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La Sociedad de la Información en tiempos de Netflix

Cecilia de la Serna

Allá por 1997, Reed Hastings y Marc Randolph crearon un videoclub de servicio a domicilio en Los Gatos (California). Los clientes de este servicio de vídeo online podían solicitar un DVD que les llegaba a la puerta misma de su casa por correo ordinario. Todo esto se gestionaba a través de una página web, lo que ya era una verdadera revolución en la época.

Sin el nacimiento del DVD, de hecho, Netflix nunca habría existido. Sus fundadores estuvieron a punto de abandonar la idea por los problemas logísticos que entrañaba el envío de VHS.

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Así llegaban los títulos cinematográficos a los hogares de los suscriptores de Netflix. (Foto: Marit & Toomas Hinnosaar)

La clave estaba en el mismo formato, y es que con la desaparición del VHS y la entrada del DVD los problemas logísticos desaparecieron. Esto era Netflix antes de entrar en el mundo del streaming digital allá por 2007. Casi 20 años después del primer envío al domicilio de un cliente, ahora Netflix es un gigante de la ficción gracias a sus producciones propias, que incluso marcan tendencia en la denominada “televisión tradicional”.

La expansión internacional, clave del éxito

El 6 de enero de 2016, el CEO de Netflix, Reed Hastings, anunció que Netflix iba a pasar a estar presente en 130 países nuevos, triplicando la distribución de la compañía. “Hoy estamos presenciando el nacimiento de una nueva cadena de televisión por internet global”, afirmó Hastings. Bajo el hashtag #NetflixEverywhere, la empresa celebró este hito en sus redes sociales. Entraban países con unas audiencias potenciales muy jugosas para la compañía, como Rusia, India o Corea del Sur. Sin embargo, quedaba una espina clavada: China, la excepción notable de este “Netflix en todas partes”. Aparte de la nación más poblada del mundo, quedaban fuera otras zonas sensibles como Crimea, Corea del Norte o Siria, debido a las restricciones hacia las compañías estadounidenses en estos territorios por parte del gobierno norteamericano.

Además de añadir países, se apuntaban más idiomas a los 17 que soportaba su plataforma: árabe, coreano y chino (a pesar de estar China fuera de la lista de naciones conectadas a este servicio de streaming). Básicamente, Netflix se estaba globalizando a niveles insospechados tan sólo cuatro años atrás, cuando daba su primer gran salto a Europa. Y es que es precisamente la expansión internacional, iniciada esencialmente en 2012, la causante de que Netflix haya cuadriplicado sus suscriptores.

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Netflix está disponible en 190 países.

Pero no es oro todo lo que reluce. En las últimas semanas hemos asistido a un desplome notable en Wall Street de las acciones de Netflix. Esta bajada de las cotizaciones del gigante de Los Gatos es una sorpresa, sobre todo teniendo en cuenta que mejoró su beneficio neto en un 12% en el primer trimestre de 2016, y que obtuvo unos beneficios de 1.957 millones de dólares, que subieron un 24,4%. Entonces, ¿por qué se desploma Netflix en la bolsa? Porque Netflix no funciona tan bien fuera de Estados Unidos. Mientras que el negocio dentro de su país de origen le genera 413 millones de dólares, el mercado internacional le reporta pérdidas de 104 millones. Esto se traduce en una decepción de los inversores, que veían en el #NetflixEverywhere un verdadero filón. No obstante, Netflix no ha cumplido (de momento) con las expectativas de los analistas, que auguraban 3,5 millones de nuevos suscriptores internacionales, cuando realmente han atraído “tan sólo” a 2 millones, aproximadamente. ¿Será la próxima -y pendiente- inclusión de China a su lista de países un alivio en los mercados? Los movimientos que emprenda Netflix en los meses a venir serán mirados con lupa. Pero Netflix no es tan sólo una compañía con balances de números, Netflix es un modo de vida. Una plataforma que ha cambiado los hábitos de consumo de millones de personas.

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Usuarios de Netflix en los últimos catorce años. (Gráfico: Ana Laya / The Objective)

De la cultura del binge-watching al Netflix and chill

Binge-watching es un término anglosajón para definir un telemaratón en plataformas de televisión digitalNetflix fue pionero en extender esta costumbre ya muy arraigada en los hábitos de los consumidores de entretenimiento online, especialmente entre los más jóvenes: los millenials y la generación Z.

