The Objective
Cultura

Universo (inédito) lorquiano

Repasamos los últimos materiales inéditos descubiertos del poeta granadino y otras obras que reivindican su legado

Universo (inédito) lorquiano

Federico García Lorca.

Se cumplirán en agosto de este año 90 años del asesinato del poeta Federico García Lorca, en Granada. Pero también se cumplirán 110 años de una efeméride no menor: la de su salida «hacia el bien de la literatura», sucedida el 15 de octubre de 1916, cuando decide dejar de lado su carrera frustrada como compositor y pianista y darse a la hoja en blanco, volcando allí su creatividad. Lo refiere Víctor Fernández, citando al gran estudioso lorquiano Eutimio Martín, en el volumen Prosa literaria completa (Galaxia Gutenberg, 2026), donde se recogen por vez primera en un mismo libro los textos en prosa juveniles de Lorca en diálogo con la producción de madurez en su prosa. Volumen que, además, nos permite descubrir al Lorca conferenciante, «uno de los grandes conferenciantes de la Generación del 27», nos dice Víctor Fernández, quien añade que era «casi una excepción dentro del grupo si omitimos las clases universitarias de Guillén y Salinas o las lecturas públicas de Alberti»; generación de la que también, de cara al otoño, comenzará a tener lugar los fastos para la celebración de su centenario. Fernández, «uno de los más expertos estudiosos españoles en Federico García Lorca y su entorno», según el hispanista de origen irlandés, Ian Gibson, es también autor de «No te olvides de escribir»: La familia García Lorca en sus cartas (Akal, 2026), una correspondencia íntima —donde se incluyen muchas cartas inéditas— que nos ayuda a dibujar con mayor precisión el retrato familiar del poeta granadino; más de 200 cartas que se intercambiaron entre la familia y que se remontan a 1910, cuando el poeta contaba con apenas 12 años.

También Gibson homenajea al escritor español en la adaptación gráfica de la vida del poeta en Vida, obra y martirio de Federico García Lorca (Planeta Cómic), ilustrada por Quique Palomo. También de Ian Gibson y en recuerdo del aniversario de la muerte del poeta, se publica No me encontraron: la fosa de Lorca, crónica de un olvido (Aguilar, 2026). El libro incluyó el diario que Gibson publicó en 2010 durante la primera y fallida búsqueda de la tumba del poeta, en el municipio granadino de Alfacar, y una segunda parte donde relata el devenir de la investigación durante los 15 años siguientes.

A pesar de que citábamos al comienzo su abandono de la música, Lorca fue capaz de unir lo erudito con lo popular y muestra de su refinada sensibilidad artística son sus primeras composiciones musicales, que se incluyen —por vez primera en formato libro— en Cancionero Popular: Obra Musical de Federico García Lorca (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2026).

Un Lorca en movimiento

Este otoño podremos ver el documental La voz quebrada, de Manuel Menchón Romero, en el que se explora un capítulo poco conocido en la vida de Federico García Lorca, una historia de amor imposible —y desconocida— (su último amor), que incorpora materiales históricos desconocidos (ocultos en varias cajas fuertes, donde se incluyen dos cuadernos de notas y una maleta repleta de documentación), así como más de 80 filmaciones obtenidas en archivos públicos, filmotecas y archivos privados, y donde destaca el gran hallazgo del film: las imágenes de un Federico en movimiento, viajando con su compañía teatral, La Barraca, a principios de la década de los treinta, concretamente en 1932, camino de una de sus primeras representaciones (en Burgo de Osma) y saludando feliz a la cámara; imágenes que Menchón encontró rebuscando en la colección de Gonzalo Menéndez-Pidal y que, gracias a la tecnología digital y a contar con los nitratos originales de la filmación, ha permitido restaurar y limpiar la imagen. El documental se narra a través de cartas y diarios y sirve para revivir —y reescribir— la vida y la muerte de uno de los poetas españoles más queridos y reconocidos internacionalmente.

Y hablando de documentos nunca vistos, no olvidemos que hace unos meses, el cantaor Miguel Poveda encontró un poema inédito atribuido a Lorca y certificado por la filóloga y experta en el poeta Pepa Merlos, en el reverso del texto de «Gacela de raíz amarga», una pieza perteneciente al Diván del Tamarit, donde se nos habla de un reloj, de la fugacidad del tiempo, el retorno y la ausencia, y que está incluido en el volumen Las cosas del otro lado. Lo inédito en Federico García Lorca (El envés editoras, 2026), donde se incluyen partituras, libretos y otros textos del autor granadino. 

