John Connolly vuelve con una nueva entrega del detective Parker
El escritor irlandés persevera en 'Hijos de Eva' en su cóctel de novela negra clásica y esoterismo de aromas católicos

El escritor irlandés John Connolly. | johnconnollylibros.es
El detective privado Charlie Parker da un paso más en su fascinante evolución. John Connolly (Dublín, 1968) se ha pasado por la Feria del Libro de Madrid para presentar su aventura número 23, nada menos: Hijos de Eva persevera en su cóctel de novela negra clásica y esoterismo de remotos aromas católicos. Cada novela se puede leer por separado, en cuanto resuelve un caso concreto, pero además añade una pieza al puzle que le sirve de fondo y verdadero motor: ¿quién es realmente Parker y por qué su hija asesinada 22 libros atrás insiste en permanecer con un pie en el mundo de los vivos y otro en el de los muertos?
Hijos de Eva arranca con un caso en apariencia intrascendente. Zetta Nadeau es una artista emergente de Maine, ese noreste tan estadounidense que ha elegido Connolly para darle el toque hard boiled a su detective. Parker la aprecia por su carácter obviamente atormentado y acepta investigar la desaparición de su novio. El hilo conduce al secuestro de cuatro niños en el contexto de una guerra entre un poderoso narco mexicano y su socio en EEUU, con el tráfico de antigüedades como acelerador de la trama.
Mientras, Jennifer sigue escapando del reino de ultratumba para visitar a su padre. Pero esta vez no actúa en nuestro mundo. En una conversación con su madre, también muerta, muestra su preocupación. «Lo que viene a por los niños es muy… puro ¿puedo ayudarlo?», le pregunta. La madre le advierte: «Algo más antiguo y mucho más peligroso viene a por ti». Y solo ve una opción: «Esconderte». Esa amenaza tan pura para Parker es la Madre, una implacable asesina de origen inefable que el narco mexicano manda para recuperar a los niños. El peligro para Jennifer adopta la difusa forma de unos ángeles malencarados.
John Connolly nos cuenta en qué momento afronta este nuevo paso su detective: «Tiene menos rabia y más empatía, pero su vida sigue marcada por cosas y recuerdos muy extraños». Y, sobre todo, anticipa en un español más que decente pero aún en construcción que en la siguiente novela sabremos «más sobre su relación con Jennifer y con el señor». ¿Qué señor? Señala hacia arriba: «El Dios». Ah, Ese… «En muchas de las novelas anteriores, Parker tiene una esperanza de redención a través de la expiación, y ahora empieza a entender que quizá se le niegue por una hostilidad con Dios. En Hijos de Eva están las primeras indicaciones de esta tensión tan extraña en su vida».
¿Se acerca el final de la serie? El autor sonríe, enigmático. «Ya sé el título del último libro… pero no quiero escribirlo. Disfruto escribiendo estas novelas, y Parker es importante en mi vida, examino el mundo a través de sus ojos». Se ha impuesto, eso sí, una loable responsabilidad: «Los escritores no suelen terminar sus series, simplemente mueren, y yo quiero ofrecer una conclusión que no enoje o frustre a los lectores, pero es difícil». Además, hay un problema extra: «Estamos en la mitad de una adaptación de las novelas para la televisión, y los productores [Colin Farrell y Bryan Cranston] me han pedido la conclusión para entender la serie, pero todavía no la he compartido ni con mi esposa. Así que tengo que elegir: puedo terminar con las novelas al mismo tiempo que la serie de televisión o continuar en la misma dirección pero en una ruta diferente. Ahora mismo no lo sé».
Serie de televisión
En cualquier caso, el proyecto audiovisual está en pañales. Incluye, «en un mundo ideal», cinco temporadas con «una mezcla de elementos de todas las novelas. Los productores quieren reorganizar la materia de las novelas para crear algo nuevo, diferente. Están buscando un director creativo para escribir un episodio piloto y enseñárselo a Amazon y Blumhouse. De momento no me hago muchas expectativas».
Sería la confirmación del éxito comercial de su inopinada apuesta por el híbrido de novela negra y esoterismo. «Viene de mi fascinación por lo sobrenatural, por los cuentos de hadas, es algo muy irlandés. Lo mezclé con el género policiaco y el paisaje norteamericano para escapar de las expectativas que se crean alrededor de los escritores irlandeses».