Netflix fue la primera plataforma en lanzar las temporadas de sus series originales completas. Según una encuesta de la compañía en febrero de 2014, el 73% de sus usuarios definen el binge-watching como “ver entre dos y seis episodios de la misma serie de una sola tacada”. Ya en los años 80 existía un fenómeno parecido, el telemaratón de programas de televisión emitidos de continuo durante varias horas por una misma cadena. En los años 90 ya se utilizaba, especialmente en Estados Unidos, el término binge-watch, aunque era residual y se limitaba a los fandoms, o comunidades de fanáticos de una serie de televisión. La práctica era parecida a la que se ha extendido en los últimos años en las plataformas digitales, aunque el formato que se utilizaba era el de packs de DVD que incluían varias temporadas de una misma ficción. No obstante, la popularidad que ha adquirido en los últimos cinco años con la expansión de los servicios -legales o ilegales- de streaming ha colocado al binge-watching en la cultura popular como nunca antes.

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Netflix puede verse desde cualquier dispositivo que puedas imaginar. (Foto: Netflix)

Al menos el 70% de usuarios de Netflix realiza esta práctica, muchas veces animados por las propias tramas “gancho” de las series. La preocupación por que el que está frente a la pantalla esté viendo demasiadas horas de una misma serie ha hecho que el propio Netflix envíe una notificación que pausa la reproducción y cuyo mensaje es claro: “¿Todavía estás viendo la serie?”. Muchos critican esta medida diciendo que hace sentir vergüenza al usuario que recibe la notificación, y otros la defienden como un elemento crucial para preservar la salud de los espectadores. La aparición de este fenómeno sociológico ha auspiciado todo tipo de teorías y estudios psicológicos en torno a este hábito. Según el Journal of Health Psychologyel binge-watching no tiene nada de malo. Estos “atracones”, según sus investigadores, pueden resultar muy placenteros.

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Otras teorías, como la de la Universidad de Texas, contradicen esta hipótesis: la práctica del binge-watching podría tener una relación directa con la depresión. Según Yoon Hi Sung, miembro del grupo de investigadores, “la fatiga física y los problemas como la obesidad son causa de preocupación. Cuando el binge-watching se vuelve desenfrenado, los espectadores pueden comenzar a descuidar su trabajo y sus relaciones con los demás. Aunque la gente sepa que no debe hacerlo, tiene dificultades para resistir el deseo de ver episodios de forma continua”. Estamos, tal vez, ante un nuevo problema de adicción. ¿Debería el binge-watching tratarse como se tratan otras adicciones tecnológicas como la nomofobia?

Otros términos y frases, más que convertirse en fenómenos sociológicos, se han asentado en el vocabulario de los internautasNetflix and chill es un buen ejemplo de ello. El primer uso de esta frase en Twitter está registrado en 2009:

Las redes sociales han sido clave para popularizar el servicio de Netflix, tanto que han acuñado un término que directamente funciona como sinónimo de “tener sexo”. En un primer momento, “Netflix y relájate” no significaba más que eso: pasar un rato distendido con una serie o película. Con el tiempo fue adquiriendo la connotación erótica que ahora se ha extendido por medio planeta. Tal ha sido la explosión del Netflix and chill que hasta se ha creado una canción sobre ello.

Este término, que tiene su propio recorrido vital, demuestra cómo gracias al poder de las redes sociales, de publicaciones con un target definido como BuzzFeed, y del imaginario colectivo, una compañía puede convertirse en una forma de hacer las cosas. En una forma de ironizar sobre la vida. En un modo directo de comunicación. Netflix no sólo cambia los hábitos de consumo, sino que crea unos nuevos, y genera toda una cultura popular en torno a su propia identidad.

