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Las futbolistas no aguantan más

El Consejo Superior de Deportes aprobó hace cinco meses como profesional la Liga Iberdrola pero no se cumple

Las futbolistas no aguantan más
Esther González, delantera del Real Madrid. Sergio Pérez (Reuters)

La última jornada de la liga femenina de fútbol destapó la miseria en la que se mueve el balompié femenino. Se jugaba el Rayo Vallecano-Athletic de la Liga Iberdrola. La jugadora local Camila Sáez cayó lesionada, pero el Rayo –sin médico–, observó cómo el doctor del equipo rival, Athletic, atendía a la jugadora. Una brecha en la cabeza que exigía atención inmediata. Las jugadoras españolas, sin equipo médico en algunos equipos, sin sueldos para al menos sobrevivir, sin nadie que pegue un puñetazo sobre la mesa, ni CSD ni LaLiga ni la RFEF, deambulan sobre los terrenos de juego con una idea cada vez más firme: la huelga.

El fútbol siempre fue machista, de solo hombres, jugadores, espectadores, periodistas… en las gradas aparecía alguna mujer, puro en ristre, insultando más y mejor al árbitro de turno que cualquiera de sus correligionarios. Poco a poco las gradas se fueron poblando de mujeres aficionadas jóvenes, seguidoras incondicionales de futbolistas a los que admirar e… imitar. Aparecieron juezas de línea, árbitros femeninos y finalmente irrumpieron con fuerza las jugadoras de campo. Hoy hay 26 millones de jugadoras en 180 países, según datos recientes de la FIFA. España tiene equipos nacionales que ya han ganado títulos: campeonas de Europa sub-19 y sub-17.

Sin acuerdo

La realidad de una liga por la que apostó desde el primer momento una empresa, Iberdrola, está sobre el alambre de la incertidumbre y de la desesperación. Y las protagonistas solo reclaman justicia: un convenio colectivo que las aparte del desamparo actual y las ubique en lo que se han ganado durante los últimos años. Una liga seria, con un convenio que la Asociación de Clubes de Fútbol Femenino plantea: sueldos de 16.000 euros brutos ¡al año!, 20 horas semanales para poder dedicarse al fútbol. No hay acuerdo, nadie quiere dar el paso definitivo. Y hay división interna: tres clubes: Barcelona, Real Madrid y Athletic hacen la guerra por su cuenta, es casi una repetición de la famosa SuperLiga de Floretino Pérez. Estos clubes se sienten poderosos y prefieren jugar la Champions y «abandonar a su suerte» al resto de clubes femeninos. El Consejo Superior de Deportes aprobó hace cinco meses como profesional la Liga Iberdrola. No se cumple. Por el CSD han pasado tres políticos en dos años, y nadie decide ponerle el cascabel al gato, firmar unos estatutos.

El tiempo se agota

Los enfrentamientos constantes, solo se hablan por burofax, entre los máximos responsables de LaLiga y la RFEF enturbia aún más la situación. No obstante, el fútbol femenino pisa con fuerza: cada vez hay más aficionados en las gradas y los partidos son más emocionantes, con goles espectaculares. LaLiga, y su presidente Tebas, solo sueñan con vender los derechos televisivos a la liga masculina a precios que ya no van a ser los de antes; Rubiales, el presidente de la RFEF, solo está pendiente de los ingresos que genere la Selección de fútbol masculino, y el tiempo se agota para las mujeres futbolistas.

Y si algo muestra la mujer es su espíritu de lucha, su tesón por lograr sus objetivos, ahora que se van incorporado al deporte en igualdad de condiciones: arbitras que ya están en la Primera división masculina, premios que a las mujeres tenistas les están igualando a lo que perciben los hombres… solo falta que el deporte rey abra los ojos y vea el potencial de futuro que el fútbol femenino representa. Seguirán los comentarios interesados como «nada tiene que ver con el fútbol masculino», «es difícil que puedan jugar juntos», pero serán cada vez menos… Las futbolistas españolas todavía no han dado el paso definitivo: la huelga, pero ya han hecho dos amagos y el tercero, si las siguen maltratando, ninguneando e ignorando, lo harán con dos ovarios.

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