Además, hay un componente católico evidente: el título de la novela proviene de la oración Salve Regina, que aparece entera como cita de entrada a la primera parte, y en un momento dado se recurre a la clásica burla hacia la Escolástica por debatir cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler. Suena a conocimientos teológicos de cierta profundidad… «Tengo un doctorado, pero en escritura creativa», se ríe Connolly. «Aunque en la universidad había que estudiar a Tomás de Aquino y un poco de filosofía, y después yo seguí leyendo cosas que me parecían interesantes, no soy experto».
El caso es que, admite, la serie de Parker «funciona mejor en países católicos, como Francia y España. Y hay una nueva generación de escritores para los que resulta más sencillo mezclar la ciencia ficción o la fantasía con la novela de detectives, los lectores jóvenes no tienen los mismos prejuicios». Además, lo religioso está de moda. Le cuento el fenómeno español con Rosalía, Los domingos, el Papa… «Creo que no es necesariamente una conexión con la religión, sino una búsqueda de respuestas sobre la vida: no quieren vivir una vida vacía».
El maestro Stephen King
La magistral técnica de Connolly explota esa tensión. En la novela, Seeley encarna uno de sus deliciosos malvados perturbadoramente atractivos. Criminales con clase y talento, sin crueldad innecesaria y hasta con sentimientos: ante la Madre, «por primera vez tuvo miedo, no de morir, sino de lo que pudiera venir después. Había basado su vida en una promesa de olvido cuando terminase, una paz sin fin. Ahora eso le había sido arrebatado, y lo que lo había sustituido lo atormentaría hasta que se convirtiese en su realidad tras la muerte». ¿Aspira Connolly a remover tranquilidades racionales?
«Siempre tenemos miedo. Durante toda la vida. Yo quiero explorar ese miedo en mis libros, y darle nombres, una forma». Aquí aparece el gran maestro: «Stephen King es muy interesante, porque entiende que el miedo es nuestro compañero. Sus novelas van de eso, no de fantasmas, vampiros o zombis, sino de explorar el concepto de miedo, como en los cuentos de hadas para los niños, para aproximarnos a la aceptación».
En Hijos de Eva ese miedo se encarna en una variante de las religiones precolombinas que el autor conoció durante un viaje a Argentina, como explica en un interesante epílogo, pero decidió trasladar a México. «Los escritores somos como cuervos. Siempre buscamos cosas brillantes para robarlas e incluirlas en nuestras novelas». Latinoamérica se revela particularmente propicia: «En el pasado he explorado los mitos de Irlanda, Inglaterra y EE UU, y ahora he encontrado una conexión muy profunda entre las tradiciones irlandesa y latinoamericana por la relación católica en común y la tolerancia hacia lo sobrenatural y el antiracionalismo».
Porque, atención: «No es posible ser católico y completamente racionalista».. ¿Se lo aplica a sí mismo? «Yo llevo una cruz».. Me la enseña, pero ya la había visto. De hecho, su evidencia mal escondida tras la camisa entreabierta lleva tiempo hipnotizándome, hasta el punto de tentarme a entrar en la intimidad del autor, matizando que respetaría, obviamente, su silencio al respecto. Acepta de buena gana responder, pero se nota que no le resulta sencillo. «No soy un… Como decimos en Irlanda, soy un católico de Navidad. Yo no… Todavía tengo la esperanza de que haya otro mundo, de una forma de redención». Y concluye, ya sin dudar: «Esta cruz es importante para mí. La estoy tocando todo el tiempo».
Se acaba nuestro tiempo. John Connolly tiene que irse a la Feria del Libro de Madrid. Después tiene un viaje por Andalucía. No puedo evitar preguntarle si podría terminar con Parker investigando algún misterio relacionado con mi tierra. «Quizás en el futuro…», dice riéndose. «Necesito visitar y beber vino y sidra». Esa última palabra sugeriría que la documentación está bastante verde. Lo confirma matizando que, «de momento, no tiene nada en mente». Solo es un viaje más. Bueno, a ver qué se encuentra…