Las cifras estratosféricas de usuarios de Netflix en todo el mundo no pueden tenerse en cuenta sin otro dato fundamental para entender el fenómeno: la cantidad de horas que pasa la gente en la plataforma. La posibilidad de ver lo que quierascuando quierascomo quieras y desde la pantalla que prefieras ha marcado la diferencia. En 2015, los usuarios vieron 42.500 millones de horas de series y películas. Ahora Netflix contempla la posibilidad de visualizar contenido online, lo cual multiplicaría seguro las horas de visionado. Otras plataformas ya ofrecen esta posibilidad, como YouTube o Amazon Video.

La influencia social de esta y otras plataformas está contrastada. Su continuidad se sustenta sobre un modelo de negocio que evita la publicidad, y sobre una nueva forma de contar historias.

La tarifa de suscripción, modelo de negocio

Ya por 1999, los de Los Gatos lanzaron una tarifa de suscripción con acceso ilimitado al alquiler de DVD. Comenzaba así una andadura que marcaría el camino del modelo de negocio de los servicios de streaming en internet. Netflix apuesta desde entonces, y todavía ahora, por el pago directo de los clientes a través de diversas tarifas mensuales, frente al modelo publicitario. De hecho, según un estudio reciente, Netflix ahorra de media a sus usuarios unos seis días de publicidad al año.

Los servicios en streaming, ya sean de películas y series como Netflix, o de música como Spotify, han propiciado el boom del ‘todo incluido’. Los modos de suscripción de Netflix varían según la calidad en que queramos ver los contenidos y el número de dispositivos que pueden hacer uso de una cuenta de forma simultánea. Actualmente, en España hay tres modalidades: 7,99 euros/mes (un solo dispositivo, SD), 9,99 euros/mes (dos dispositivos, HD), y 11,99 euros/mes (cuatro dispositivos, 4K). Una de las ventajas de Netflix es el gran abanico de dispositivos disponibles(móviles, tabletas, consolas, Apple TV, Smart TV, y -cómo no- el propio ordenador). Esto hace que muchos opten por una de las dos tarifas más altas.

Una nueva forma de contar historias

El gran paso que dio Netflix vino de la mano de la producción audiovisual. Más allá de ser ‘solamente’ una plataforma de streaming digital, se lanzó a producir títulos propios. Algunos de estos son su bandera, un orgullo que llevan por festivales y ceremonias de premiosHouse of Cards y Orange is the new black lanzaron al estrellato a Netflix, siendo una causa directa de su expansión internacional.

A estos títulos siguieron otros como Narcos o las colaboraciones con Marvel en Daredevil y Jessica Jones. Además, produce documentales y apoya el cine independiente. Netflix tiene previsto invertir más de 1.000 millones de dólares en series propias -algunas de ellas realizadas en diferentes países y con un target local- y ha comprado películas en el festival de Sundance. En la pasada edición de los Premios Oscar, Netflix entró por la puerta grande con dos nominaciones a Mejor Película Documental porWhat Happened, Miss Simone? Winter On Fire: Ukraine’s Fight For Freedom.

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Solo o en familia, Netflix siempre te salva un buen plan. (Foto: Netflix)

Estos servicios de streaming han creado una nueva forma de contar historias. El binge-watching ha brindado la posibilidad de rodar episodios pilotos más arriesgados, así como la despreocupación por los datos de audiencia. Los guionistas y creadores de las series nativas para plataformas como Netflix tienen una mayor libertad creativa y narrativa, moldeando los argumentos para ser consumidos de una sola tacada. Pero la estrategia de Netflix aún está en el aire: ¿Quiere ser la televisión del futuro o una sala de cine indie? Sea como sea, sus títulos, argumentos y personajes se están convirtiendo en los iconos de una generación de espectadores exigentes.

Otros servicios

En Estados Unidos, la competencia que le ha salido a Netflix es feroz:Hulu,Amazon y el servicio de streaming de HBO apuestan fuerte por sus propios contenidos. En España ya había servicios similares antes de que Netflix aterrizara en octubre de 2015. Yomvi, de Movistar Plus, y las plataformas de televisión a la carta de los principales grupos de comunicación (MiTeleAtresplayer y RTVE a la carta).

