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Sonia Sierra: «Se habla muchísimo de amor y muy poco de amistad»

Sonia Sierra, profesora, filóloga y articulista de esta casa publica la novela ‘Los pasos difíciles’, una ópera prima que habla del vínculo inalterable entre dos amigos

Sonia Sierra: «Se habla muchísimo de amor y muy poco de amistad»

Sonia Sierra | Foto cedida por la entrevistada

La portada de Los pasos difíciles (Platero Coolbooks, 2022) nos muestra a una chica con los hombros alzados que avanza decidida mientras aprieta el puño y compone una mueca con los labios bañados en rouge. Toda una declaración de intenciones: está caminando a pesar de que sus pasos son difíciles. «Quería hacer un recorrido de unos 20 años y, siendo tan largo, o hacía los Episodios Nacionales o El Quijote, o tenía que elegir momentos muy puntuales de la vida de los dos protagonistas, evidentemente momentos difíciles, como dice el título, pero que fueran unas pinceladas que sirvieran para esbozar los personajes y que el lector los fuera descubriendo a partir de estos sucesos y las reflexiones que hacen sobre ellos», explica Sonia Sierra, la autora, durante la entrevista que mantenemos.

Los dos personajes centrales de su obra son Verónica y Fernando. Cuando le pregunto a Sonia si su novela se enmarca en el género tan en boga de la autoficción, me contesta que en parte. «El personaje de Fernando está basado en el que fue mi mejor amigo durante 20 años, y es un retrato bastante fidedigno de cómo era él», dice con emoción. Fernando, así, retrata a Paco, al que la autora escribe estas palabras como marco de apertura de la novela: «A Paco, a quien sigo queriendo más allá de todo entendimiento». 

Los pasos difíciles
Imagen vía Editorial Platero.

«El borrador es de hace mucho tiempo, de antes de dedicarme a la política incluso, porque mi mejor amigo falleció y yo estaba terriblemente triste. Dos años después lo seguía estando y esto fue una manera de vehicular ese dolor», cuenta con aflicción. Cuando hice este borrador, durante dos veranos, justo entré en política y mi vida cambió radicalmente porque la política es muy absorbente». Por eso, en su caso, la pandemia y su consiguiente confinamiento le echaron un cable, aunque solo fuera en cierto modo, porque en aquella época Sonia sacó del cajón Los pasos difíciles y se metió a fondo con ella: «Pasé el confinamiento rehaciendo el borrador, puliéndolo mucho», apostilla.

«Veo que en muchas personas cercanas a mí y en mi propia vida es mucho más estable la amistad que el amor»

Sonia Sierra

La ópera prima de Sierra habla de amistad. En concreto, de una amistad -la de Verónica y Fernando-que sortea el tiempo y la distancia. Así dice su contra: «El río y el mar, el centro y la periferia, y la ciudad y la isla son las coordenadas que configuran los escenarios por los que transitan los protagonistas mientras que el mundo va cambiando a su alrededor, desde el optimismo desbordante de los 90 hasta el atentado de las Torres Gemelas, la Guerra de Irak o la tragedia del Prestige».

Le lanzo otra pregunta: ¿Cuál es el secreto para que la amistad entre ambos personajes sobreviva a tantas cuitas? «Yo creo que se habla poco de la amistad, y creo que la sociedad en la que vivimos, en la que las relaciones sentimentales muchas veces son muy poco duraderas (pues ya no es como antes, que era hasta que la muerte nos separe), veo que en muchas personas cercanas a mí y en mi propia vida es mucho más estable la amistad que el amor», comienza reflexionando Sonia, y continúa: «Se habla muchísimo de amor en las canciones, el cine, la literatura, y muy poco de amistad. Quería retratar otro tipo de relación, no solo el chico conoce a chica y ambos se enamoran». 

Sonia Sierra
Sonia Sierra presentando ‘Los pasos difíciles’ | Imagen cedida por la entrevistada.

Así, mientras por la vida y la cama de Verónica pasan durante el texto incontables hombres como Toni, Víctor, Marçal, Peter, Gonzalo, Dirk… y por la de Fernando desfilan también algunos amores como Philippe o Alex, el único vínculo estable que ambos mantienen, como un bastión inexpugnable, es el otro. La narradora, que es la propia Verónica en una primera persona, lo deja claro: «No podía explicar lo que sentía pero, por lo menos, volvía a tener la voz de Fernando. Mientras tuviera su voz estaba, de alguna manera, a salvo». Con él comparte un amor sano y sin dobleces, como deja claro en este otro pasaje: «Y, de repente, otra vez en la isla, otra vez aquel sol deslumbrante, aquel aire que se lo llevaba todo. Y Fernando. Allí donde estuviera Fernando, yo siempre tendría un lugar al que volver». Y solo a él le permite que reordene su hogar (como correlato del orden que le deja poner siempre en su vida): «Fernando iba por mi piso como un maestro de ceremonias, moviendo los brazos y señalando los cambios: ‘Esas estanterías ahí te quitan mucho espacio, es mejor ponerlas en la otra pared’». 

A su autora le pregunto si considera que ese vínculo hubiera sido posible si entre ambos mediara una posibilidad -ya no un interés, sino una mera posibilidad- sexual: «Yo creo que una amistad tan tan tan intensa entre hombre y mujer es complicado que se dé, porque si hay atracción sexual se acaba convirtiendo en relación de pareja. Si Fernando hubiera sido heterosexual probablemente esto hubiera sido una historia de amor, pero nunca lo sabremos». 

Pero ¿qué es lo que los había unido con un lazo tan estrecho? Aquello que constituye la premisa de la novela, y es que ambos personajes cuentan en su haber -o en su debe, bien mirado- con una herida de infancia que arrastran por el resto de sus años: «A veces pienso que a Fernando y a mí nos unió el horror de una infancia que no nos gustaba y cuyos recuerdos nunca nos habíamos atrevido a compartir con nadie más, porque todo el mundo presume de una niñez feliz y los que no la hemos tenido nos sentimos permanentemente fuera de sitio. Es una vergüenza, una marca que nadie quiere admitir en público».

Las peripecias de los dos personajes, unidos por siempre por tal estigma, discurren entre dos citas o, mejor dicho, entre las dos mitades de un mismo verso: «Nuestras vidas son los ríos» abre el libro y, en el último capítulo, «…que van a dar a la mar», cierra la historia. «Es un poema impresionante el de Jorge Manrique, de gran una belleza y capacidad de síntesis para explicar lo que es la vida y la muerte», empieza explicando Sonia al respecto. «Además, Verónica es geógrafa y le da mucha importancia a todos los accidentes geográficos, por eso se habla mucho del mar, de los ríos… Pensaba que esa cita era perfecta para enmarcar y dar esa visión de una persona cuya vida es la geografía», añade. 

Sonia Sierra es filóloga, profesora, articulista, y fue incluso diputada durante un tiempo del Parlamento de Cataluña. Con semejante currículum, le pregunto cómo ha vivido el proceso de escritura y publicación de una novela: «El proceso de escritura, muy bien. Es muy bonito buscar una voz, todas las decisiones que tomas, los dos puntos de vista… Pero luego me daba miedo que la gente lo leyera», confiesa. «Sin embargo, lo mandé a dos editoriales y las dos me aceptaron. Y estoy sorprendida, porque las críticas están siendo muy bonitas». La filóloga quiere agradecer a cuanta gente le ha apoyado en este camino narrativo: «Carlos Mayoral, compañero de columna, fue una de las personas decisivas para atreverme a publicar la novela, me dio unos consejos muy acertados», termina diciendo como mención especial. 

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