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Ancelotti elige meritocracia y desactiva la bomba

Uno no llega a ser el técnico con más Champions de la historia y el único vencedor de las cinco grandes ligas por providencia divina

Ancelotti elige meritocracia y desactiva la bomba

Carlo Ancelotti. | Zuma Press

La meritocracia fue un término acuñado por José Mourinho en el año 2013. En medio de una agria polémica, con Iker Casillas como telón de fondo, el técnico de Setúbal aseguró «que la gente no estaba preparada para que todos los jugadores sean iguales» y que él buscaba dicha meritocracia haciendo que jueguen «los que mejor están» y no aquellos que deberían hacerlo «basándose en el status«. Una década después, Ancelotti parece haber desempolvado el mismo concepto.

A su modo, eso sí, con el guante de seda que lo caracteriza y evitando fricciones o términos gruesos con sus estrellas. Carlo es de otra escuela. Venera tanto a los actuales tótems de su vestuario como respetaba a Casillas en el post mourinhismo, pero eso no es óbice para que se haya dado cuenta de que para aspirar a todo necesita enchufar a varios de sus secundarios.

¿Llegó la hora del relevo?

Así se lo preguntamos a Carletto en la previa de San Mamés: «¿Aquí hay intocables, Míster? ¿Optará por los clásicos o llegó la hora del relevo?». Ancelotti arqueó su ceja, pero no rehuyó la espinosa cuestión: «Si te refieres a Kroos y Modric, para mí son intocables, pero eso no significa que tengan que jugar todos los minutos«.

La respuesta nos nos cogió por sorpresa. Es más, antes del parón mundialista, el técnico italiano nos avisó de la importancia que adquiriría la ‘unidad b’ al regreso de Qatar. El previsible cansancio de los 13 internacionales así lo requeriría, pero lo cierto es que hasta el segundo tiempo del Villarreal Ancelotti no estaba cumpliendo con su profecía.

Es en ese preciso instante cuando el de Reggiolo debió de pensar aquello de «donde estén los hechos que se quiten las palabras». Empezó por Camavinga. Tras reconocer que «no siempre había sido justo» con él, dadas sus reiteradas sustituciones en el descanso de los partidos, lo mantuvo sobre el terreno de juego a pesar de ir palmando por 2 a 0 en el entretiempo de La Cerámica. Acto seguido llamó a Ceballos y Asensio para sustituir a los ‘titularísimos’ Kroos y Rodrygo. El utrerano dio la asistencia en el primero, participó en el segundo y marcó el gol del triunfo.

El balear cuajó unos muy buenos minutos y asistió en el tanto que suponía la remontada. Nacho, por su parte, hizo un destacado partido en defensa. Fue tal el despliegue de los teóricos ‘jugadores de refresco’ en Villarreal que Ancelotti los puso a todos como titulares en La Catedral. Acierto mayúsculo. No sólo porque colmaron sus expectativas sobre el rectángulo de juego, sino porque, además, cuando dio entrada a los descansados (y damnificados) Rodrygo y Kroos, fabricaron el golazo que sellaba los tres puntos en Bilbao.

El Tedax de los banquillos 

Y es que sabe mucho de esto Carletto. En una semana ha pasado del batacazo de la Supercopa frente al Barça, con las consiguientes críticas por «jugar con los de siempre», al Madrid de las remontadas y las grandes victorias con «los hambrientos suplentes que se comen el césped». Todo en un movimiento. Todo gracias al sencillo cambio de fichas tomado frente al submarino y al que supo dar continuidad el domingo. Y ¿saben qué? No es casual.

Uno no llega a ser el técnico con más Champions de la historia y el único vencedor de las cinco grandes ligas por providencia divina. La experiencia confiere al italiano un poso que le permite mantener la calma en las situaciones más complicadas. Una serenidad que en el club consideran «como una de sus grandes virtudes» y que le envuelve en un halo de desfacedor de entuertos.

Un Tedax de los banquillos que la semana pasada tuvo que cortar el cable rojo en, como mínimo, dos ocasiones. Reprendió públicamente a Rodrygo en Villarreal cuando le negó el saludo en la sustitución como aquel abuelo que regaña a su nieto tras ser descubierto afanando un regaliz en la tienda de chucherías. Después pidió comprensión para el jovencísimo Tchouameni  tras su viaje relámpago al partido de la NBA disputado en Francia: «Se ha disculpado públicamente con compañeros y afición. Es un chico joven que se ha equivocado una vez. El tema se ha acabado».

Poco importa si la crisis proviene del verde o del vestidor o si lo protagoniza un novato o un veterano. Ahí está Don Carlo Michel Angelo Ancelotti, de profesión frustrada: desactivador de bombas.

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