Por lo tanto, se avecina un futuro combatido, donde los que más y mejor ofrezcan a cambio de menos tendrán las de ganar. 2016 iba a ser el año de Netflix con la expansión casi total de su servicio en el mundo. No obstante, ya hemos podido observar que las expectativas no se han cumplido, por lo que no está todo escrito en este modelo de negocio que ha cambiado nuestros hábitos, nuestro vocabulario y que ha complicado -todavía más- lo que llamamos ‘Sociedad de la Información’.

Macron: una soledad demasiado ruidosa

Joseba Louzao

Foto: PHILIPPE WOJAZER
Reuters

El intelectual Michel Ignatieff soñó con llegar a convertirse en el primer ministro canadiense. Su particular aventura como cabeza del Partido Liberal acabó siendo un fracaso estrepitoso, pero la vivencia le permitió comprender mejor el universo de lo político. Ignatieff intentó recoger estas enseñanzas en Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política, un texto sincero a medio camino entre unas memorias políticas y una reflexión teórica sobre las dinámicas electorales más cotidianas. En un momento de la narración Ignatieff describe cómo un gobernante regional le señaló en un encuentro que, para un político, sólo existen dos cuestiones que merece la pena responder: “¿Estás listo para ganar? ¿Estás preparado para perder?”. En el realismo crudo de ambas preguntas encontramos, quizá, más sabiduría que en las páginas de cualquier manual de ciencia política. El mismo Ignatieff aprendió la lección: “a la política no se viene a vivir experiencias enriquecedoras. Se viene a conseguir el poder”.

He recuperado esta anécdota mientras veía Emmanuel Macron: el camino de la victoria, un documental que Netflix no ha tardado en sumar a su catálogo con una celeridad pasmosa. Nos encontramos ante una crónica, claramente hagiográfica, del camino recorrido por Macron hasta el decisivo día en el que se convirtió en el presidente más joven de la democracia francesa. El resultado final es un retrato de un candidato que cree en su victoria y no quiere plantearse otro escenario. Macron aparece como un político inteligente, atento e irónico que sabe lo que quiere, controlando los tiempos y manejando una potente narrativa. No hay duda de ello. Tras ganar el pasado 7 de mayo, Macron apareció, solo, caminando hacia los votantes que le aclamaban. El escenario era el Carrousel del Louvre con el himno europeo como banda sonora. Probablemente sea el mejor ejemplo de la potencia simbólica y emocional del nuevo presidente. De hecho, Emmanuel Macron: el camino de la victoria se construye a partir de este momento histórico. Ese paseo evocaba a personajes de la talla de Charles de Gaulle o François Miterrand y profundizaba en la mística presidencial republicana.

Más allá de la intención del realizador, el documental termina siendo un testimonio significativo de la soledad del político. Sí, Macron aparece constantemente acompañado por su equipo, siempre encadenados a los móviles, y por su mujer, Brigitte Trogneux, confidente y apoyo en cada una de las situaciones que le toca vivir. Pero también hay planos que nos muestran a un Macron que se enfrenta a una soledad demasiado ruidosa – si me permiten parafrasear el título de la novela de Bohumil Hrabal. En la mirada de Macron está el miedo a la derrota. Uno espera ver a los políticos en la soledad del fracaso, tras una puñalada o en el final de su vida política. Pero no cuando se encuentra en la cima de su popularidad y de su autoridad. Macron busca constantemente la aprobación de las personas que están a su alrededor. Sin embargo, casi siempre, debe decidir en soledad. El peso de esa responsabilidad le zarandea. El documental, incluso, nos permite colarnos en su complicada jornada en Amiens con los encolerizados trabajadores de un empresa en huelga que vitoreaban a Marine Le Pen. Macron se encuentra allí frente a las dos preguntas del inicio: “¿Estás listo para ganar? ¿Estás preparado para perder?”. Aquel episodio le hace consciente de que todo éxito no es más que un espejismo. Llegarán nuevos escenarios peligrosos, que amenazarán la victoria. Pese a estar rodeado de asesores de todo tipo, la gestualidad de Macron refleja la inmisericorde soledad del político. Y es que el fuego del poder es capaz reducir a cualquiera, incluso a los más sabios o a los más astutos, a un montón de cenizas. Solamente el político que sea consciente de su propia vulnerabilidad podrá jugar con sus mejores cartas en la contienda política.