Y hablando de repercusión internacional, recientemente se presentó también la película La bola negra, de los realizadores Javier Ambrossi y Javier Calvo (Los Javis), premio a Mejor Dirección en el último Festival de Cannes, celebrado apenas hace unos días, ex aequo con Pawel Pawlikowski, por Fatherland, e inspirada en una obra inacabada de Lorca. El film combina elementos de tres tiempos distintos (1932, 1937 y 2017) y sigue el periplo vital de tres hombres conectados por la memoria y el deseo, sobre los que ronda la presencia de Federico García Lorca, que sirve de punto de encuentro para esta narración que combina lo colectivo con la historia íntima de los personajes, cuyo reparto se integra, entre otros, por Penélope Cruz, Lola Dueñas, Miguel Bernardeau o Guitarricadelafuente. La bola negra, que se llevó una ovación de más de 20 minutos en su estreno en el festival francés, la podremos ver en pantalla grande después del verano: el próximo 25 de septiembre, y luego pasará a plataformas. Tal está siendo el revuelo que ha levantado la película todavía sin haberse estrenado en cines, que ya se ha reavivado el interés por conocer los lugares que marcaron la vida del poeta. Así, ha cogido relevancia en los últimos días la ruta organizada por la empresa Civitatis, por Fuente Vaqueros, donde nació el poeta, hasta Valderrubio, espacio clave en su adolescencia e infancia y, sobre todo, claro, en Granada. 

El manuscrito de Poeta en Nueva York

Pero si de un hecho relevante hemos de alegrarnos en este año los lectores lorquianos, es el de la publicación, por vez primera y gracias a la Fundación Federico García Lorca, de los originales del libro de poemas Poeta en Nueva York, que el editor José Bergamín conservó durante su exilio, primero en París y luego en México, en una edición de Arrebato Libros, que da así por concluido, como dice Andrés Soria Olmedo, «un largo trayecto de la filología lorquiana, en concreto la querella filológica originada por no contar con ese conjunto que reflejaba «la última voluntad documental del poeta», como afirmó el estudioso Andrew Anderson.

La historia es bien conocida: Federico García Lorca pasa por la redacción de la revista Cruz y Raya en el mes de julio de 1936, que entonces estaba en la calle Bartolomé Mitre, 5, buscando a José Bergamín, quien a la sazón era director de las Ediciones del Árbol de Cruz y Raya, donde habían aparecido ya obras significativas de la generación del 27, con la pulcritud tipográfica de Silverio Aguirre, como, por ejemplo, Razón de amor, de Salinas (1936) o La realidad y el deseo de Cernuda (1936), para dejarle el manuscrito. Lorca ya había publicado el año anterior en esa colección Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y en el año en curso Bodas de sangre. Lorca no encontrará a Bergamín (quien hasta el mes de noviembre y por las vicisitudes derivas del conflicto bélico español no se hará con el manuscrito) y le deja un célebre mensaje: «Querido Pepe: / he estado a verte y creo / que volveré mañana». Pero ya sabemos que nunca volvió.

El lector encontrará en este original lorquiano publicado por Arrebato Libros «un compendio de poemas manuscritos copiados por Lorca, galeradas de poemas publicados en Revista de Occidente y otras revistas corregidas a mano, pasando por textos mecanografiados y hasta indicaciones de dónde deben insertarse textos que Lorca no tenía y a quién había que pedírselos», cuenta Andrés Soria Almedo. Y añade que «la clave es que todo el libro está organizado de puño y letra de su autor en las secciones y la sucesión que conocemos, sobre todo a través de la edición de Séneca [que sería la heredera editorial de Ediciones del Árbol, y donde se publicó, en 1940, en México, la primera edición del libro]. Obviamente, todo a falta de ulteriores conversaciones, precisiones y correcciones, que la historia no permitió, pero que no van más allá del 5% del total». Y es que apenas unas semanas después, y como ya sabemos, Federico García Lorca desaparecería de este mundo. No así, por suerte, su obra, de cuya viveza, fulgor e importancia, da cuenta la cantidad de libros que se siguen publicando con el correr de los años. Preguntado por este periódico sobre el particular, el experto estudioso Víctor Fernández afirma que «este año, aprovechando la doble efeméride –90 de su asesinato y 110 de su nacimiento como escritor—, debería servir sobre todo para que Lorca sea más leído, no solamente conocido. Los muchos libros que se están publicando pueden ser la mejor herramienta para el lector que quiera saber por qué Lorca es un clásico moderno».

Quien quiera adentrarse más en la época norteamericana de Lorca, puede hacerse con Lorca en Vermont (Taurus, 2026), de Patricia A. Billingsley, en la que se nos cuenta la verdadera historia de amor oculta tras Poeta en Nueva York, y bastante desconocida para el público. Sucede que en agosto de 1929, Federico García Lorca interrumpe su estancia en Nueva York para viajar a Vermont, donde pasará diez días en una cabaña junto al lago Eden. Allí se reencuentra con Philip Cummings, un profesor de idiomas a quien había conocido un año antes en Madrid. Un momento que iba a marcar de manera decisiva la vida del poeta y un libro que nos permite, con información sólida de fuentes primarias, enriquecer su poemario más emblemático.

Por último, para los más curiosos (y amantes de la botánica), os invitamos a hojear el hermosísimo Un herbario lorquiano (Folioscopio, 2024), un libro que bosqueja las 143 especies de flores, hierbas y árboles que conforman el jardín de la poesía y el teatro lorquianos, un minucioso estudio que resulta en un puro disfrute para los sentidos y un acercamiento a la obra a través de las diferentes plantas que por ella pululan.

Publicidad