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Política

La crisis del hantavirus silencia el pulso interno en Más Madrid: «Mónica García sale reforzada»

La ministra de Sanidad, dice su partido, consolida su perfil «gestor», y Emilio Delgado queda fuera de los focos

La crisis del hantavirus silencia el pulso interno en Más Madrid: «Mónica García sale reforzada»

Mónica García en una rueda de prensa en la Moncloa | EP

El incendio de Más Madrid por la polémica de las primarias y la decisión de Mónica García y Emilio Delgado de presentarse a esa votación se ha apagado con la crisis del hantavirus. Desde que se conoció la existencia de un brote en un crucero con destino a Canarias en el que viajaban más de una docena de españoles, Mónica García ha vuelto a centrarse en el ámbito de la gestión ministerial. Según fuentes de su partido, la ministra y aspirante a liderar el partido en la Comunidad de Madrid ha salido «reforzada» por esta crisis, sobre todo en el «perfil de la gestión». Estas fuentes refieren que, con la crisis ya casi controlada, García ha ganado enteros en el partido «silenciando» los mensajes polémicos lanzados por su contrincante.

Hasta hace una semana, Más Madrid era un polvorín. El anuncio de Delgado de competir con García en las próximas primarias (todavía sin fecha) había dividido la formación. Un grupo se había acercado al dirigente díscolo, con la esperanza de limitar el poder de los afines a Mónica García. Se empezó a relacionar el errejonismo a Delgado, lo que podía ofrecer al diputado autonómico cuadros y estrategas para su asalto a la cúpula del partido. Sin embargo, con la crisis del hantavirus, la polémica interna ha pasado de repente a un segundo plano. La líder del partido madrileño ha logrado ganar tiempo y visibilidad.

García decidió que el crucero llegara a Canarias, frente a las críticas de la oposición. Defendió el traslado de los 14 españoles al hospital madrileño Gómez Ulla y de momento solo se conoce el caso de un español infectado, pero estable. La ministra calificó el operativo de «éxito», y defendió su planteamiento, que le otorgó incluso cierta visibilidad internacional gracias al apoyo de la Organización Mundial de la Salud. «España no va a mirar a otro lado con un buque en el que hay 14 compatriotas. Cuando tomamos la decisión, no había ninguna duda», afirmó en declaraciones recientes. Incluso los partidos de la oposición rebajaron el tono contra el Ejecutivo.

La conclusión a la que llegan varias fuentes del partido de García es que Delgado se ha quedado de facto en fuera de juego con la polémica sanitaria. Mientras García se enfrentaba al presidente de Canarias y ofrecía declaraciones a los principales medios, Delgado ha salido de los focos. «Esto ha posicionado a Mónica, porque la refuerza en su lado débil, que es el de la gestión; y a Emilio se le complica [enfrentarse a García]», reflexionan desde este espacio político.

Éxito de comunicación

Delgado defiende que Más Madrid y las demás formaciones asociadas a Sumar se han quedado desconectadas del territorio. Reprocha a la cúpula del partido haber perdido el contacto con los barrios más populares, de no estar al corriente de sus esperanzas y miedos. Pide, en definitiva, una revisión de algunos dogmas del izquierdismo contemporáneo, empezando por las consignas del nuevo feminismo y la cuestión migratoria. Delgado plantea volver a enfocar la estrategia de Más Madrid según el decálogo del nacionalpopulismo de Íñigo Errejón. De hacerlo, puede convertirse en un problema para García y Rita Maestre.

García controla el aparato de la formación y su respuesta al pulso de Delgado ha sido blindar las primarias con un reglamento restrictivo, que Delgado ha denunciado. Pero ha sabido aprovechar la crisis del hantavirus para erigirse como una dirigente centrada en la «gestión». Frente al revisionismo, ha sabido capear una tormenta sanitaria, y desde el partido sostienen que —al menos durante la semana del hantavirus— la aspirante a candidata ha salido «ganadora», mientras que Delgado ha perdido fuelle mediático.

La batalla interna se libra en el campo de la comunicación política. De esto nadie duda en un segmento política que hasta ahora se ha encomendado siempre a ese ámbito. Si el lema de la campaña de Bill Clinton en los años noventa era el célebre «it’s the economy, stupid» (lit.: «es la economía, estúpido»), en referencia a su planteamiento de mejora del nivel de vida de los norteamericanos, para Podemos y sus sucursales la clave fue siempre otra. Algo que, de alguna manera, podría resumirse en la fórmula: «it’s the communication, stupid» (lit.: «es la comunicación, estúpido»). Y es en esa extensión del campo de batalla de la política donde Mónica Gardía ha aprovechado la crisis del hantavirus, aunque los afines a Delgado avisan de que la pugna no ha terminado aquí.

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