Los jubilados cobran la pensión durante más de 20 años pese al retraso de la edad de retiro
La mayor longevidad y la jubilación de los 'baby boomers' desafían las reformas para contener el gasto en prestaciones

Ilustración de Alejandra Svriz.
Los españoles se jubilan más tarde que hace cinco años, pero siguen pasando más de dos décadas como pensionistas. La edad efectiva de acceso a la jubilación alcanzó los 65,52 años en 2025, frente a los 64,13 años registrados en 2020, según los datos de la Seguridad Social analizados por THE OBJECTIVE. Sin embargo, el retraso de casi año y medio en la salida del mercado laboral apenas ha alterado una realidad demográfica de fondo: quienes alcanzan hoy los 65 años pueden esperar vivir 21,8 años más de media, según las tablas de mortalidad del INE. En la práctica, eso significa que una parte importante de los nuevos jubilados permanecerá más de dos décadas en el sistema público de pensiones.
La evolución refleja el impacto de las reformas aprobadas durante los últimos años para acercar la edad real de retiro a la edad legal. El endurecimiento gradual de las condiciones de acceso y los incentivos para prolongar la vida laboral han elevado la edad efectiva de jubilación hasta máximos históricos. El objetivo era reducir la presión financiera derivada del envejecimiento de la población y reforzar la sostenibilidad del sistema en un contexto marcado por el incremento continuado del gasto en pensiones.
El dato adquiere especial relevancia en pleno inicio de la jubilación de la generación del baby boom. Los nacidos entre finales de los años cincuenta y mediados de los setenta constituyen las cohortes más numerosas de la historia reciente de España y han comenzado a incorporarse masivamente al sistema. Durante la próxima década, millones de trabajadores alcanzarán la edad de retiro, elevando el número de pensionistas y aumentando las obligaciones de pago de la Seguridad Social.
Nuevas generaciones de jubilados
La combinación de una elevada esperanza de vida y la llegada de nuevas generaciones de jubilados explica buena parte de los desafíos presupuestarios que afrontará el sistema en los próximos años. Aunque los trabajadores se retiren más tarde, la duración media del cobro de las prestaciones continúa siendo muy elevada. Cada nueva pensión implica un compromiso de gasto que previsiblemente se extenderá durante más de veinte años.
A este factor demográfico se suma otro fenómeno menos visible, pero igualmente relevante para entender la evolución del gasto. Como ya analizó THE OBJECTIVE, las nuevas pensiones que entran en el sistema presentan importes significativamente superiores a las prestaciones que causan baja. Según las estadísticas anuales de altas y bajas de la Seguridad Social, la pensión media de las nuevas jubilaciones alcanzó los 1.628 euros mensuales en 2025, frente a los 1.324 euros de las prestaciones que abandonaron la nómina contributiva. La diferencia supera los 300 euros mensuales por pensión.
La magnitud del desafío ya se aprecia en las cifras actuales de gasto. En mayo de 2026, la nómina mensual de las pensiones contributivas ascendió a 14.366 millones de euros, según la Seguridad Social. Sólo las pensiones de jubilación absorbieron 10.533 millones mensuales, cerca de tres cuartas partes del desembolso total. La prestación media de jubilación alcanzó los 1.572 euros al mes, aunque con diferencias significativas entre sexos: 1.794 euros en los hombres frente a 1.265 euros en las mujeres.
Pensiones más elevadas
Este efecto sustitución responde a la llegada al retiro de trabajadores con carreras laborales más largas, salarios más elevados y bases de cotización superiores a las de las generaciones que abandonan actualmente el sistema. El resultado es que cada relevo entre pensionistas incrementa el gasto medio, incluso aunque el número total de beneficiarios permaneciera estable. La sustitución de prestaciones más antiguas por otras de mayor cuantía se ha convertido en uno de los principales motores del crecimiento estructural de la nómina contributiva.
Los datos muestran que esta tendencia se mantiene desde hace años. Las nuevas altas de jubilación presentan de forma sistemática cuantías superiores a las de las bajas, consolidando una presión adicional sobre las cuentas de la Seguridad Social. A ello se añade la revalorización anual de las prestaciones conforme al IPC, que incrementa automáticamente el gasto agregado del sistema. La situación explica por qué el retraso de la edad efectiva de jubilación no se ha traducido en una contención significativa de la factura de las pensiones.
Advertencias de AIReF y Banco de España
Por este motivo, organismos como la AIReF, el Banco de España y la Comisión Europea han advertido sobre el impacto que tendrá la jubilación del baby boom en las finanzas públicas. Las reformas han permitido elevar la edad efectiva de retiro y aumentar los ingresos mediante mayores cotizaciones, pero el desafío de fondo sigue siendo financiar un sistema que deberá sostener durante muchos años un volumen creciente de pensionistas con prestaciones más altas y periodos de percepción muy prolongados.
La evolución de la edad efectiva de jubilación demuestra que las reformas están modificando el comportamiento de los trabajadores. Sin embargo, la clave para la sostenibilidad futura no es únicamente cuándo se jubilan los españoles, sino cuántos pensionistas habrá, cuánto cobrarán y durante cuánto tiempo percibirán sus prestaciones. En los tres casos, las tendencias siguen apuntando al alza.
