Un metro cuadrado: la autobiografía de una inquilina en la España de la crisis habitacional
La crisis habitacional aparece encarnada en decisiones cotidianas que van desde aceptar compañeros de piso

Llucia Ramis.
Un metro cuadrado, de la periodista Llucia Ramis (Palma de Mallorca, 1977), se hizo con el IV Premio de No Ficción de Libros del Asteroide y ha llegado a librerías cuando el debate público ya está instalado y, sin embargo, ha conseguido desplazarlo hacia un lugar más incómodo y más fértil.
El libro aborda desde el periodismo y la autobiografía la crisis de la vivienda en España, evitando tanto el ensayo académico como el panfleto político. Su apuesta consiste en convertir la experiencia individual en una herramienta para entender la transformación colectiva.
Ramis parte de una pregunta aparentemente sencilla: «¿Qué queda de nosotros en las ciudades, en los lugares, en las casas donde vivimos?». A partir de ahí reconstruye las mudanzas que marcaron su vida desde que llegó a Barcelona en 1995 para estudiar en la universidad. Cada vivienda se convierte en un capítulo biográfico, pero también bebe a nivel periodístico de datos sobre la evolución inmobiliaria española. El resultado es un libro híbrido que se encuentra entre la memoria personal, el reportaje literario e investigación periodística, que encuentra su mayor virtud, precisamente, en esa mezcla de registros.
La estructura es deliberadamente repetitiva. Ramis llega a un piso, describe el barrio y el contexto económico del momento, explica por qué se marcha y rastrea qué ha ocurrido después con ese espacio. Lo que podría parecer un procedimiento mecánico acaba generando un efecto acumulativo poderoso sobre la historia del ladrillo en España, ya que a medida que avanzan las páginas, el lector comprende que las mudanzas no son simples episodios personales, sino síntomas de una enfermedad urbana más amplia, aquella progresiva conversión de la vivienda en activo financiero.
Uno de los principales aciertos del libro es que nunca pierde de vista la dimensión humana del problema. La crisis habitacional aparece encarnada en decisiones cotidianas que van desde aceptar compañeros de piso, la renuncia a poder vivir en determinadas zonas de la ciudad, asumir alquileres cada vez más altos o vivir con la incertidumbre constante de una renovación contractual. Ramis describe la incertidumbre en la que un inquilino habita un lugar que nunca termina de pertenecerle y que, en consecuencia, termina convertida en una ansiedad contemporánea.
Más allá de su propia experiencia, la autora intercala datos, investigaciones y explicaciones que ayudan a contextualizar fenómenos como la turistificación, el auge de plataformas como Airbnb, la aparición de fondos de inversión inmobiliaria o el papel de la Sareb tras la crisis financiera. Lo notable es que esta información nunca interrumpe el relato, ya que Ramis integra el contexto sin convertir el libro en un informe.
Barcelona ocupa un lugar central en el libro, pero no funciona únicamente como escenario, sino que es un personaje más. La ciudad que recibe a la joven estudiante mallorquina en los años noventa no es la misma que encuentra décadas después. A través de sus cambios de domicilio se crea una crónica de la transformación urbana en donde los barrios se encarecen, los comercios cierran o los vecinos son expulsados de sus barrios. La memoria personal acaba revelando una memoria urbana en proceso de transformación y, en la mayoría de los casos, de desaparición.
En ese sentido, el libro dialoga con una tradición contemporánea de literatura sobre la ciudad, aunque introduce una perspectiva singular, ya que Ramis no observa Barcelona desde la nostalgia ni desde el resentimiento. En su mirada hay denuncia e indignación ante determinadas dinámicas económicas, pero también una voluntad de comprender qué pasó para poder llegar ahí, sin caer en el victimismo.
Podríamos decir que la pata coja del ensayo es justamente su apuesta autobiográfica. En ocasiones, la experiencia individual adquiere un peso mayor allí donde ciertos aspectos estructurales quedan apenas esbozados. El libro ilumina con precisión la experiencia de una profesional de clase media que ha vivido durante décadas en Barcelona, pero resulta menos eficaz cuando intenta representar realidades más extremas como la exclusión residencial, los desahucios o las dificultades de los sectores más vulnerables. El foco íntimo aporta profundidad, aunque también es una daga de doble filo para afrontar el alcance del problema.
Sin embargo, la mayor virtud de Un metro cuadrado es haber encontrado una forma literaria para un problema que suele expresarse únicamente en cifras que carecen de valor humano. En España se discuten precios, porcentajes, oferta y demanda, mientras que Ramis recuerda que detrás de esos datos hay personas organizadas alrededor de la búsqueda de un lugar donde vivir. Su libro demuestra que la vivienda no es solo una cuestión económica, sino algo más complejo, porque en ella intervienen conceptos como la identidad, la memoria o la pertenencia.
Un metro cuadrado acaba siendo un libro sobre la fragilidad contemporánea y esa dificultad creciente en entender el nuevo significado de una palabra tan sencilla como «casa».