Cannes y Netflix: un enfrentamiento inesperado


Cecilia de la Serna

Foto: ALBERTO PIZZOLI
AFP

No hay edición del Festival de Cannes que se precie sin una buena polémica inicial. En la 70 edición, la controversia no ha envuelto a una celebridad, como suele ser costumbre, sino a un concepto: la nueva forma de consumir contenidos audiovisuales. Por primera vez en la historia del festival, dos películas candidatas a la Palma de Oro son originales del servicio de streaming por excelencia, Netflix. Se trata de Okja, de Bong Joon-Ho y de The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach.

Este dato podría ser esperanzador: el festival cinematográfico más prestigioso del mundo se rinde a una realidad sociocultural como es el visionado de películas a través de dispositivos electrónicos. No obstante, el importante lobby de exhibidores y distribuidores galos ha logrado que esa esperanza quede en papel mojado. El Festival de Cannes ya ha anunciado una modificación de su normativa que prohíbe, a partir de la próxima edición, la inclusión en su programación de cintas que no vayan a recibir estreno comercial en salas tradicionales.

Netflix, fiel a su filosofía

El gigante del streaming está dispuesto a pasar por el aro, pero a medias. Netflix no se ha opuesto a que esas dos películas se estrenen en las salas francesas, no obstante sí que ha puesto una condición: que las cintas se estrenen simultáneamente en cines y en Netflix. La compañía siempre ha cumplido con la premisa de ofrecer sus contenidos originales directamente en su plataforma, una premisa que está directamente relacionada con su filosofía empresarial.

Esta condición de la compañía de Reed Hastings ha contado, como era de esperar, con el rechazo de los exhibidores galos. Además, la propuesta de Netflix es, a día de hoy, irrealizable por la propia legislación francesa, que estipula que un film que es estrenado en las salas debe esperar 36 meses para estar en un catálogo de una plataforma digital. Toda esta controversia podría afectar directamente a los usuarios franceses, que podrían llegar a verse perjudicados en el caso de que no pudieran acceder a estos contenidos hasta tres años después, mientras que en el resto del mundo sí podrían hacerlo. Netflix no permitiría algo así.

Opiniones encontradas

Este enfrentamiento entre exhibidores, distribuidores, el propio Festival de Cannes y la compañía norteamericana ha generado todo tipo de opiniones y declaraciones. En el seno del jurado del festival, presidido por el español Pedro Almodóvar, caben todos los criterios y pareceres.

Almodóvar se ha posicionado contundentemente en contra de la inclusión de películas no estrenadas en salas en la sección oficial del festival

El propio Almodóvar se ha posicionado contundentemente en contra de la inclusión de películas no estrenadas en salas en la sección oficial de este festival, el más prestigioso del mundo. “Estas plataformas digitales, estas nuevas formas, no deberían sustituir a otras existentes como las salas de cine. Bajo ninguna circunstancia deben cambiar los hábitos de los espectadores. La única solución que se me ocurre es que acepten y obedezcan las reglas que ya son adoptadas y respetadas por todas las cadenas existentes”, declaró en la rueda de prensa de presentación de Cannes, a lo que añadió que “no concibo dar la Palma de Oro o cualquier otro premio a un film que no pueda ver en una pantalla grande”.

Almodóvar y Will Smith, dos opiniones enfrentadas en el jurado de Cannes. | Foto: Anne-Christine POUJOULAT / Reuters
Almodóvar y Will Smith, dos opiniones enfrentadas en el jurado de Cannes. | Foto: Anne-Christine POUJOULAT / AFP

El actor estadounidense Will Smith, que también forma parte del jurado de la presente edición en Cannes, se posiciona en el lado contrario de la controversia. Según Smith, ambas formas de ver cine son compatibles. “Tengo en casa a jóvenes de 16, 18 y 24 años. Van al cine un par de veces a la semana y ven Netflix… No sé en otros hogares, pero en mi casa Netflix no ha tenido absolutamente ningún efecto en los que van a ver al cine”, aseguró el actor. “En mi casa, Netflix no ha sido nada más que un absoluto beneficio porque pueden ver películas que no habrían visto de otro modo”, añadió.

