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Economía

La guerra amenaza con un aumento irreversible de las pensiones de hasta 9.000 millones al año

El pico de inflación por el encarecimiento de los combustibles disparará la factura de las jubilaciones más de lo previsto

La guerra amenaza con un aumento irreversible de las pensiones de hasta 9.000 millones al año

Una concentración de pensionistas el pasado mes de enero en Bilbao. | EP

La escalada de precios que prevén los mercados y los analistas para este año como consecuencia de la guerra de Irán amenaza con disparar la factura de las pensiones más de lo esperado. Esta partida ya genera un déficit anual de unos 60.000 millones de euros, cifra que presenta una tendencia al alza año tras año, a cuenta de los presupuestos generales del Estado y un creciente endeudamiento, y la revalorización ligada a la inflación implicará que este 2026 el crecimiento del gasto se sitúe entre los 7.000 y 9.000 millones de euros, dependiendo de cuál sea finalmente el impacto económico del conflicto armado, es decir, entre 2.000 y 4.000 millones más de lo que se apuntaba con anterioridad a la crisis del golfo Pérsico.

«La subida de la inflación plantea problemas con el gasto en pensiones, que lleva un ritmo de crecimiento natural derivado del incremento en el número de pensionistas y el factor de sustitución, ya que los pensionistas que se mueren tienen una pensión media generalmente inferior a la de los nuevos pensionistas que entran en el sistema», explica a THE OBJECTIVE María Jesús Fernández, economista senior de Funcas. A su juicio, ello «introduce una tendencia creciente, muy ascendente, en el gasto». «Si añades la actualización por la tasa de inflación, por cada punto porcentual de inflación son como 1.900 millones de euros más al año», indica la experta de la fundación, que previamente estimaba un aumento cercano a los 4.900 millones.

Con estos parámetros, el escenario central de Funcas cuantifica la inflación media para 2026 en el 3,6% o 1,2 puntos más de la previsión anterior al estallido de la contienda bélica, lo que se traduciría en un aumento total del gasto en pensiones para este año de 6.840 millones de euros, 2.280 millones más que con el índice de precios al consumo (IPC) estimado previamente. En el caso más optimista, el encarecimiento de las prestaciones solo sería de unos 6.000 millones; la desviación seguiría siendo, eso sí, superior a los 2.000 millones con respecto al escenario equivalente anterior. En el escenario alto, la revalorización superaría los 8.000 millones al año, lo que también implicaría un sobrecoste de unos 2.500 millones si se tiene en cuenta solo el impacto de la inestabilidad de Oriente Próximo.

Otras estimaciones apuntan a una situación similar o incluso ligeramente más sombría. Según los últimos datos del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), los precios crecerán este año a un ritmo de entre el 3% y algo más del 5%. En el escenario de una guerra corta, el incremento en la factura de las pensiones no superaría los 7.000 millones, mientras que en el peor contexto, con un IPC subiendo a más del 5% y picos en el precio del barril de petróleo en el entorno de los 150 dólares, cabe inferir un impacto para la Tesorería de la Seguridad Social por encima de los 9.000 millones de euros.

Cuando se produce un episodio excepcional de fuertes alzas de precios, como ya ocurrió tras la invasión rusa de Ucrania, el impacto en las pensiones «es acumulativo». «Sube este año y se queda ya para el año siguiente, porque se calcula partiendo de ese» ejercicio, señala Fernández, y advierte: «Aunque se vuelva a niveles de inflación normales, ya se ha elevado el nivel y se entra en una dinámica de crecimiento insostenible». Para la economista, «este año va a ser probablemente otra vez de repunte inflacionario por el efecto del precio del petróleo, que puede durar más que la guerra». De hecho, «con los precios del petróleo que descuentan los futuros, la inflación estará en abril, mayo y junio por encima del 4%».

La especialista espera que esta coyuntura «no acabe desembocando en una espiral inflacionaria que sería estanflacionaria, al ser el origen un shock de oferta y no un crecimiento de demanda». Es una de las situaciones más temidas entre las que contempla la teoría económica, ya que «aumenta la inflación y reduce la actividad económica», un supuesto que «afectaría muy negativamente al producto interior bruto (PIB)».

Además, la política que adopte el Banco Central Europeo (BCE) puede comportar «un efecto contractivo más allá de la subida del petróleo, pero si no toma ninguna medida, el riesgo es que la expectativa de una inflación elevada acabe generando una espiral de precios y salarios», de forma que la autoridad monetaria que preside Christine Lagarde se enfrenta a «una situación de dilema». Fernández observa que «los mercados de futuros están descontando subidas en los tipos de interés de una forma prácticamente inmediata, para mayo ya la práctica totalidad, y en abril con cierta probabilidad». Además, «el mercado está descontando otra subida para septiembre u octubre».

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