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Cultura

'Falsestuff', una lección magistral sobre cómo falsificar el arte

El Teatro Valle-Inclán acoge la obra teatral de Albet y Borràs, que se plantean los límites entre original y copia en un homenaje al teatro y a sus diferentes estilos

‘Falsestuff’, una lección magistral sobre cómo falsificar el arte

La obra teatral 'Falsestuff' | Geraldine Leloutre

Si, como decía Balzac, la labor del escritor consistía en aprovecharse del trabajo de los demás, la exitosa dupla formada por Nao Albet y Marcel Borràs, ni corta ni perezosa, ha decidido llevar a cabo este lema hasta sus últimas consecuencias en su último proyecto juntos. De hecho, no es la primera vez que ambos representan Falsestuff. La muerte de las musas sobre unos escenarios. Ya lo hicieron en 2018 tras su paso por el festival internacional de teatro Grec, en Barcelona, y cinco años después aterrizan de nuevo en el Valle–Inclán de Madrid con «una copia» de aquella otra obra, homenaje al teatro y a los dramaturgos, que planteaba, paradójicamente, el eterno debate entre copia y original: ¿puede la falsificación llegar a superar al original? ¿No es toda obra de arte, acaso, una copia de algo que ya existe?

Precisamente, «la semilla de este espectáculo –cuentan ambos– surgió durante una temporada en la que no parábamos de ver en los escenarios teatrales las mismas ideas repetidas, como si las creadoras y los creadores se hubieran puesto de acuerdo. Castillos hinchables tipo feria, recreaciones de La lección de anatomía de Rembrandt o cabezudos al estilo fiestas de pueblo. La posibilidad de que detrás de dichas repeticiones hubiera un complot pergeñado entre los artistas para reírse de nosotros (incultos espectadores) nos satisfacía mucho más que la triste realidad».

Cartel de ‘Falsestuff’

Falsestuff, con la que cierran la trilogía formada junto a Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach (2013) y Mammón (2015), nos presenta a un falsificador de arte en escena, André Fêikiêvich, empeñado en captar a la perfección la esencia de las obras que copia y perseguido por un experto, André Fêikiêvich, tras caer víctima de sus falsificaciones y ser humillado públicamente. A partir de ahí el circo está montado: del thriller a la comedia, del romance al western, del drama al musical, sobre el escenario se suceden decorados, géneros teatrales y situaciones distintas con más de 70 personajes, interpretados por un elenco internacional formado por los propios Albet y Borràs junto a Laura Weissmah, Naby Dakhli, Thomas Kasebacher, Joe Manjón, Johnny Melville, Diana Sakalauskaité y Sau–Ching Wong.

Copia u original

Ahora bien, lo más llamativo de este singular protagonista no es su talento natural por copiar obras. «André Fêikiêvich no es  –puntualiza Albet–, un falsificador al uso de pinturas o de otras artes plásticas, sino que es el primer falsificador de teatro de la historia. Una cosa que en principio puede parece inconcebible y difícil de entender, pero que luego nos apañamos para que resulte verosímil».

Y es que, como explica Borràs, algo que les permitió descubrir la escritura de esta obra, que también dirigen, era que esta idea de la falsificación del teatro no era algo tan imposible.  «Existe el caso de Bob Wilson –recuerda– que prácticamente se falsifica a sí mismo. Él muchas veces firma montajes que en realidad hacen sus ayudantes de dirección. Y durante el proceso de creación de la obra fueron apareciendo una serie de anécdotas que nos hacían pensar que no era tan inverosímil la idea de una falsificación en el teatro. Continuamente estamos hartos de ver las mismas ideas en escena y como que hay algo de que las cosas se repiten que también tiene que ver con el tiempo en el que estamos, pero que no nos parecía tan bizarro». Tal vez porque, como matiza poco después, a fin de cuentas, vivimos en la época de las fake news y en este contexto, reflexiona, «casi es más interesante y cuenta más sobre la contemporaneidad una obra falsa de Van Gogh que una original. Hay muchas más capas detrás de la copia».  