Aprender a aceptar las nuevas formas de consumo

Como las lenguas no las crean y transforman las Academias, sino la gente que las habla, los hábitos de consumo no los imponen las industrias, sino la sociedad. Lo que no parece haber entendido Cannes es que la fuerte crisis de la industria cinematográfica tiene mucho que ver con los hábitos de consumo. En la pasada década, la piratería le comió el pastel a la industria, que en muchos países -por ejemplo, y especialmente, en España- no se supo combatir. Lo que han traído plataformas como Netflix, pero también HBO u otras cuantas, es una solución a un grave problema.

La piratería -que sigue siendo una cuestión a combatir- descendió en 2016 en España por primera vez en diez años, según un informe del Observatorio de la Piratería y Hábitos de Consumo de Contenidos Digitales. Ese año, Netflix entró en territorio español, y las coincidencias no existen. El lobby de distribuidores y exhibidores en Francia quiere mantener una hegemonía ya imposible, y sus esfuerzos por vetar creaciones alternativas a las más tradicionales -precisamente en la tradición se han basado para presentar sus quejas- serían más efectivos si se trasladaran a acercar de nuevo el buen cine a la sociedad.

Los Oscar ya entregan estatuillas a películas made in Netflix u otras plataformas, el terreno de las series ya es dominio de HBO y de la compañía de Reed Hastings. Este fenómeno es imparable. Quien no lo quiera ver está ciego, y las medidas inesperadas por decreto, como la ejecutada por el Festival de Cannes, no evitarán lo que los consumidores ya han dictado.

Cómo "apagar" el esperma: así funciona el anticonceptivo del futuro

Redacción TO

Foto: Srdjan Zivulovic
Reuters

Impedir que los espermatozoides lleguen al óvulo para evitar la fecundación. Este es el objetivo de todo método anticonceptivo y aunque las opciones para conseguirlo son cada vez más variadas y fiables, lo cierto es que en pleno siglo XXI el condón sigue siendo el rey.  Según cifras del Ministerio de Sanidad, Igualdad y Servicios Sociales, un 28,4% de los españoles utiliza el preservativo como principal método anticonceptivo, seguido por el 24,7% de los que no utilizan absolutamente ningún contraceptivo y el 21,7% de mujeres que toman la píldora.

En definitiva, tratándose de relaciones sexuales, la evolución desde que los griegos y romanos inventaron el preservativo al cubrir el pene con pieles y materiales orgánicos, resulta algo decepcionante. O bien una barrera protectora para ellos o bien píldoras con demoledores efectos secundarios para ellas. Ya era hora de innovar, y por fin llegan noticias augurando un futuro prometedor, un nuevo descubrimiento podría darle la vuelta a estas cifras al ofrecer un método tanto para hombres como para mujeres, científicamente fiable y tan cómodo como imperceptible.

Cómo "apagar" el esperma: así funciona el anticonceptivo del futuro

¿En qué se basa el nuevo método del botón?

La explicación científica se encuentra en un artículo publicado en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en el que las científicas Nadja Mannowetz, Melissa R. Miller, y Polina V. Lishko explican la importancia de un componente que actuaría como botón de “encendido” y “apagado” del esperma.

En una explicación simplista, para tener éxito en su misión, los espermatozoides tienen que ser buenos en dos cosas: la natación y la perforación. La mayor parte de métodos, incluidos los preservativos, están pensados para frenar la primera de las cualidades (impedir que los espermatozoides “naden” hasta su destino), pero,  ¿qué hay de la segunda parte? El esperma humano tiene que nadar entre 10 y 12 centímetros hasta llegar al óvulo, lo que viene a significar 24.000 veces su propia longitud, y tras el recorrido, convertirse en “taladro” con el que perforar la capa que cubre los óvulos.

En lugar de golpear de lado a lado como hacen durante su camino a través de las trompas de falopio, el espermatozoide empieza entonces a girar en una sola dirección, sacudiendo la cabeza hacia delante, a través del denso y viscoso entorno de las capas externas del óvulo. Los científicos llaman a esta maniobra el “golpe de poder“. La energía para producir este golpe proviene de iones de calcio, proveniente de un componente llamado CatSper que no está en ninguna otra parte de nuestro cuerpo. Encuentra algo que impida que estos “interruptores” de iones se enciendan, y estarás un paso más cerca de tener el anticonceptivo más eficaz del mundo. Es, precisamente, lo que acaban de hacer estas científicas.

