Cory Doctorow y la mierdificación del mundo digital
El nuevo ensayo del activista y periodista canadiense diagnostica cómo internet se convirtió en dependencia

Cory Doctorow.
La edición española del ensayo Enshittification llega con un título tan llamativo como su versión inglesa: Mierdificación. Qué hacer ante la apropiación de Internet por las grandes tecnológicas (Capitán Swing, 2026). Desde su publicación en inglés en 2025, el ensayo del periodista, activista digital y coeditor del blog Boing Boing, Cory Doctorow (Toronto, Canadá, 1971), se ha convertido en una referencia para entender por qué casi todo lo que hacemos en internet hoy en día funciona peor que hace una década.
Doctorow no se ha vuelto nostálgico, sino que bautiza este proceso como mierdificación y diagnostica una dinámica en tres actos de magia digital. En primer lugar, en los inicios de las plataformas, hace más de diez años, se presentaban como un espacio libre y democrático para el usuario, con precios bajos, interfaces amables y una promesa de acceso ilimitado al conocimiento o al consumo gratuito. El segundo acto comienza cuando se empieza a exprimir a esos usuarios en beneficio de los clientes corporativos, inundando la experiencia de publicidad, comisiones opacas y productos de peor calidad. Finalmente, el tercer acto sucede cuando las plataformas ya han capturado ambos lados del mercado y exprimen también a esos clientes corporativos para maximizar el retorno de la inversión. El epílogo de este proceso, según Doctorow, es que tanto usuarios como clientes corporativos acaban odiando el servicio, pero abandonarlo implica perder contactos, archivos o bibliotecas digitales enteras.
El gran acierto del libro no es solo nombrar el fenómeno, sino llenarlo de ejemplos concretos que permiten comprender su alcance. Es el caso de Amazon, que pasa de ser el paraíso del consumidor a convertirse en una selva de productos de baja calidad, miles de resultados patrocinados y tarifas ocultas que erosionan el margen de los vendedores y que, además, contribuyen a la desaparición progresiva de las tiendas físicas, como sucede de forma especialmente grave con las librerías. Por su parte, el ejemplo de Google resulta familiar para quienes trabajan en medios: la plataforma sacrifica la relevancia en favor de la publicidad y del contenido SEO, mientras experimenta con respuestas generadas por IA tan llamativas como imprecisas. (Para profundizar en esta cuestión, además de este libro, resulta pertinente leer el manifiesto de Ángel Fernández, Contralgoritmia). Por su parte, Meta —Facebook, Instagram y WhatsApp— y X —especialmente desde la llegada de Elon Musk— han transformado el viejo ideal de conexión entre personas en un flujo saturado de anuncios, desinformación y contenidos moldeados por algoritmos e inteligencias artificiales (IA) que diluyen cualquier sentido de creatividad y comunidad.
Mierdificación es, en este sentido, una representación fiel de nuestra época y de cómo internet y las grandes plataformas que articulan el mundo se han degradado hasta volverse irreconocibles, reconfigurando la identidad de sus usuarios bajo un régimen de vigilancia e indefensión. Esta última se asemeja a una suerte de síndrome de Estocolmo: seguimos en ellas aunque nos resulten tóxicas, porque la alternativa de abandonarlas la percibimos como demasiado costosa. Y, sin embargo, esa permanencia también nos genera una forma de dependencia cercana al síndrome de abstinencia.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí y cómo podemos salir?
El diagnóstico de Doctorow se articula en varios puntos: el debilitamiento de la competencia tras décadas de abandono de las políticas antimonopolio, la captura de los reguladores, la precarización de la fuerza laboral tecnológica y la ofensiva contra la «autoayuda» de los usuarios, desde el derecho a reparar hasta la posibilidad de utilizar hardware y contenidos fuera de ecosistemas cerrados. De IBM a Amazon, el libro reconstruye cómo el desarme de estos contrapesos ha permitido que unas pocas empresas definan, en la práctica, las condiciones de posibilidad de la vida en línea, volviéndola cada vez menos habitable y más uniforme.
Para Doctorow, el horizonte pasa por una respuesta de corte socialdemócrata: más competencia, mejor regulación, impulso al sindicalismo tecnológico y leyes de operabilidad. Pero cabe preguntarse si este escenario es viable en un Estados Unidos con Donald Trump al mando. ¿No resulta, en cierto modo, ingenua esta expectativa? Además, ¿hasta qué punto la regulación puede revertir dinámicas ya arraigadas en nuestras estructuras mentales?
Doctorow deja en segundo plano una discusión más radical sobre la propiedad de las infraestructuras digitales y la posibilidad de pensar motores de búsqueda, redes sociales o servicios básicos de internet como bienes públicos o comunes, y no como espacios de extracción ilimitada. Ni hablar de los nuevos actores dominantes, como Anthropic u OpenAI. Lo que sí deja claro Mierdificación es la necesidad de su lectura para cualquier usuario, ya que abre un espacio para reflexionar sobre qué instituciones necesitamos para que la vida digital deje de estar al servicio de la rentabilidad de unos pocos monopolios a cambio de nuestros datos. Si Jaron Lanier ya nos había advertido que abandonáramos las redes sociales, Doctorow nos ofrece ahora una palabra para nombrar el problema, no solo de las plataformas, sino del ecosistema global. La cuestión, aún en suspenso, es si seremos capaces de convertir este conocimiento en algo más que un diagnóstico.
