchos intentos de llevar juegos a la pantalla?

Este no es el primer videojuego de los ochenta, o noventa, en ser llevado a la pantalla (ni será el último). En un mundo de remakes, reboots y poca imaginación por parte de los estudios, el pozo nostálgico de la infancia tiene veda abierta, aunque se trate de juegos para ordenador.

Hagamos un poco de memoria. Where in the World is Carmen Sandiego? es un videojuego de 1985 en que el jugador, The Player, debía seguir los pasos de un grupo de detectives a cargo de encontrar a una asociación criminal, liderada por Sandiego, que robaba tesoros internacionales. El juego, que tuvo varias versiones en dos décadas, estaba diseñado para que los niños y jóvenes se interesaran por la geografía mientras buscaban a los secuaces y a Carmen tras un espectacular robo. Esta no es la primera vez que la historia de Sandiego se lleva a la pantalla. En tres ocasiones en los noventa, 1991, 1994 y 1996, el videojuego se convirtió en serie animada y en programa de concursos.

La versión de Netflix se estrenará en 2019 y tendrá a Gina RodríguezJane the Virgin- como voz de Carmen Sandiego y a Finn WolfhardStranger Things– como The Player. La historia girará en torno a la historia de Carmen y cómo se convirtió en una ladrona internacional.

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Jake Gyllenhaal en Prince of Persia | Fotograma vía Walt Disney Pictures

“Los estudios se han encontrado con esa teoría que dice que los millennials son una generación prematuramente nostálgica”

Este juego es el último en una larga lista de adaptaciones, buenas, mediocres y malas, de propiedades infantiles de los ochenta y noventa. Y tampoco es un fenómeno exclusivo de estos tiempos. Desde siempre los videojuegos con éxito han sido catapultados a otros medios, para probar las aguas y hacer caja. La experiencia comenzó en los noventa cuando una serie de películas basadas en Mario Bros, Street Fighter, Mortal Kombat y Pokémon -excepción con varias versiones de cine y una serie animada- llegaron a las salas con poca suerte. Los espectadores disfrutaban jugar llevando a los personajes, pero no estaban tan felices con verlos moverse por sí mismos. Eso sin tomar en cuenta que los anteriores videojuegos tienen poca o ninguna historia.

Ya para el año 2000, los estudios habían tomado nota de sus fracasos y los videojuegos habían avanzado en desarrollo tecnológico y narrativo. Es aquí cuando llegan a la pantalla películas como Tomb Raider, Final Fantasy o Resident Evil -que aún estrena secuelas con éxito-. Una de las salidas que vieron los estudios en los videojuegos modernos fue generar franquicias de terror basadas en juegos exitosos del género –Silent Hill, Doom, House of the Dead-. Los resultados fueron variables, al igual que las ganancias. Y aún el fenómeno no dependía de una explotación de la nostalgia, sino de una búsqueda descarada de dinero en productos exitosos en otros ámbitos. ¿Para qué necesitas desarrollar historia? Pone personajes conocidos en la pantalla y tienes el triunfo asegurado, parecían decir los estudios. El resultado, obviamente, no era ese.

Y luego llegamos a mediados de los 2000 cuando los estudios se encontraron con esa teoría que dice que los millennials son una generación prematuramente nostálgica –los factores son muchos e incluyen los efectos de la crisis económica en sus proyectos de vida comparados con los de sus padres o la desestabilidad política que acompaña a su temprana adultez- y decidieron explotarla al máximo. Mientras la televisión revivía las infancias y adolescencias de la Generación X– los creadores de series tienden a estar entre los 40 y 50 años – los estudios de cine apelaban a los treintañeros con recuerdos de niñez. Así volvieron al ruedo cosas como Street Fighter y se estrenaron adaptaciones lamentables como Prince of Persia -¿en qué pensabas Jake Gyllenhaal?-. Esto sin contar, con la moda lamentable de adaptar juegos de móvil al cine, juegos tan tenues en historia o coherencia como Angry Birds.

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Michael Fassbender en Assasin’s Creed | Fotograma vía 20th Century Fox

La moda de explotar la niñez como fuente de ingresos de hordas de adultos contemporáneos nostálgicos continua: Tomb Raider volverá a los cines en 2018, por ejemplo, y hace poco llegó a las salas Warcraft, basada en World of Warcraft. Este exprimir de los recuerdos convive en adaptaciones de videojuegos más recientes y con éxito, como Assasin’s Creed o Max Payne, y con secuelas de unas de las únicas adaptaciones que ha ganado adeptos: Resident Evil.

Carmen Sandiego se suma a esta moda de la nostalgia millennial y sólo queda esperar para saber en qué terreno se encuentra: el de la explotación o el de la narración exitosa. Pero, a pesar de todo, una cosa es cierta. Para todos los fans de Carmen Sandiego esta parece una buena noticia.

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