Cómo "apagar" el esperma: así funciona el anticonceptivo del futuro 1
Vaginas artificiales en un laboratorio de fertilidad | Foto: REUTERS / Leonhard Foeger

En el artículo publicado en PNAS, las investigadores de la Universidad de California en Berkeley examinaron más de 50 compuestos químicos para encontrar unos cuantos que podrían evitar que los espermatozoides se movieran para realizar la perforación y los dos más prometedores provienen de plantas que los seres humanos han estado consumiendo durante milenios: lupeol, un compuesto que se encuentra en mangos, uvas y aceitunas, y pristimerin, que proviene de una antigua hierba medicinal conocida como Thunder God Vine.

Las científicas que han dado con esta clave explicaban en la revista Wired, que el descubrimiento puede convertirse en un anticonceptivo útil tanto para “emergencias” como de uso regular y que el uso de estas sustancias es “diez veces más efectivo que cualquier otro método” e impide que la fertilización del óvulo llegue a realizarse, con lo que incluso aquellos que creen que la vida empieza en la fertilización, no podrían tachar de abortista al método.

Los ensayos en primates para dar con las dosis adecuadas ya han comenzado, y las científicas esperan alcanzar resultados a finales de este año. Según sus cálculos, este nuevo método podría empezar a comercializarse en los próximos tres años, convirtiéndose así en el más eficaz anticonceptivo universal al alcance de todos.

La generación dispuesta a parar la gran ciberguerra global

Cecilia de la Serna

Foto: Kacper Pempel
Reuters

Los expertos coinciden ya en que estamos inmersos en un gran conflicto global -¿Tal vez la Tercera Guerra Mundial?- y que sus trincheras están en Internet. Esta ciberguerra ha tenido su mayor exponente en el reciente y mediático ataque masivo sufrido por entidades de todo el mundo. El virus informático WannaCry desnudó en pocas horas las vulnerabilidades de una sociedad hiperconectada y cada vez más dependiente de la tecnología. En España, por ejemplo, logró penetrar en el sistema de Telefónica, mientras que en el Reino Unido logró paralizar numerosos hospitales públicos, y en otros países entró en los sistemas de entidades críticas y bancos. Parece que WannaCry ya empieza a remitir, pero los expertos alertan de un segundo ciberataque mundial por otro virus: el Adylkuzz.

Espionaje, contraespionaje, mero chantaje económico, o acciones de sabotaje masivo están a la orden del día en este clima de ciberguerra. Forman parte de auténticas mafias ciberdelictivas, e incluso de la estrategia de los gobiernos. Esta ciberguerra también se revela en recientes episodios en las urnas, con los hackeos denunciados en Francia y en los expuestos en la elección que terminó con el republicano Donald Trump en la Casa Blanca.

Dos veinteañeros al rescate

El ciberataque que propagó este software malicioso por todo el mundo fue frustrado por un joven investigador británico con la ayuda de otro ingeniero de seguridad de veintitantos años en Estados Unidos. Ambos pertenecen a la generación de hackers dispuesta a parar la gran ciberguerra global.

Los ‘hackers de sombrero blanco’ usan sus amplios conocimientos informáticos para encontrar los fallos en la seguridad de los sistemas 

Antes de continuar, no está de más recordar que ‘hacker’ no es necesariamente un término peyorativo. Existen hackers buenos, como aquellos que trabajan día a día por preservar la privacidad de millones de usuarios o aquellos que ayudan con su labor a proteger la seguridad nacional de sus países. Estos individuos, conocidos en el entorno digital como ‘hackers de sombrero blanco’, hacen uso de sus amplios conocimientos informáticos para encontrar los fallos en la seguridad de los sistemas y prevenirlos de los ataques malintencionados de los otros hackers, los malos. A veces trabajan con ejércitos y cuerpos y fuerzas de seguridad de los estados, a veces para empresas privadas y en otras ocasiones lo hacen por su cuenta.