La obra teatral ‘Falsestuff’ | Geraldine Leloutre

Eso sí, adelanta Albet, «no se entra en lo tecnológico, que lo dejamos un poco aparte, tampoco en la serialización de Warhol, sino que es más la cuestión, en líneas generales, sobre si es lícito o ilícito copiar. Quizás tenemos que aceptar que en la creación la copia va intrínseca, y es algo que hay que asumir», reflexiona el dramaturgo. 

Algo en lo que Borràs da un paso más y recuerda: «Incluso en el hecho de usar un lenguaje, que ya es herencia de milenios, ya estás utilizando una herramienta que no es tuya, no te es propia. Todo lo que conforma tu mundo viene de fuera, por lo que en qué punto mides que algo es original. Que un artista llegue a tener una creatividad personal no implica que todo venga de él,  sino que lo ha creado a partir de la acumulación de una serie de hechos».

Homenaje al teatro

En ese ir y venir de las musas entre bambalinas, no obstante Falsestuff también se presenta como un mosaico de situaciones y géneros. «La obra era también una excusa, un ejercicio de estilo hilvanado por esta trama del falsificador de teatro, para hacer un homenaje a los guionistas que nos gustan y al teatro en general. Es una pieza que viaja por todos los estilos», reconoce Borràs. 

Y en ese sentido, remarca Albet, «cada vez que hacemos un estilo de teatro distinto no queremos guionizarlo ni parodiarlo sino llegar hasta el final de cada género. Por tanto, hay que hacer que todos los personajes –más de 70– lleguen hasta el fondo, lo que supone para cada actor y actriz un viaje muy interesante. No solo hacen cinco personajes sino que se lo tienen que tomar como si fueran cinco protagonistas porque son personajes que tienen que estar bien construidos, donde hay mucho trabajo detrás».  

Con escenografía de Adrià Pinar, iluminación de Cube BZ y caracterización de Johny Dean, también entre bastidores, Falsestuff esconde todo un baile de cambios de vestuarios y pelucas posible gracias al trabajo de Vera Moles, que convierte en creíble todo un cambio de registros. A ello se le añade otra peculiaridad. «Cada actor y actriz son de una nacionalidad diferente –puntualiza Borràs–, en la obra se hablan más de 12 idiomas y hay muchos sobretítulos para el lituano, francés, mandarín, alemán, inglés, italiano, cantonés… Los idiomas nos ayudaban a alejarnos cada vez que abríamos un nuevo estilo. Todos hemos hecho una especie de masterclass de idiomas. Parecíamos de verdad una compañía que falsifica teatro», bromea.  

La obra teatral ‘Falsestuff’ | Geraldine Leloutre

Una segunda versión

Copia u original, hasta el próximo 25 de junio, Falsestuff animará las tardes del Valle-Inclán con esta propuesta creativa que nos ofrece, a los espectadores, una segunda oportunidad. Y es que, como apunta el director del Centro Dramático Nacional (CDN), Alfredo Sanzol, no es habitual que los directores de teatro revisen sus propias obras para representarlas en una segunda ocasión.  «Normalmente –tercia– cuando uno hace un trabajo lo deja hecho y muchas veces lo que quiere es olvidarse. Esto de las segundas versiones es extraño y también lo es que un equipo de dirección de un teatro apruebe algo que ya se ha hecho. Por nuestra parte es un compromiso, nacido de cierta complicidad hacia ellos», comparte.

Falsestuff se presenta ahora, no obstante, con esta segunda revisión, que en palabras de Weissmah, que repite interpretación, está mucho más definida. «Hay muchas diferencias entre la de 2018 y la de ahora –advierte la actriz–. La propuesta es la misma, pero lo que han intentado hacer es ver lo que se pueda mejorar y apretar más. Yo, al menos, tengo la idea de que mi trabajo es diferente. Fue mucho trabajo en Barcelona y tengo la sensación de que no llegamos del todo, y esta oportunidad nos deja ir a matizar esos detalles que la perfeccionan». Vean y juzguen.

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