Pronóstico muy grave para Morante de la Puebla tras recibir una cornada en Sevilla
El torero ha cortado una oreja en La Maestranza y posteriormente ha sido embestido por el segundo toro

Cogida de Morante de la Puebla en la décima corrida de la Feria de Sevilla. | Joaquín Corchero (EP)
Todas las entradas vendidas en la Real Maestranza. Lunes de Feria y el mercurio rozando los 30 grados. Ganas de ver a Morante de la Puebla, que se anunciaba con Borja Jiménez y Tomás Rufo pocos días después de una espléndida actuación.
El negro burel que abría plaza se movió corretón por los tercios hasta afianzarse en la jurisdicción del maestro, que lo recibió por verónicas. Seguía suelto el animal, de modo que José Antonio cambió el palo del saludo capotero y se lo pasó cerquita y con gusto, firmando un precioso recibo por chicuelinas en el que el vendaval de la res se confundía con la quietud del genio.
Llevó al toro al caballo, cortando el capote con su propio cuerpo en dos tijeras que permitieron ejecutar la primera suerte de varas. Entonces, desplegó el capote con gusto y firmó un precioso quite por verónicas que abrochó a su cintura a la conclusión del encuentro. Tras el segundo puyazo, se echó el capote a la espalda y citó al animal por gaoneras, tan arriesgadas como lentas y bellas.
La sutileza con que pudo expresarse el cigarrero animó a Borja Jiménez, quien compuso una serie de asentadas chicuelinas como antesala para un tercio de banderillas que confirmó las buenas condiciones del animal.
Ya con el paño rojo, Morante se dispuso a superarse nuevamente, pero esta vez dejando a un lado la arrebatada pasión del pasado jueves y con la firme disposición de paladear las embestidas de su oponente, lentas y enclasadas. La actuación arranca por estatuarios, pero el maestro abandonó rápidamente el planteamiento y prefirió doblarse con Pelifino, que así se llamaba el primero de la tarde.
Tras echar rodilla en tierra, se erguió y siguió toreando al de García Jiménez, combinando trincherillas y pases de pecho. Torerísima y perfumada la segunda serie, relajado como si estuviese toreando de salón, pero ante diez mil almas y con uno de 530 kilos frente a él. Dos ayudados por alto sirvieron de preludio para la serie al natural.
Como explico en mi nuevo libro, Morante, del calvario a la gloria (Jarana, 2026, escrito al alimón con Javier Romero), la tauromaquia de Morante no se cimenta sobre una quietud impostada, sino en la genuina convicción de que cada toro tiene su lidia y, por tanto, el toreo debe recuperar el movimiento de otras épocas, apoyado en la técnica, pero sobre todo en el alma. Esta tarde, en Sevilla, esa forma de ser y de estar delante de los toros perfumó la Feria de Abril de armonía y temple.
Exigiendo cada vez más a un nobilísimo animal, remató cada serie con gusto y, a manera de remate, citó al animal a pies juntos, desplegando apenas media muleta en una última serie por la izquierda. Espadazo, oreja de ley y nuevo triunfo en Hispalis.
Fue en el cuarto de la tarde cuando el cigarrero salió herido. El animal salió muy suelto de chiqueros y nunca se afianzó en el capote del torero. Entonces, cuando al fin parecía que Clandestino se quedaba con él, el de La Puebla del Río fue arrollado por la res, que le propinó una cornada en el glúteo de la pierna izquierda. La cuadrilla condujo a Morante a la enfermería y el silencio se apoderó de la plaza.
El parte médico, divulgado a las 21.30 horas, diagnostica herida por asta de toro en margen anal posterior, con trayectoria de unos 10 centímetros, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal y performndo asimismo la cara posterior del recto en 1,5 centímetros. El equipo médico, que diagnostica el percance como uno de pronóstico «muy grave», procedió a realizar el lavado de la herida, para después reparar la pared rectal y el aparato esfinteriano, completando también un drenaje aspirativo en el espacio postanal y el recto.
Más allá del infortunio, Borja Jiménez firmó una gran tarde, cortando dos orejas a lo largo de un festejo en el que mostró el excelente momento que atraviesa. El de Espartinas sigue fallando con la espada, asignatura pendiente para consolidar su ascenso en el escalafón, pero ni siquiera el mal uso de los aceros puede borrar las excelentes comparecencias que ha dejado en el serial sevillano. Tomás Rufo, otro de los toreros jóvenes que más cartel ha ganado en las últimas temporadas, fue silenciado en sus dos actuaciones.