La generación dispuesta a parar la gran ciberguerra global 1
Marcus Hutchins es el héroe accidental de los últimos días. | Foto: Frank Augstein / AP

Marcus Hutchins es un hacker de sombrero blanco. Británico, de 22 años, aficionado a los videojuegos y un jovencísimo especialista en ciberseguridad, es el perfil que está detrás del hombre que logró bloquear el pasado viernes la extensión del virus WannaCry. Lo hizo desde un ordenador en su pequeña habitación en la casa de sus padres, en Devon, en el suroeste de Inglaterra. Este joven, que responde al alias (ya no) anónimo de ‘MalwareTech’, se convirtió en el héroe accidental de este “ciberdrama” global. Hutchins descubrió la kill switch -la forma de apagar el virus- al darse cuenta de que los responsables del WannaCry habían creado un dominio oculto en el software que hacía las veces de tecla de desactivación interna para los propios piratas. Para ejecutar el bloqueo del virus, primero infectó su propio ordenador con el ransomware. Consiguió, con la ayuda de un amigo, una muestra del malware y al ejecutarlo se dio cuenta de que llamaba a un dominio, gwea.com, no registrado. Hutchins registró este dominio por 10 euros y redirigió el tráfico a un servidor de Los Ángeles. La propagación se paró inmediatamente y sin que nadie lo esperara. El propio Hutchins contó en su página web cómo descubrió, casi sin querer, esa vulnerabilidad del virus, convirtiéndose en un héroe a escala global.

Otro veinteañero también reparó en el interruptor que bloqueaba el virus. Se trata de Darien Huss, un ingeniero de investigación de 28 años que trabaja para la firma de ciberseguridad Proofpoint. Desde el otro lado del Atlántico, Huss estaba haciendo su propio análisis y se puso en contacto con Hutchins para colaborar en el bloqueo. Huss hizo una captura de pantalla que mostraba su descubrimiento, y la compartió en Twitter.

Hutchins responde como nadie al perfil típico de la Generación Z: no fue a la Universidad y aprendió por sí mismo 

La vida de Marcus Hutchins ha cambiado radicalmente tras su accidental descubrimiento. En estos momentos está trabajando con el gobierno británico, concretamente para el Centro Nacional de Seguridad Cibernética, en la labor de evitar un posible nuevo ataque del virus. Además, ha recibido una multitud de ofertas de trabajo. Actualmente trabaja para la firma estadounidense de inteligencia privada Kryptos Logic, según publica el británico The Daily Mail. Hutchins responde como nadie al perfil típico de la Generación Z: no fue a la Universidad y aprendió por sí mismo las más sofisticadas técnicas de hacking.

Un ejército de jóvenes hackers

El ataque masivo de la pasada semana provocó un auténtico revuelo mediático. No era para menos ya que era una agresión sin precedentes en la red. Tanto es así, que los propios gobiernos se vieron obligados a explicar algunas de sus estrategias en la lucha contra el cibercrimen, e incluso a impulsar nuevas medidas.

El Estado podría aprovechar los recursos y conocimientos de ciudadanos anónimos para proteger al resto

El Partido Popular, actualmente en el gobierno de España, anunció la realización de un borrador para la creación de una milicia de voluntarios civiles, en su mayoría hackers, que en cuestión de minutos pueda combatir codo con codo con los ciberguerreros del Estado, en el caso de que se produjese una agresión informática que pusiera en peligro una infraestructura crítica del país o a una empresa estratégica.

De esta forma, el Estado aprovecharía los recursos y conocimientos de ciudadanos anónimos -en su gran mayoría gente muy joven- para proteger al resto de los mortales sin esa sabiduría informática.

¿De qué lado estás?

En cuestiones informáticas los más jóvenes parece que siempre tienen las de ganar. Los más pequeños ya aprenden el lenguaje de programación a muy temprana edad, como quien aprende inglés o francés. Los adolescentes de la Generación Z son nativos digitales, por lo que términos como malware o ransomware no son inescrutables para ellos. Ahora se les presenta ante sí la disyuntiva que toda generación ha tenido que dilucidar: estar en el lado del bien o en el del mal. En la ciberguerra que no se avecina, sino que se da en estos precisos instantes, es necesario escoger un lado.

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